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Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Dom Mayo 19, 2019 6:57 pm
Spiritus Sanguis [Priv. Huxley] Iceland_by_jjpeabody_d79eaiq-fullview.jpg?token=eyJ0eXAiOiJKV1QiLCJhbGciOiJIUzI1NiJ9.eyJzdWIiOiJ1cm46YXBwOjdlMGQxODg5ODIyNjQzNzNhNWYwZDQxNWVhMGQyNmUwIiwiaXNzIjoidXJuOmFwcDo3ZTBkMTg4OTgyMjY0MzczYTVmMGQ0MTVlYTBkMjZlMCIsIm9iaiI6W1t7ImhlaWdodCI6Ijw9Njg0IiwicGF0aCI6IlwvZlwvZjliMGUxMjEtNjkyYy00OWIwLTk2ZDgtNWJhMDRhZjc4MjllXC9kNzllYWlxLWE0OTgwNzU1LWE3NzMtNDgwOC04Mzk4LTNhZThhMjIyNjk2MC5qcGciLCJ3aWR0aCI6Ijw9MTAyNCJ9XV0sImF1ZCI6WyJ1cm46c2VydmljZTppbWFnZS5vcGVyYXRpb25zIl19

La primavera solía dar paso al verano, que con su energía y vigorosidad calentaba hogares y corazones, pero no allí. En Wölfkrone difícilmente se descongelaba una estalactita, y si bien no había estalactitas en aquél lugar, la nieve cubría el suelo en una capa casi homogénea, dándole un aspecto abandonado, lo cual era cierto, el silencio no hacía si no resaltar lo evidente, las ruinas del templo. Hacía tiempo que había recibido las noticias del desastre, pero una parte de sí quería creer que había quedado algo, no conocía personalmente a aquella gente y tampoco les tenía aprecio, pero siempre es triste perder una fuente de conocimiento.

El lago helado de Elarciag continuaba inmutable a las inclemencias del tiempo, y sin duda poco sabía él de aquél verano del que hablaban, llevaba muchos años congelado y seguramente continuase así muchos más, al fin y al cabo aquella tierra no le importaba a nadie. Por desastres como estos Zeref estaba en contra de la construcción de templos en la superficie, cualquier señoritingo de la diosa podía venir y destruirlo sin muchas molestias.  No le gustaba decir “te lo dije” y sin embargo parecía estar a la orden del día.

Caía una tímida pero constante nevada de un sonido tan suave que apenas rompía el silencio. Aquél lugar tan solo mostraba dos colores, el blanco nieve y el gris piedra allá donde la nieve no alcanzaba a cubrir del todo. No había sido un gran templo de todos modos. Plantado ahí de pié, con el viento frío moviendo con calma las faldas de su túnica negra, reflexionó sobre qué pistas podría tener para su ritual, había estudiado muchos textos al respecto pero quería más, los libros eran ambiguos e incluso se contradecían de vez en cuando.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Dom Mayo 19, 2019 7:52 pm
El frío del ambiente helaba mi piel, había andado durante horas hasta salir del reino de la noche, venciendo el sueño, el hambre y el propio cansancio. Sin descanso ni pausas en mi trayecto para llegar lo antes posible a aquel lugar que yacía en ruinas desde hacía ya varios años.

Miraba hacia el suelo nevado mientras seguía caminando, la nieve parecía no ser muy profunda, aunque a simple vista su superficie blanquecina indicaba lo contrario. Tiritaba notablemente soltando vaho con cada respiración que daba.

Cuando levanté mi vista, mis ojos se posaron en la espalda de un señor vestido únicamente de una túnica negra, vigilé mis movimientos, no debía hacer ruido. Sigilosamente dejé la mochila de cuero con mis pertenencias en el suelo y desvainé lentamente mi hermosa y letal espada.

Seguía encapuchado, mi boca tapada por la tela negra del traje que llevaba, dejando a la vista solo mis ojos, el viento hacía ondear mi capa de color azabache a la vez que nublaba en cierto modo mi visión. Mi atuendo normalmente permitía camuflarme en casi cualquier sitio haciéndome imprevisible pero, en esta ocasión, dónde todo era blanco, no era difícil resaltar la única cosa negra en mitad de la nada, de hecho, por este motivo aquel hombre se había delatado en cierto modo ante mis ojos castaños.

Estaba a pocos metros de él cuando agarré con fuerza la empuñadura de mi fiel y bella espada y susurré las palabras.

—Spiritus Sanguis

La joya incolora de su empuñadura no tardó en teñirse de un tono rojizo, cerré los ojos sin soltarla.

Spiritus Sanguis:


Me fui acercando a aquel hombre sigilosamente con la intención de hincar la fina hoja de plata de mi espada en su espalda de manera que, pudiera traspasar su cuerpo de solo una estocada.

Cuando me encontraba a pocos centímetros de su cuerpo, aquel hombre se giró repentinamente, dejando ver su calmado rostro... Tal y cómo en las imágenes de la biblioteca sin color, sin calidad, sin apreciar la elegancia de aquel hombre, llamado... Zeref.


Volví a abrir mis ojos, bajé el arma... No podía creer que, solo al comienzo de mi búsqueda la hubiera encontrado, pero, allí estaba... Calmado, pensativo, abstraído. Si Zeref hubiera estado presente el día en el que quemé ese templo quizás no habría salido vivo de allí, o sí, ¿Quién sabe? Realmente nadie sabía que pasaba por la cabeza de aquel mago oscuro tan conocido, o no querían saberlo.

—Mis más sinceros saludos... Conde de Ripernak. —Hice una breve y elegante reverencia mostrando un respeto que, en el interior de mi persona nunca había llegado a existir.
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"Damas y caballeros déjenme contarles una historia" Mi rostro se oscureció y una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios apareció."Erase una vez un final."

"¿Cuál final?" Tuvo el valor de preguntar uno de los invitados más jóvenes. La curiosidad cegaba sus mentes hasta el punto de, solamente pensar en una posible respuesta a su pregunta.

"El vuestro." Concluí con una fría sonrisa... Volvía a sentir ese agradable cosquilleo dentro de mí y, la locura que recorría mi sangre se deslizó una vez más hasta mis oídos, susurrándome una única y misma palabra con dulzura y suavidad "Mátalos".

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Dom Mayo 19, 2019 8:53 pm
Existen dos clases de ruinas, las recientes, son peligrosas pues puede haber desprendimientos repentinos pero conservan más y mejor los detalles de lo que había en ellas. El segundo tipo son las ruinas viejas, apenas conservan los elementos principales, sufren de erosión y las inscripciones suelen estar dañadas o borradas por completo, bien sea por la inclemencia del tiempo o por otras razones. Por suerte para su integridad física, aunque no para su curiosidad, estas eran de las segundas, tal vez con suerte aún quedase alguna inscripción, o túneles subterráneos que llevasen a salas profundas. Era mucho suponer por supuesto pero como siempre dicen los sabios: “La esperanza es lo último que se pierde”

Se dio la vuelta repentinamente, unos de los encantamientos de su colgante le indicaba que no estaba solo. No se equivocaba, a apenas unos centímetros de su primera barrera, las cuales llevaba siempre activadas para evitar casos como aquél, se encontraba una figura más alta que él, vestido de negro por entero en lo que parecía un traje de asesino, dejando tan solo una pequeña raja para ver los ojos también negros. Zeref reprimió enarcar una ceja, aquél sujeto no emitía apenas aura alguna, lo que significaba que difícilmente podría haber penetrado sus barreras, no era necesario ponerse en guardia. Con una calma digna de admiración para muchos lo estudió, sus ojos eran fríos pero había un brillo culpable en ellos, como si hubiese estado a punto de hacer algo de lo que podría arrepentirse. Sonrió comprendiendo - Creí que venías a matarme - Su tono no era acusador, tampoco preocupado, tan natural como si hubiese pedido el té o comentado una carrera de caballos muy poco interesante.

Lo estudió con más detalle, no podía adivinar su rostro pero juraría que no se conocían, tenía buena memoria para esas cosas. No le hizo falta mucha magia para comprender que cualquier hombre que ponga “sinceras” delante de algo es que está a punto de mentir, pero no le dio importancia, si aquél hombre había decidido que no iba a tomar el riesgo de matarlo, él no tenía por qué tomarse el riesgo de ofender. Quién sabe, tal vez fuese un emisario o algo parecido. Aunque era extraño el modo en que se habían encontrado, ¿quién podría haber adivinado que se dirigiría a aquél templo? Nunca revelaba sus planes ni intenciones a nadie, tal vez no fuese emisario de nadie al fin y al cabo, entonces ¿por qué estar en las ruinas de un templo a orillas de un lago helado en tierra de nadie? - “Pues es una buena pregunta” - Pensó con retintín al darse cuenta de que seguramente el otro se estaría haciendo exactamente la misma pregunta, en cuyo caso sería lógico para alguien con miedo tratar de matar antes de dar opción a que te maten y, por otra parte, también era sabio conocer los propios límites no arriesgándose a morir en un intento de salvarse de un peligro que no es seguro. Supuso que estaría por la misma razón que él, curiosidad. Sin embargo pocas casualidades existen en el mundo, sin duda el Señor había previsto aquello.

- Alabado sea el señor, de cuyos hilos nos unen - Esa era la respuesta formal número ocho del libro de corrección eclesiástica de Kaen, supuso que también era la más apropiada. La acompañó con una pequeña reverencia de cabeza - Saludos desconocido encapuchado - Aprovechó para reprocharle.  Sin mucho disimulo observó la espada, su forma y figura, los remates, la piedra - Interesante arma portas joven - Había adivinado su edad por su forma de moverse, lo tersa que era su piel alrededor de los ojos y su tono de voz. No podía tener más de treinta años, y pese a ser alto no sonaba melodioso como un elfo, debia ser humano. - Me pregunto de dónde la has sacado - No le estaba acusando directamente de robo pero tampoco parecía el típico arma que compras en un bazar, incluso en cierto modo tenía un aura mayor que la del hombre.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Dom Mayo 19, 2019 9:31 pm
Quité la tela de color negro que cubría mi boca dejando ver mi elegante y joven rostro al completo, el cual a tantas muchachas había hipnotizado por su belleza, quité mi capucha y sacudí un poco de nieve de mi cabello castaño claro que, a pesar de las condiciones a las que estaba sometido su tacto seguía siendo igual de sedoso.

—Permítame presentarme antes de dar lugar a explicaciones —Hice una pausa —Soy Leon Huxley —Acto seguido mis ojos se posaron en la espada que, permanecía hincada en la poca profundidad de la nieve, mientras mis manos seguían descansando en la empuñadura de la misma. —¿No le dijeron que la curiosidad mató al gato? —Enarqué una ceja —Pero claro, usted no tiene por qué ser ese gato...

Dejando al lado el notable sarcasmo en mi voz, volví a dar un tono elegante a mis palabras.

—Se preguntará el motivo de venir a este templo —Sonreí — Esta espada la conseguí el día del incendio en este mismo lugar. Es muy ágil y fácil de manejar en un duelo, debería probarla algún día pero, dudo que realmente la necesite, con un solo hechizo mataría a la gran mayoría de magos.


Última edición por Leon Huxley el Lun Mayo 20, 2019 4:01 pm, editado 1 vez
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"Damas y caballeros déjenme contarles una historia" Mi rostro se oscureció y una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios apareció."Erase una vez un final."

"¿Cuál final?" Tuvo el valor de preguntar uno de los invitados más jóvenes. La curiosidad cegaba sus mentes hasta el punto de, solamente pensar en una posible respuesta a su pregunta.

"El vuestro." Concluí con una fría sonrisa... Volvía a sentir ese agradable cosquilleo dentro de mí y, la locura que recorría mi sangre se deslizó una vez más hasta mis oídos, susurrándome una única y misma palabra con dulzura y suavidad "Mátalos".

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Lun Mayo 20, 2019 3:22 pm
El viento se animó un poco como si tuviese prisa por desvelar la identidad del sujeto en cuestión, sus suposiciones estaban en lo cierto, era joven y, por qué no decirlo, apuesto. Algo muy útil, tanto lo primero como lo segundo, para muchas cosas en general. Estudió con mayor detenimiento sus primeras palabras. - “Conde de Ripenak… para empezar soy conde-duque, ¡no solo conde!” - Pensó con una fingida frustración. Le gustaba actuar en su mente, era divertido y daba lugar a errores que de otra forma podrían ser muy obvios, y a situaciones inverosímiles. - “¿Me habrá reconocido por el título? ¿Cómo sabe este joven mi título?” - Tal vez fuese por su rango de sacerdote y mago… No, había dicho su título nobiliario. En cualquier caso, aquello era peligroso, de saber aquellos tres significaba que alguien podría saber su doble papel y por tanto ir a por él antes de los preparativos con el duque. Fuera la forma en la que fuese aquél joven debía o unirse o morir, no podía dejar aquella fuente de información viva… no, primero debía conocer el cómo se había enterado de aquello para poder eliminarlo, por supuesto que era conocido en la comunidad mágica pero en la política no era más que un honrado y respetable conde-duque un poco extravagante, o al menos así quería seguir permaneciendo, la muerte de Dahienna era conocida por todos y en un territorio como Zhanté, un paso en falso significaría tener a toda la inquisición a sus puertas.

Por otra parte tras presentarse lo amenazó. ¿Pretendía llevar la información a la inquisición? En ese caso por qué correr el riesgo de venir, no, no tendría sentido y él no podía saber que estaba ahí. Sin embargo preguntarle directamente no parecía una buena estrategia para convencerle de nada, tal vez no supiese la importancia de su información, o tal vez sí y quisiese chantajearlo. Eran tantas variables… - “Y yo que sólo quería relajarme” - Evitó un suspiro.

Era un día nublado pero había mucha luz, que se reflejaba en el blanco de la nieve, ante sus crecientes pensamientos sus ojos, rojos por costumbre, tomaron un tinte oscuro, casi negro. Y las sombras que solían estar ocultas volvieron a envolverlo, esta vez más obvias debido al contraste con el entorno. - En ocasiones la muerte es sólo un paso más al éxito - Dio un paso hacia Leon. No mentía, había muerto tres veces y la última incluso lo enviaron al laberinto, pero en esta vida no todo era una cara bonita, su fe por el Señor le permitió regresar para cumplir su papel en el mundo y ningún señoritingo de la diosa ni asesino apuesto le impediría hacerlo. Se situó tan cerca del muchacho que tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos, tan cerca que las sombras que su maldición irradiaba podían tocar su piel y mezclarse con el vaho que exhalaba al expirar. - Encantado Leon Huxley - Dijo con una voz fría como el hielo, y más cortante que el acero. No parecía un noble, no había mencionado casa alguna.

Al ver la espada más de cerca constató que, efectivamente, no era una espada cualquiera. Y si aquél hombre decía la verdad, tal vez hubiese tenido más suerte de la que creía. - “El día del incendio…” - No podía trabajar en el templo, al menos de nada que no fuese limpiar, porque no parecía tener un poder mágico inusual, aunque no parecía el típico que limpia. ¿Qué era entonces?¿Quién era? ¿Qué hacía un chico cualquiera en un templo perdido el día de su incendio?¿Cogió la espada por casualidad?¿Acaso habría él provocado el incendio para tomar la espada?¿Qué sabe él de aquella espada?¿No la necesita?¿No la necesita porque mata por otros medios o porque no tiene intención de usarla? Tenía una idea, fuera lo que fuese si estaba en el templo era algo relacionado con la magia demoníaca, ¿sería él un aprendiz frustrado? Sabía que ciertos templos entrenaban sacerdotes, en otros asesinos y en otros… demonios pero eran entrenamientos tan duros y crueles que no eran pocos los que enloquecían, morían o huían. - Prefiero evitar los duelos Leon. Pero por favor, llámame Zeref - Sonrió apartándose, su voz ya no era tan cortante, pero permanecía seria aunque no le hablase de usted - Pareces conocedor de algunas cualidades del arma, sería de gran ayuda para mí que me mostraras el lugar exacto de donde la tomaste.

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Lun Mayo 20, 2019 4:42 pm
Observaba su enigmática "aura" con curiosidad aunque no quería exteriorizar ningún tipo de sentimiento, emoción o pensamiento que rondara mi mente en aquellos momentos, sabía que debía andarme con cuidado por mucha confianza que el propio mago oscuro me brindara.

Se presentó de forma menos formal algo que me dio libertad para dejar de hablarle de "usted" algo que, por muy insignificante que pareciese, me agradaba bastante. Solía ser educado, pero no iba en mi sangre.

—Bonito y armónico nombre... Zeref —Dije sin apartar mi mirada de sus profundos y oscuros ojos —Me temo que no puedo mostrarte de dónde la cogí, está reducido a cenizas como todo lo que habitaba y, en definitiva, constituía este templo.

Mantenía mi posición, rígida. Mi mirada, intensa. La espada, en mis manos, de forma relajada y calmada.

—Esta espada puede ver por unos cuantos segundos el futuro, es mi objeto más preciado y, de hecho, el de más valor. —Envainé mi espada ocultándola a su mirada —Pero no solo vine aquí para recordar los orígenes de Spiritus Sanguis. Vine a buscarle, durante un tiempo me informé acerca de la magia oscura y el culto hacia El Dios, siempre trabajé en solitario pero tengo que confesar que, me atrajo notablemente. Me enteré que estaba interesado en la invocación de demonios así que decidí venir hasta aquí. ¿Le gustan los retos, señor? Por qué no acepta de aprendiz a alguien cómo yo... Piénselo, convertir a un joven inexperto en la magia a una religión dónde ambos nos sentimos atraídos, El Dios podría agradecérselo... Y yo podría servirle de ayuda, de todos modos, los dos hemos matado a mucha gente... ¿Por qué no matar a los que rinden culto a La Diosa? En efecto, los archimagos.

Esbocé una fría sonrisa, tan helada y siniestra cómo el ambiente del lugar dónde en estos momentos nos encontrábamos.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Lun Mayo 20, 2019 7:15 pm
Si se había sorprendido al deshacer la ilusión lo había ocultado muy bien. Aunque tampoco lo había hecho para impresionar normalmente hacían algún comentario. Tampoco era algo de lo que estuviese orgulloso dado que era una maldición al fin y al cabo, pero en ocasiones no le desagradaba, hacía tanto que lo acompañaba, era una extensión de sí mismo. Por suerte había aprendido a controlarlo de vez en cuando e incluso a concentrar su poder como hizo una vez contra aquél archimago.

Al oír sus palabras un rayo de desilusión pasó por su mente, lo cierto es que nunca se había planteado que su nombre fuese bonito o musical, hacía tanto que se lo puso que ya no recordaba su nombre original ni la razón de Zeref. Por otra parte si Ventus estuviese allí eso no sería un problema, pero no le había dicho nada y como había aceptado el cargo de maestro de magia básica... el director, el cual le tenía tirria, no había desaprovechado la oportunidad de obligarle a dar clases. Claro que él podría negarse pero entonces perdería el cargo y sea cual fuere la razón que lo empujó a solicitarlo, se iría un poco al traste. Además sabía que trataba de darle un poco de sentido a su vida, y con la inactividad de los miembros de la necravia necesitaba hacer algo o acabaría por volverse loco o quitarse la vida que tanto se había esforzado por alargar. Era curioso cómo la inactividad y la falta de sentido a la vida podía quebrar la mente de los hombres. Por otra parte se supone que ese era su trabajo ¿no? Sonrió un poco.

- Tengo un amigo para el que eso no habría supuesto un problema, pero bueno, como ves estamos solos - Sin duda no iba a renunciar a ver el templo en todo su esplendor. Lo sacaría de la cueva a rastras si hacía falta, pero eso sería otro día. Si la mitad de lo que aquél joven decía era cierto seguramente no estaría muy enterado de las prácticas que se llevaban a cabo en el templo y mucho menos de los procesos que estos conllevaban. Era muy posible que hubiese cogido la espada por su aspecto y luego se diese cuenta de que, aparte de bonita, era útil. Sin embargo, aquella espada tenía algo que la relacionaba con el templo y no iba a dejar que la falta de interés del chico por desvelar información fuese a ser un obstáculo para sus deseos.

Estuvo a punto de enarcar una ceja al escucharle hablar sobre su religión y lo que la relacionaba con el asesinato. Si bien es cierto que muchos de los crímenes cometidos por sus seguidores se basaban en el asesinato, locos había en ambos bandos, por muy bueno que se hiciese parecer un archimago, como puede ser Anaë’draýl, seguramente sus manos estaban tan ensangrentadas como las de cualquier otro, pero como era al enemigo entonces no contaba, ¿verdad? Solo mataba a los malos. Así les habían enseñado a esos perros de la diosa, que había buenos y malos, seres de luz. Se aguantó para no escupir ante semejante afirmación. Siempre había tiempo para reconducir a las almas confusas y manipuladas por la Diosa, ese era su verdadero cometido como sacerdote, dar sentido a esa verdad velada por los “buenos”.

Una cabezada de confirmación acompañó a sus palabras - Comprendo, el Señor cruzó nuestros destinos, sea pues como él quiere - Miró las ruinas del templo. Estaba seguro que no todo estaba perdido, no podían haber sido tan estúpidos para hacer el templo enteramente de madera, seguro que había roca e inscripciones en ella. Una parte de él esperaba ver alguna señal, una madera caer de alguna pared medio derrumbada o algo parecido, pero seguramente nada sucedería a menos que lo forzase. Simplemente no era el momento, ya había pasado mucho tiempo. - ¿Sabes hacer algún hechizo?¿Tienes alguna habilidad especial?¿Sabes algo de demonios? - Si se planteaba ser su aprendiz trataría de que fuese un acompañante y no un estorbo, la última pregunta realmente era por preguntar, dudaba mucho que supiese algo que no supiese él ya pero no estaba de más preguntar, además con suerte sabría un poco de algo y podría incentivar su ego. Si tenía dotes mágicas podría enseñarle un par de hechizos útiles. Se le había ocurrido un lugar al que podían ir para desvelar los otros misterios aunque hacía mucho tiempo que no iba, al menos doscientos años. Lo recorrió un escalofrío al pensar en lo rápido que habían pasado, a veces comprendía a Ventus, en cierto modo.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Mar Mayo 21, 2019 12:18 am
Escuchaba con especial atención cada palabra que salía por la boca del mago oscuro, mi cabeza estaba levemente ladeada hacia la derecha obteniendo un mejor ángulo del rostro de aquel hombre al que tanto había deseado poder llamar maestro.

Al escuchar cada una de sus preguntas mi interés no disminuía, al contrario. De hecho, las pupilas de mis ojos, exageradamente dilatadas, en un lenguaje no verbal podía delatar mi notable atención sobre Zeref, sin hablar de mi postura que, seguía estando erguida ante su presencia, demostrando seguridad.

—Soy aprendiz de magia de primer grado, guerrero aprendiz, y sí, sé sobre demonios —Llevé mi mano a dónde se encontraba Spiritus Sanguis, sin llegar a desvainar la anterior nombrada —En realidad manejo realmente bien esta espada, pero, suelo viajar a menudo por lo que no tuve tiempo de tomar entrenamientos para ascender a guerrero experto...

Entonces, un recuerdo acudió a mi mente sin ser llamado o solicitado ensuciando con gotas de sangre mis pensamientos, no era otro que el día el cuál maté a mi propio hermano, el día en el que perdí a mi familia, en el que una parte de mí, dormida con el transcurrir de los años, despertó. Ese asesino que llevo dentro, esas ganas de matar, los propósitos que surgen dentro de mi ser y la noches perdidas pensando en las mejores estrategias para conseguirlos... Todo aquello era parte de mí, algo que había acabado por aceptar con la única compañía de mi conciencia castigándome en las noches solitarias y silenciosas por haber asesinado tantas vidas inocentes, nunca dejaré de preguntarme cuanto he de pagar por haber roto en pedazos corazones nobles sin aparentes razones.

Suspiré, pero cómo explicar todo aquello, simplemente no podía hacerlo. Mi manos temblaban levemente, "No... Debería sentirme culpable por todo... Pero no encuentro sentimiento de arrepentimiento por ningún lugar de mi ser" Pensé detenidamente. Volví a mirar a Zeref.

—También soy bueno en la alquimia —Dije a media voz intentando volver en mí —Y en cuanto a los demonios... En la Biblioteca de La Torre hay bastante información acerca de ellos.

Sin más dilación me agaché hasta poder tocar la tierra fría y nevada con mi mano izquierda, acto seguido, pronuncié las palabras en forma de un suave y sigiloso susurro.

" Lindur Yefer Nän Xén Ewë "

Unas espinas no tardaron en brotar del suelo haciendo un pequeño camino de raíces afiladas que, a medida que se alejaban, se hacían más pequeñas, Sonreí.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Mar Mayo 21, 2019 4:22 pm
Estaba satisfecho, no había esperado demasiado de aquella visita, de hecho si le preguntasen y fuese sincero diría que no soportaba la claustrofobia que le producía la Dama Roja, no era que su fe no fuese tan grande como la suya pero no podía vivir aquella vida contemplativa carente de emociones, viajes, reflexiones e incluso de comida pues no pocas eran las veces que recogían la bandeja intacta. De hecho últimamente había tratado de hacer que entrase en razón, que el Señor no la iba a apoyar más porque se retirara a rezar sin mover un músculo. Y la ineficacia de sus métodos, la preocupación que sentía por aquella pobre alma perdida pese a ser una elegida, le creaba esa sensación de angustia.

Uno de sus intentos más recientes para tratar de crear algún tipo de emoción en ella había sido instalar un órgano, no tenía idea alguna de tocarlo pero es un instrumento grande y armonioso que propaga el sonido por grandes superficies sin dificultad, eso sumado a que los templos suelen estar diseñados para crear reverberación inundaba de ruido una gran parte de él. Sabía lo mucho que odiaba el ruido la Dama y pretendía aunque fuese que se levantara para poner quejas… pero lo único que consiguió fue que se trasladara a unos aposentos más alejados de la capilla, donde el ruido no llegaba. Estuvo a punto de enviar a varios novicios con violines a sus puertas pero tras verle las cuencas de los ojos inyectadas en sangre comprendió que si hacía eso los descuartizaría y usaría sus tendones para limpiarse los dientes… o al menos eso parecía dar a entender. Por suerte para él al final le había gustado el sonido y la complejidad del instrumento, y dado que nadie ponía quejas (ya fuese porque no querían o porque no se atrevían), acabó quedándoselo y estudiando su historia, incluso contrató a un organista (no fue tarea fácil encontrar uno) para que le fuese enseñando, pero se aburría con facilidad y estaba ocupado por lo que las clases avanzaban con una lentitud casi desquiciante, al menos para el organista.

Por lo que cuando vió el interés reflejado en los ojos del joven Huxley una parte de sí saltaba de alegría, como si tuviese una nueva ocupación o tarea. Además derrochaba seguridad, tuviese las aptitudes que tuviese estaba orgulloso de ellas y eso estaba bien. - No dejes que eso te atormente, tener o un título no es realmente importante Leon - Lo miró a los ojos. No mentía, él mismo llevaba dos o tres años siendo aprendiz de magia oscura, sabía perfectamente cada hechizo que se mostraba en los libros e incluso había creado los suyos propios. Lo que realmente importaba era la práctica, cualquiera podía adquirir títulos como aprendiz de algún grado o guerrero experto, y sin embargo había gente mejor y peor, el título era una palabra, un papel, una mentira que nos contamos entre nosotros hasta que nos la acabamos creyendo. Solo el esfuerzo y la habilidad importaban. Así lo prueban casos como el de Maquiale, un joven que tuvo hace poco, tan obsesionado por ascender que casi tropezaba en cada escalón… u otros, más conocidos, como el joven Reon de la casa del León en Garnalia Central, que compró un título de guerrero experto para no ser el hazmerreír de su família, un día lo retaron a un duelo y no aguantó ni tres estocadas, sin duda deshonró más allí a su familia que en un inicio. Y es que este era un problema mayoritariamente de jóvenes, que ante su “desventaja” de edad quieren probar a los mayores que ellos también son aptos para cargos importantes y de gran responsabilidad, viendo estos con todo lo positivo pero negando lo negativo, los ancianos en cambio (pese a que irónicamente están más cerca de la muerte y por tanto les “queda” menos tiempo) suelen tomarse las cosas con calma y meditar.

Dejó un poco atrás esos pensamientos y se centró en las espinas, aquella pequeña muestra de ego lo animó mientras observaba hasta dónde llegaba el hechizo, si le gustaba fardar seguramente tendría algo de lo que hacerlo. Sonrió divertido. Por muy bueno que fuese en el primer grado el hechizo de levitación hacía perder el equilibrio al más pintado (sobre todo al más pintado pero eso es otro tema) y requería de varios intentos para acostumbrarse. Además necesitaba enseñarle aquello si quería llevarle al lugar que tenía pensado, no pretendía ir con raquetas en los pies por la montaña, tenía amor propio. De todos modos aquello les habría llevado mucho tiempo. En cuanto a la alquimia… prefería obviar aquél tema hasta más adelante, no sabía hasta qué punto estaba familiarizado con ella y pese a que él era todo un experto en intrigas políticas no sabía mucho de venenos y pociones, por lo que prefería callar y parecer ignorante, a hablar y confirmarlo.

- Parece que la biblioteca de la Torre es toda una fuente de conocimiento - Dijo elevando el tono de voz. No era exactamente una queja pero no le gustaba en absoluto que hubiese secretos de la magia negra rondando por las bibliotecas de la Diosa. Por otra parte… suponía que eran precisamente aquellos libros los que habían despertado el interés del apuesto aprendiz. Se rió por dentro, ellos mismos se boicoteaban - Pero no estaría de más hacer una limpieza en un futuro, ¿qué te parece? - Suponía que no iba a negarse, y así le daba un objetivo en el que poder focalizarse un poco más accesible que matar archimagos, no era tan fácil como podía parecer, ni tan rentable si no se hacía de forma adecuada.

- ¿Qué tal si pruebas este hechizo? - Le invitó separándose un poco, más que nada para dejarle espacio. El hecho de que hubiese tanta nieve era todo un lujo, si se caía no se abriría la cabeza. - Lindur Ewë Vèth Iak Tót Ash - Su cuerpo se elevó apenas unos centímetros a ras de suelo, el hechizo permitía elevarse hasta varios metros pero no quería perder detalle, de hecho esto no solía ser algo que supiesen los que lo practicaban por primera vez y solían quedar enganchados en algún árbol o roca. El más rocanbolesco que recordaba fue un alumno que, practicando el hechizo volador acabó en una de las agujas de la fortaleza, como era un novicio apenas tenía energía y no sabía que la si no se controlaba con cuidado el hechizo podía drenar toda en cuestión de segundos. Tuvo que salvarle la vida un alumno de cuarto grado que andaba por ahí dado que los maestros estaban comiendo.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Mar Mayo 21, 2019 10:06 pm
El ambiente parecía volverse más cálido, sin abandonar su cortante gelidez, típica de las tierras del norte. Pasé una mano, cubierta por la tela áspera de mi guante negro, por mi cabello cuyo color se asemejaba a la caída y el vuelo de las hojas con las suaves brisas de, en mi más humilde opinión, la estación más hermosa del año, el otoño. Siempre me había llamado la atención, no solo porque lo asociaba a un comienzo, a novedades u oportunidades, por no hablar de la amplia variedad de colores dorados y rojizos que tanto me agradaban acompañados de una suave brisa en mitad de un paseo por el bosque, mejor si era al amanecer, dónde el sol ayudaba a bañar la mañana con su luz dorada y la débil aura rosada que se proyectaba en el cielo al poder ver un rayo de sol traspasar un tupido manto de nubes, acrecentando la alta belleza de la escena. Pero la verdadera razón por la que me enamoraba aquella época tan conocida por un sentimiento de melancólica era por ser "la olvidada", siempre a la sombra de sus hermanas (Las demás estaciones).

Me consideraba una persona realmente perfeccionista y atrevida por lo que asentí en forma de aceptación al escuchar la sugerencia del mago, me movía inquietamente debido a la emoción que tenía por probar aquel hechizo de, al parecer, un grado más de dificultad. Había leído los demás libros de magia, de hecho los llevaba en estos momentos en mi mochila de cuero, que aún seguía unos metros más atrás tirada en la nieve. Vi cómo el mago se levantó con apenas esfuerzo del suelo y empezó a levitar a pocos centímetros de él.

Emocionado, intenté imitar los movimientos del mago sin llegar a dar una imagen clara de "torpeza", es más, vigilaba cada movimiento que realizaba para no dar una imagen de un estorbo humano a los ojos de Zeref.

" Lindur Ewë Vèth Iak Tót Ash "

Pronuncié de forma clara y dejando pequeños intervalos entre cada sílaba para asegurarme de pronunciar correctamente. No tardé en sentirme más liviano, mis pies comenzaron a flotar quedando levemente levantados del suelo, controlaba mi equilibrio para evitar caerme y hacer el ridículo de semejante forma. Estaba muy concentrado en el hechizo, por controlarlo, mantener el equilibrio y la misma posición para evitar salir "volando" hacia la copa de un árbol. Era una sensación nueva y... Cómo la gran mayoría, me agradaba... Bastante.
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"Damas y caballeros déjenme contarles una historia" Mi rostro se oscureció y una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios apareció."Erase una vez un final."

"¿Cuál final?" Tuvo el valor de preguntar uno de los invitados más jóvenes. La curiosidad cegaba sus mentes hasta el punto de, solamente pensar en una posible respuesta a su pregunta.

"El vuestro." Concluí con una fría sonrisa... Volvía a sentir ese agradable cosquilleo dentro de mí y, la locura que recorría mi sangre se deslizó una vez más hasta mis oídos, susurrándome una única y misma palabra con dulzura y suavidad "Mátalos".

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Vie Mayo 24, 2019 10:12 pm
Pese a su aparente inquietud realizó el hechizo de forma clara y sin errores. Lo miró casi furioso. Podía aceptar que fuese más alto, más guapo, más joven, pero más talentoso, no. Trató de hacerse a la idea de que aquél era solo un hechizo de segundo grado, apenas importante. Tenía que haber mentido, jamás nadie había conseguido aquello a la primera, al menos nadie que hubiese visto. - “Oh caerás, ¡tú caerás como yo me llamo Zeref!” - Mientras, pensaba docenas de formas con las que tirarle al suelo. Se acordó de una en concreto en la que no tendría que verse involucrado del todo, sonrió, aquella sin duda sería la mejor.

No tenía un motivo real para vengarse por supuesto, aquello era una minucia al final, sin embargo le había dolido al ego, a él le había costado varios intentos, con el cuerpo de un esclavo y risas dispares, con apenas entrenamiento y mucha rabia interior, pero al final había conseguido dominarlo a la perfección. No había sido tan tonto como otros de probarlo dentro de la mina saliendo disparados hacia el techo, más de uno abriéndose la cabeza contra alguna roca afilada. Tal vez fuese por eso al fin y al cabo que aprendió fuera, de noche, y con el círculo de compañeros que, como él, se reunían para idear formas de escapar, si algo jamás perdieron ellos fue la esperanza, la ilusión. Solo se tenían unos a otros, y aquello era lo único que le animaba a levantarse cada día.

Dejó flotar su mente a través de la bruma de pensamientos, alejándole de los recuerdos y la frustración, devolviéndole al presente. Volvía a sentir el aire gélido, a pocos grados menos que sus sombras. - Veo que tienes talento - Observó objetivo, al menos eso no podía negarlo, no del todo. Avanzó con un gesto para que lo siguiese, rodeando el templo. Estaba construído mirando al sur, era más un rito que algo representativo, las tierras yermas del norte eran mucho más seguras que los desiertos del sur, y pese a que estos últimos eran más indicados para las prácticas demoníacas (o al menos más propicios según antiguos escritos), el sur siempre había sido un terreno lleno de tribus y reinos, mientras que el norte si bien también tenía de eso estaban más concentradas y se movían menos, seguramente el clima era lo que les instaba a ello. Por eso, dado que no podían arriesgarse a construirlas en el sur, al menos las orientaban hacia allí.

Se arrodilló frente a una pared medio derruida, la parte del techo que le correspondía había caído mucho antes, sin duda había sido una pared de carga. Pasó la mano con cuidado por la roca hasta que llegó a un punto donde esta no era tan lisa, se paró, observó con más cuidado, había detalles, como pequeñas inscripciones medio deshechas. Repasó mentalmente los diferentes glifos, se asemejaba a un hechizo térmico. Tenía sentido, jamás había visto sacerdotes con grandes pieles, seguramente era más fácil calentar el templo que invertir en ropas y hogueras. Claro que, una vez muertos los magos que servían como fuente seguramente los hechizos habrían caído… no, eso era un estupidez. Nadie con dos dedos de frente se pondría a sí mismo como vinculante para un hechizo de tal magnitud, pese a que en teoría es un hechizo fácil, aplicado a todo un templo y de forma continuada, era una locura pensar que recurrieron aunque fuese al poder de varios magos. Aquella runa no funcionaba porque estaba rota, no porque no tuviese una fuente de poder. Se abrió un poco la túnica sacando de uno de los bolsillos interiores una especie de clavo o herramienta afilada, pero lo suficientemente gruesa para no poder considerarla un cuchillo. Imitando el trazo de los restos completó la pieza faltante, un destello dorado surgió por lo que quedaba de pared y la nieve en un pequeño radio empezó a derretirse formando pequeños charcos de agua que cogían un tinte marrón al mezclarse con la tierra de debajo. - Algo mantiene esto activo - Se dijo entre dientes, para aguantar tanto tiempo no podía tratarse de una simple piedra lunar. - ¿Se te ocurre qué puede ser chico? - Le preguntó sin mirarlo, estaba cavilando, si lo que decía era cierto y había estado en ese templo con anterioridad tal vez supiese algo de aquello.

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Sáb Mayo 25, 2019 1:31 pm
Seguía intentando no caerme, notaba como mi energía era empleada en mantener el equilibrio y, se consumía con cada segundo. Miré a Zeref, parecía tallar algo en una de las paredes de lo que había sido años atrás un templo, y si soy sincero, nunca me había fijado en que en la piedra había palabras en un lenguaje arcano que no podía llegar a comprender ya que faltaban algunos fragmentos.
Un destello dorado provocó que cubriera con mis brazos mis ojos en un primer momento. De repente, el ambiente ya no era tan frío y gélido, de hecho, la nieve se derretía a nuestros pies que, seguían levitando por encima del suelo.

—Cuando encontré a Spiritus Sanguis había algo a su lado, señor —Me acerqué a él para observar mejor la extraña pared —Un amuleto, algo que me recordaba a un ojo. Si mi espada tenía este glorioso don, ¿Por qué el amuleto no podía tener otro?

Busqué con la mirada una especie de... ¿Entrada? Retrocedí varios años atrás en mi memoria para recordar como había entrado aquel día, pero la única información que encontraba era la imagen de la gran puerta de madera, llena de cerraduras de hierro, ardiendo mientras se reducía a cenizas. Intercepté las ruinas cerrando levemente mis ojos para poder enfocarlas de mejor manera, comencé a construir a base de recuerdos la imagen de aquel templo. Esbocé una sonrisa, sabía donde podía estar, me dispuse a dirigirme con rapidez hasta lo que había sido el altar de la gran estructura.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Dom Mayo 26, 2019 12:25 am
El destello tampoco había sido nada grandioso pero supuso que Leon no esperaba aquello y se preparó por si acaso, como cuando te tiran un palo y te apartas por instinto. Al verle flotar recordó que él también lo estaba haciendo, había pensado en deshacer la runa de nuevo para no llamar la atención pero parecían estar solos y así cuando encontrasen la fuente de poder tendría una forma de comprobar si era efectivamente aquella. No recordaba haber oído nada semejante al respecto y miró a Leon con recelo, pero no parecía estar mintiendo, si bien un buen mentiroso era aquel que mentía sin aparentarlo… no, no tenía sentido, él era más poderoso y por otra parte el joven había expresado su intención de convertirse en su alumno, sería pobre ayuda traicionarlo tras apenas conocerlo. Además, supiese o no hechizos de segundo grado no era rival para él, sin embargo tomaría precauciones.

Se alejó del charco, siguiéndole, dejando de flotar al pisar nieve. Lo bueno de las ruinas antiguas era que todas las piedras pequeñas y polvo superficial ya habían sido arrastrados por el viento y las tormentas. Por lo que solo quedaban grandes rocas y una superficie lisa, si tenías cuidado no había por qué temer. - Pon los pies en el suelo, te vas a quedar sin energía - Obviamente no era la única razón, como iba detrás suyo no podía evitar verlo y le ponía nervioso verlo flotar pues recordaba la facilidad con la que lo había conseguido. Mientras avanzaban observaba la arquitectura del templo, la piedra gris y la falta de ventanas hacía que tuviese una pobre iluminación, por suerte el techo derruido dejaba pasar la luz sin problemas, no había signos de soportes para antorchas ni lámparas de aceite, supuso que iluminaban con magia, sin duda la fuente debía ser poderosa para soportar tal carga.

Se acercaron a una especie de claro crepuscular, bueno no tanto, para empezar porque no había árboles, pero era una zona apartada, un hueco en el suelo daba a unas escaleras descendentes. Bajaron en silencio, la oscuridad estaba amortiguada por la luz de las ruinas, pero según descendían cada vez  la iluminación era más pobre. El camino pareció ensancharse dando paso a una amplia sala circular de gran altura con una columna a cada lado en la entrada. Al frente había seis rocas de un tamaño considerable orientadas hacia la pieza central de lo que parecía un altar. Una gran copa plateada con tres gemas ovaladas incrustadas, las gemas brillaban con un tono apagado de color azul. Por el suelo y desde la copa, tres líneas de color verde recorrían la estancia en una especie de uve. Esa uve daba a tres estatuas, no sabía muy bien qué representaban pero las dos primeras estaban a la misma altura, encapuchadas y sosteniendo una especie de bolas en las manos, la tercera, más hacia atrás y más alta tenía las palmas abiertas como si hubiera estado sosteniendo algo, miró a Leon, supuso que sería el lugar de donde tomó la espada.

Ahora que sabía a dónde se dirigían se adelantó un poco, la copa no era tan grande como le había parecido en un primer momento, pero al estar un poco elevada por el altar y las piedras el ambiente sugestionaba la vista como una ilusión óptica, fuera lo que fuese aquello parecía el corazón del templo o al menos una parte importante de él. Miró la copa por encima, no estaba vacía como habría sido de esperar, estaba llena de un líquido aparentemente transparente que llegaba hasta la mitad de su capacidad, bajo este parecía haber un orbe de color rojizo y brillante. Dudó de si meter la mano, no estaba seguro de qué podía ser pero era peligroso. Una parte de él deseaba tomar aquello que había ahí pero la cautela de la experiencia le había enseñado a ser precavido y paciente, por otra parte a veces demasiada precaución no era buena… Sonrió un poco. Tenía una idea. - ¿Qué crees que puede ser Huxley? - Le gustaba alternar entre su nombre y apellido, usaba el segundo para dar un poco más de formalidad a sus palabras, no era un cambio significativo pero disfrutaba de aquello. Por otra parte era él quien había estado con anterioridad allí, a Zeref le venía todo de nuevas, tenía el deber de decir todo lo que supiera o supusiera. Solo entonces reparó en lo bien que estaba conservada la sala pese a las ruinas del templo, tal vez la catástrofe no llegó allí, tal vez estaba protegida… en ese caso tal vez hubiese una protección adicional para la copa. Fuese lo que fuese no era algo que quisiera ser robado, era algo poderoso.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Dom Mayo 26, 2019 2:05 pm
Mis pies volvieron a tocar el suelo en cuanto escuché a mi espalda las palabras de Zeref, volver a sentir la fría piedra del templo entrar en contacto con mi calzado me provocaba una extraña sensación, me encontraba más pesado, aunque estaba más cómodo de esta manera ya que no tenía necesidad de estar manteniendo el equilibrio a cada segundo y en cada movimiento que realizara.

El templo estaba tal y como lo recordaba, se ve que las llamas no llegaron a penetrar en lo que parecía ser el corazón del templo, si lo hubiera sabido en el momento en que conseguí a Spiritus Sanguis lo más seguro es que hubiera sentido frustración y esta me hubiera llevado a volver a incendiar el templo, esta vez desde el interior. Pero ahora estaba agradecido de que el elemento que tanto odiaba no hubiera conseguido destruir aquello, ese que muchos veían como pasión y fuerza... Mientras que yo tenía una visión totalmente diferente, para mí era una completa arma de destrucción sin elegancia ni discreción para arrasar cualquier ente u objeto a su paso.

Hice una mueca, era repugnante para mí aquel elemento, cuando lo sentí en mis manos aquella vez sentí como si su calidez derritiera el hielo que congelaba mi cuerpo, mente y corazón, ese hielo que me impedía tener sentimientos como cualquier otra persona, en efecto, solo imitaba tener sentimientos. En realidad era fácil, si se muere un amigo las personas no mostraban una sonrisa, tampoco reían, salían lágrimas de sus ojos, sollozaban y lamentaban una y otra vez el hecho de que la muerte llamara a la puerta de su amigo, mientras que yo, solo pienso. La muerte es un suceso demasiado temido por la humanidad hasta el extremo de ser un tema "prohibido" entre algunos. Personalmente, pienso que exageran demasiado, ven la muerte como el fin de una vida, yo la veo como el principio a otra.

Sacudí mi cabeza, no me gustaba, me desagradaba y repugnaba el fuego pero por desgracia, tenía que soportarlo, raspeé levemente mis dientes. Volviendo de nuevo a la realidad vi que Zeref se encontraba observando y analizando la copa de la que, salían tres caminos hacia varias estatuas, dos de los pequeños caminos iluminados por una luz verde formando una especie de uve, el del centro y el que se dirigía a la estatua más impactante en la que años atrás Spiritus Sanguis dormía y descansaba su hermosa hoja de plata, permanecía apagado. Bajé levemente la cabeza mostrando respeto por aquella escultura, hice una pequeña reverencia, era mi manera de agradecerle, me sentía en deuda con aquella estatua, era lo mínimo que podía hacer, entonces, la voz de Zeref me distrajo, me acerqué a él observando el líquido transparente que había dentro de la gran copa.

—Me da la sensación de que es agua, pero no cualquier tipo de agua... Una que está sometida a algún clase de hechizo o... Está bajo el poder de algo realmente poderoso.

Como lo es la bola rojiza incrustada en la profundidad de la copa, bajo toda esta agua... Pensé, sabía que no hacía falta decirlo, prefería ahorrarme palabrería innecesaria, además, era más que evidente a lo que me refería. Saqué una pequeña daga de otra pequeña vaina al lado de la que portaba a Spiritus Sanguis. La acerqué a aquel líquido transparente mojándola e impregnándola de él, parecía no pasar nada, me atreví a meter lentamente y con cuidado una de mis manos empezando por introducir en el agua cada uno de mis dedos, no dolía, no quemaba, no desintegraba mi piel, miré a Zeref, después, volví a posicionar mi vista en la bola de color rojizo en lo hondo de la copa, la rocé con mis dedos, la agarré con mi mano y tiré de ella hasta el exterior, pero no funcionaba, apenas se movía. Saqué mi mano de ahí decepcionado.

Recordé que para conseguir a Spiritus Sanguis tuve que pronunciar las palabras que estaban talladas en la estatua. Examiné con la mirada la copa, en efecto había palabras. " AQUA DI REO " Fruncí el ceño, "Castigo de agua". Había leído bastantes libros y no era la primera vez que traducía algo así, así que no me resultó difícil hacerlo. Pronuncié las palabras en una especie de murmullo pero no ocurrió nada, supuse que no sería tan fácil conseguir aquel poderoso amuleto, me volví a incorporar... "Castigo de agua"... ¿Y si había que beberla?

—Hay que beber el agua. —Mis palabras sonaron decididas y seguras en lo que decía.
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"¿Cuál final?" Tuvo el valor de preguntar uno de los invitados más jóvenes. La curiosidad cegaba sus mentes hasta el punto de, solamente pensar en una posible respuesta a su pregunta.

"El vuestro." Concluí con una fría sonrisa... Volvía a sentir ese agradable cosquilleo dentro de mí y, la locura que recorría mi sangre se deslizó una vez más hasta mis oídos, susurrándome una única y misma palabra con dulzura y suavidad "Mátalos".

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Lun Mayo 27, 2019 7:55 pm
Una vez los pies en el suelo Leon no le resultaba tan molesto, además le sacaba una cabeza y si se ponía a flotar le sacaba casi dos, simplemente inaceptable. Por supuesto esto no era una molestia real, al menos no digna de mención, una parte de sí mismo le tenía tirria pero había muchas otras, más sabias y justas, más comprensivas.

Pasó la mano por la superficie exterior de la copa, como toda copa tenía el cuello más fino, la plataforma estaba hecha de un material que a simple vista parecía escaso y delicado, pero al tocarlo se notaba la firmeza de su composición. Aquello era macizo, de algún material bien cargado y sin fisuras. Le recordaba a algo, lo tenía en la punta de la lengua, no era que el material fuese más resistente que el acero ni más duro que el diamante, lo que ocurría es que era bueno en lo que hacía, eso era, un dienergético. Los dienergéticos, en su opinión un nombre bastante ridículo y poco fiable, eran materiales especiales para contener la magia ya que tenían una nula conductividad con ella. Como ocurría con la madera y la electricidad, esta servía como aislante. Si se usase un material común cualquiera para algo así el poder del objeto acabaría irradiando toda la sala y perdiendo efectividad en su propósito, además así protegían la zona de muchos hechizos. A diferencia de otros, aquél lugar no irradiaba una energía particularmente asfixiante, era como si simplemente hubiese humedad en el ambiente. Por lo que su energía se centraba tan solo en aquellos lugares específicamente fabricados para ello. Todo esto tenía un gusto amargo para Zeref, no era una coincidencia, la sala era literalmente una obra maestra de ingeniería. ¿Por qué tomarse tantas molestias para algo así? Tal vez se hubiese equivocado y después de todo fuese algo más importante de lo que podía parecer.

Su curiosidad crecía por momentos, casi absorto en ideas tuvo que repetir mentalmente las palabras de Leon. No era nada nuevo, no aportaba nada, por supuesto que era algo poderoso, por qué si no estaría algo así a su alrededor. Se relajó un tanto, cuando pensaba demasiado tendía a ser más arisco, como si al concentrar su mente en resolver eso olvidase del respeto y la cortesía. Esta vez, más atento a sus palabras, meditó un momento. ¿Beber el líquido?¿estaba loco? Bueno si lo pensabas tenía algo de sentido pues al fin y al cabo pese al desproporcionado tamaño en comparación con otras… seguía siendo una copa. Pero las palabras que había escritas en ella no le daban buenas sensaciones. Podía contar con los dedos de la mano las personas que conocían el lenguaje de los Aones, era un lenguaje antiguo, prácticamente olvidado y por supuesto, tabú. Especialmente en Garnalia y el norte, donde las religiones luchaban por su hegemonía y cambio, la idea que tenían los antiguos de la religión no convenía para nada en cuanto al control de masas. Eran ideas más abiertas, más viscerales, donde primaba la verdad sobre el sentimiento, donde había una mayor intimidad en su fe, la religión no estaba hecha para llevarla por bandera. Miró a Leon, por supuesto las había pronunciado mal, pero las había pronunciado, y en voz alta, muchos sacerdotes decían que el solo hecho de la mención de los Aones era ya una conexión con una fuerza extraña que era mejor dejar en paz. Estuvo a punto de pedirle que dejase  de hacer eso, pero seguramente al hacerlo estaría resaltando su importancia, algo le decía que la curiosidad de Huxley tenía pocos límites, y querría mantenerlo alejado por el momento de ciertas verdades a gusto de pocos.

- Adelante pues, demuestra tu fe - No era una concesión de honor, era un mandato. Acababa de poner a Leon entre la espada y la pared, si rehusaba estaría faltando a las declaraciones de hacía apenas unos minutos, aquello se podía interpretar como una muestra de si realmente estaba dispuesto a seguir los designios del Señor, aunque estos poco tuvieran que ver en aquél momento con los del Duque. No, no era una oferta tentadora, una muerte posible o una muerte segura, por supuesto no iba a dejarle plantarse sin más, aun tenía que asegurar su reputación como Conde-duque de Ripernak, no podía dejar aquél cabo suelto. No había risa en su rostro, ninguna emoción en particular, sabía lo que pedía. Por otra parte estaba preocupado, no por el chico por supuesto, pero al tratarse de algo desconocido no sabía qué efectos podía tener, tal vez fuese un hechizo dual, tal vez quien bebiese el agua muriese al instante, pero parecía poco probable, dado que entonces nadie podría acceder a aquél poder… tal vez fuese ese el objetivo final de todo aquello, lo mantenían porque alimentaba al templo pero lo temían en malas manos, y como no podían saber cuáles serían malas pues mejor no dejarlo en ningunas. Era casi escalofriante pensar que algo como aquello pudiese estar en el centro de un templo, que por muy demoníaco que fuese al final eran personas y tenían sus vidas. Desafortunadamente solo había una forma de averiguarlo y no tenían a nadie cerca a quien sacrificar para aquella noble causa, nadie excepto aquél extraño viajero de ropas negras y rostro agraciado que le daba un poco de tirria. Casi era algo poético si se miraba bien.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Dom Jun 02, 2019 5:42 pm
Notaba cada uno de mis latidos acelerar notablemente, tragué saliva con dificultad, ¿Había escuchado bien? Intentaba mantener la sangre fría, volver a entrar en el estado de tranquilidad e indiferencia del que pocas veces salía. Zeref me había puesto contra la espada y la pared de las más sutiles de las maneras, rechinando mis dientes levemente para después mirar la gran copa de la que tendría que beber en contra de mi voluntad, pero claro, siempre podía negarme y quizás no salir vivo de allí por "rebelarme" y no mostrar sumisión a las órdenes de mi futuro maestro. Sacudí la cabeza y sin más dilación me arrodillé cerca de la gran copa hincando una de mis rodillas en la fría piedra.

Alargué mis brazos hacia el agua, vacilé durante unos segundos ¿Y si fallecía al beberla? ¿O y si el mago oscuro no cumplía la otra parte del trato? Me dispuse a recoger el agua con mis manos apartando todas aquellas inseguridades de mi cabeza. Finalmente aquel líquido rozó mis suaves labios, acto seguido, pasó a mi boca, después, a mi garganta.

Quedé paralizado por un pequeño momento esperando que algo ocurriera y, para mi desgracia, no tardó en suceder, sentía como unas llamas recorrían el interior de mi cuerpo, quemándolo. Como pude volví a beber rápidamente esperando que todo pasara lo antes posible pero, antes de terminar el tercer sorbo tuve que aferrarme con fuerza a la copa para no caer, mi respiración era agitada, el aire no llegaba completamente a mis pulmones y, por si fuera poco, parecía avivar el maldito fuego que arrasaba lenta y dolorosamente el interior de mi ser, jadeé. En el cuarto sorbo bebí directamente de la copa sin fuerzas para utilizar mis manos a modo de cáliz. Todo mi cuerpo temblaba amenazando con dejar de aguantar su propio peso, de repente, sentí una gran punzada de dolor en mi estómago, grité. Aún así seguí bebiendo, solo quedaba el último trago, apenas sin fuerzas terminé de beberlo cerrando mis ojos, hice una mueca. El dolor se esfumaba poco a poco por suerte para mí.

Terminé en el suelo, intentando mantener mi peso apoyado sobre mis manos. Retiré con brusquedad algunas de las prendas oscuras que oprimían mi torso y me concentré en intentar normalizar mi respiración.
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"Damas y caballeros déjenme contarles una historia" Mi rostro se oscureció y una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios apareció."Erase una vez un final."

"¿Cuál final?" Tuvo el valor de preguntar uno de los invitados más jóvenes. La curiosidad cegaba sus mentes hasta el punto de, solamente pensar en una posible respuesta a su pregunta.

"El vuestro." Concluí con una fría sonrisa... Volvía a sentir ese agradable cosquilleo dentro de mí y, la locura que recorría mi sangre se deslizó una vez más hasta mis oídos, susurrándome una única y misma palabra con dulzura y suavidad "Mátalos".

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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Lun Jun 03, 2019 5:53 pm
Observaba con atención, Huxley había tomado la decisión acertada, pero no dejó que su rostro reflejase emoción alguna. Contempló impasible el proceso, según parecía iba a caer muerto en el sitio pero no lo hizo. - "Qué extraño, ¿esto es todo? Es decir, sí bueno es algo cansado pero no algo peligroso al final, acabará recuperándose… ¿de qué sirve todo esto?" - Mientras meditaba unas luces atrajeron su mirada, no recordaba haberlas visto con anterioridad. De un color rojizo, eran… ¿diez? ¿quince? se dio cuenta de que estaban aumentando, la pared cilíndrica de la estancia empezó a cubrirse con cientos de ellas a gran velocidad. Miró a su alrededor alarmado, el número seguía aumentando. Leon agonizaba en el suelo. Algo no marchaba bien, tal vez fuese algo normal para el templo pero no para ellos. Una luz del mismo rojo que las otras empezó a recorrer las líneas que salían de la copa como si fuese tinta en el agua, ya no eran azules, brillaban como la pared.

Sintió el suelo temblar a sus piés, soltando una maldición en voz baja levantó las manos con un movimiento ágil - Lindur Ewë Vèth Iak Tót Ash Sasel  - Su cuerpo no se despegó del suelo como debía - Lindur Ewë Vèth Iak Tót Ash Sasel - repitió en voz alta. No ocurrió nada. Empezó a levantar una barrera mágica pero un instante después esta titiló y desapareció. La sala empezó a moverse, no quería dar signos de alarma con la cara o el cuerpo pero en su mente pensaba en formas de salir, trató de coger a Leon que estaba tendido en el suelo, pero en peso muerto era demasiado para él además no estaba acostumbrado a no depender de la magia. Miró de nuevo a su alrededor, las estatuas ahora bloqueaban la salida, no solo con su cuerpo, la misma pared se había movido de forma que no dejase un resquicio para pasar. Con la sala brillando intensamente Zeref supo que, fuere lo que fuere, no era nada bueno.

Había planeado tratar de aplicar a Leon algún hechizo de curación pero la magia parecía no funcionar en la sala, nada funcionaba, dar vueltas sin rumbo no daría resultados, sentándose en el suelo para poder pensar con más calma e ignoró las luces por un momento. Tenía sentido, aquél objeto era poderoso, dejarlo en manos de cualquiera que lo quisiese podía ser peligroso, pero ¿cómo iban a saber que alguien quería cogerlo y no pasaba por ahí o le había dado sin querer? Sin duda el agua era una gran forma de disuadir y por otra parte de saber las intenciones de la persona, nadie se bebería el agua a la fuerza a menos que tuviese la intención de cogerlo. Pero si la bebía y cogía el poder sería un enemigo a temer… a menos que la magia no funcionase en la sala y quedase atrapado. De esa forma tendrían tiempo de venir los sacerdotes o guardias (en caso de que no fuese algo en consenso de todos) para matarlo o quitarle el objeto, y al estar agonizando tampoco podría pelear cuerpo a cuerpo en condiciones. Sin duda estaba bien dispuesto… ¿pero significaba eso que la única forma de salir era que abrieran desde fuera? En caso de poder salir desde dentro no tendría sentido aquello, ¿pero y si se quedaban atrapados?¿y si por estupidez no habían tenido cuidado y no había nadie fuera para abrir?¿morirían allí? No podía ser tan fácil como apretar un botón, de ser así cualquiera podría hacerlo, pero no podía ser tan difícil como para no poder salir jamás. Pensó que al menos por suerte no había guardias en las cercanías para ensartar a ninguno de los dos.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Lun Jun 03, 2019 9:49 pm
No era la única vez que me encontraba tan débil, notaba como mis heridas no dolían como la primera vez y, por tanto, su cicatrizar era más veloz. Siempre tenía el pensamiento de que, mis cicatrices eran como el mapa corporal que me recuerdan lo que hice. Pero las personas a menudo pueden malinterpretar mi forma de pensar, no me gustaba caer, mucho menos perder, en cambio, lo hacía una y otra vez pero, ¿Por hacerlo tiene que agradarme? No necesariamente. Con las marcas permanentes que manchan la piel de mi cuerpo y ensucian su imagen ocurre exactamente la misma situación, que tenga algunas no quiere decir que me guste lucirlas como osaban hacer algunos guerreros cuya sangre, en mi opinión, no terminaba de llegar a sus cabezas pero claro, ¿Quién soy yo para juzgarlos?

No tenía apenas fuerzas para mantenerme en pie a pesar de ver desde el suelo empedrado, cómo las estatuas taponaban la salida y todo a mi alrededor se tornaba de un color rojizo, una arcada amenazó con hacerme vomitar repentinamente, pero lo único que salió de mi boca fue un pequeño hilo de sangre que comenzó a colgar recorriendo mis labios hasta finalizar en el frío suelo del que aún no conseguía poder levantarme. Llevé una mano a mi boca con la intención de comprobar si, como el sabor metálico me indicaba, se trataba verdaderamente de sangre. No me sorprendí al estar en lo correcto, mis manos se impregnaron levemente de un líquido rojizo.

Observé con dificultad, ya que las luces me cegaban notablemente, cómo Zeref probaba hechizos sin resultado, apoyé mis manos ensangrentadas en la piedra helada y me levanté, luchando internamente para que la gravedad no amenazara con hacerme caer debido a mis débiles fuerzas en aquellos momentos. Limpié mi boca, crují mi cuello levemente al ladearlo, por otro lado, mis ojos que, a simple vista eran castaños, a la sombra parecía tomar un color carmesí, aunque en un pasado estos fueran de un color totalmente azul pero, a medida que pasó el tiempo y, dependiendo de las condiciones de luz, se había producido un cambio.

Dejé caer mi peso en la pared, enarqué una ceja examinando con los ojos bien abiertos toda aquella sala, el tiempo parecía congelarse para darme tiempo a pensar con claridad, mi boca se secaba a cada segundo que pasaba, pero eso no era lo que más me preocupaba. Observé que Zeref aún no había agarrado el amuleto, le hice una señal para que se dispusiera a cogerlo. Mientras tanto desenvainé mi espada con elegancia, el brillo de las luces rebotaba en su hoja plateada. Intercepté a una de las estatuas que taponaban la entrada intentando apuntar a sus ojos relucientes, finalmente lancé la espada acertando en mi objetivo.


Última edición por Leon Huxley el Sáb Jun 15, 2019 1:20 pm, editado 1 vez
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Dom Jun 09, 2019 9:41 pm
Miró donde señalaba Huxley, el amuleto. Se acercó a grandes pasos metiendo la mano en la copa, con recelo observó por si había alguna trampa, pero no vio nada. Lo asió, no era exactamente un ojo, era una especie de esfera pero estaba encajada entre cuatro firmes piezas de un metal oscuro, con toda la fuerza que pudo reunir trató de sacarla, pero no se movía. La sala entera brillaba y se dió cuenta de que estaba empezando a sudar, miró a Leon casi desesperanzado. Clavó con firmeza los pies en el suelo y tiró en un último intento de arrancarla, aunque sabría que no conseguiría nada.

La esfera se alzó unos centímetros y giró en dirección a donde Zeref tiraba. Sorprendido por la repentina acción cayó de espaldas al suelo, se sacudió la ropa, realmente hacía calor… se giró en redondo de pronto, las luces rojas seguían ahí, sabía que le recordaban a algo, ¿pero a qué? Con prisa y nervioso se movía impaciente por la sala, pero tropezó con un pequeño desnivel y acabó a pocos centímetros de la brillante pared. Se apartó instintivamente, pero se volvió a acercar al notar algo raro, extendió la mano, instantes después se llevó la mano a la boca y luego a la cabeza, con los ojos muy abiertos dijo en voz alta - ¡¡¡Estamos en un horno!!!

La pared desprendía calor que se extendía poco a poco por la sala. Se apartó hacia el centro para poder pensar, respiró hondo varias veces para calmarse, debía haber alguna solución, alguna salida. Mientras pensaba se acordó de la esfera. Se puso de pie y examinó la bola con rapidez, bajo ella había una especie de grabados extraños, con pequeños cortes lineales que cambiaban de tamaño siguiendo un patrón. Claro, un puzzle, debía ser algún tipo de clave o acertijo, suficiente para que no todo el mundo lo supiese pero que no fuese imposible salir… pero él no era miembro del templo. Apartó todo lo negativo de su mente y empezó a manejar con cuidado la bola que aunque no salía de su encaje sí giraba con libertad.

El calor seguía aumentando y el tiempo se acababa. Los grabados verticales parecían representar partes de algo, otros, más complejos, parecían tener símbolos extraños pero a la vez con algo que le resultaba familiar… Se apartó un poco para desabrocharse la ropa, dejando el largo abrigo en el suelo. Al bajar la mirada por inercia leyó las palabras - “Aqua di Reo” - Reo… otro destello en su mente, se asomó de nuevo a los grabados en el interior de la copa bajo la esfera, claro, eran aones, pero podía contar con los dedos de la mano las personas que conocían aquél lenguaje casi perdido, solo la iglesia lo mantenía vivo. Tal vez aquello fuese más antiguo de lo que aparentaba.

Giró con cuidado la esfera, parecía tener una barra que la sujetaba por debajo y en la intersección una pequeña punta. Coincidiendo con las muescas podías girar la esfera para que la punta se posicionase. Con prisa tradujo los aones, había dos que no conocía y eran cinco muescas grandes. Toa, que significaba “Sur”, Kae “Este”, Aon “Primero, lenguaje”, los otros dos no los conocía pero supuso que eran Norte y Oeste. Giró marcando Toa, pero no sucedió nada, había creído que sería eso por la dirección en la que estaba orientada el templo. Tal vez se trataba de una secuencia, pero cual, había pequeñas muescas entre las grandes y se le acababa el tiempo, probar todas le supondría morir en el intento.

Se sentó apoyando la espalda - Este, Oeste, Norte, Sur, Primero… ¿qué significa todo esto? - Con un dedo desganado y mirada cabizbaja pareció dibujar en el suelo, sin mucho esmero. Los antiguos dibujaban aones donde fuese y rebosaban poder, pero la mayoría los dibujaban en el aire. Sin embargo para que algo durase debía de hacerse sobre un material fuerte y resistente. La mayoría sobre roca. Siempre empezaban igual, primero un punto, luego una línea horizontal encima, otra vertical a su lado. En cada lugar era diferente dado que las líneas representaban la geografía que los rodeaba… Se levantó de nuevo, ¿y si fuese eso?¿Pero qué Aón debía dibujar? Giró la esfera, Marcó Aón, sería el punto, el primer paso. Marcó entonces Ato “Norte”, Ake, Kae, Ato, Toa. Era la unidad básica, Ala "belleza", de donde salían todos los demás. Esperó un poco mirando a su alrededor, pero nada cambiaba, miró nervioso la copa, si no era eso ya no tenía más ideas. Frustrado y acalorado dió un fuerte puñetazo a la esfera y cayó de rodillas al suelo. - Oh Señor, si es este tu destino, aceptaré, pero si es otro tu camino, te suplico, guíame - Imploró casi en un sollozo. Había tenido una larga vida, pero aún se consideraba joven, llevaba más de trescientos años en la tierra pero jamás se había parado a pensar siquiera en morir. Ya había muerto antes, pero si moría allí su cuerpo se quemaría y su alma quedaría atrapada en el templo, sin salida, nadie podría saber que estaba allí, la magia no funcionaría para encontrarlo entre aquellos muros aislantes. Era un destino horrible, preso en un templo sin nombre, en ruinas y sin donde reposar más que su melancólico cantar.

De pronto la sala sufrió una súbita sacudida, alzó la vista cansada, tal vez lo aplastase una roca en un terremoto, sin duda sería mejor que morir asado. La temperatura bajó drásticamente, sacudió la cabeza para despejarse, la entrada ya no estaba bloqueada por las estatuas y la sala volvía a estar a oscuras en un silencio casi sepulcral, le llegó el sonido del viento azotando las ruinas en el exterior, era un sonido que lo calmaba, relajante, casi rítmico, y tenía ese punto frío… frío, sí, hacía frío, mucho de hecho, buscó con la vista su abrigo y se lo echó por encima, apoyado en la pared se dio cuenta del sueño que tenía,  estaba cansado si lo pensaba, se dijo que descansaría los ojos unos minutos antes de ponerse en marcha, instantes después se sumió en un profundo sueño.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Leon Huxley, el Sáb Jun 15, 2019 5:33 pm
Seguía arrastrando mi cuerpo por la sala en busca de mi espada que, permanecía aún hincada en uno de los ojos ya no iluminados de la estatua de mayor tamaño.... Aunque esta última, al igual que las demás, ya no taponaba la salida. Una vez a los pies de la figura me ayudé de ella para poder reincorporarme y, con torpeza, así levantarme. Antes de agarrar mi espada examiné lo que esta le había provocado a la estatua. Sus ojos ya no emitían ningún tipo de luz o destello, coloqué mis manos en la empuñadura de Spiritus Sanguis y con fuerza la saqué de la piedra, observé su hoja, buscando algún tipo de daño en la misma, por suerte no había ninguna marca o señal tallada en el preciado material con el que estaba construida, plata . Volví a mirar a la figura, su ojo derecho estaba en perfecto estado, en cambio el izquierdo, permanecía con una señal en vertical, un corte profundo y limpio.

Mis ojos aún de un color carmesí se posaron en Zeref quien parecía dormir plácidamente en el lado contrario de la sala. Ladeé mi cabeza, suspiré. Ya me encontraba notablemente mejor pero seguía débil, de todos modos, debería dejar que el tiempo sanara mis heridas. Envainé mi espada y con cuidado, caminé, intentando mantener el equilibrio hasta donde se hallaba el mago oscuro, lo sacudí con suavidad.

Despiértese dormilón —Susurré dejando a la vista una gran sonrisa junto con un pequeño destello que apreció repentinamente en mis ojos carmesíes.
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Re: Spiritus Sanguis [Priv. Huxley]por Zeref, el Vie Jul 19, 2019 2:29 am
La oscuridad más absoluta reinaba en el silencio de un mundo imaginario, sin límites, sin puertas, sin nada. Y sin embargo algo le decía que no estaba solo, una fuerza abrumadora lo presionaba sin llegar a hacerlo daño, miró arriba, si es que había un arriba o abajo, un destello apareció de pronto. Su mente hizo un amago de llevarse una mano a los ojos pero no había mano ni tampoco ojos, su consciencia era la única que se encontraba allí. Observó con más detenimiento la luz, parecía una figura alargada y ondulante… unos ojos de colores cambiantes lo miraban, podía sentirlos clavarse más allá de su mente, aquellos ojos parecían verlo varios metros a través de sí. Un sonido resonó en la inmensidad de la nada, una voz grave y poderosa, que parecía arrastrar con ella toda la fuerza que lo rodeaba. - Espero - La palabra flotó apenas unos instantes en su conciencia, justo en ese instante el mundo pareció caer y él consigo, la luz blanca lo bañó todo cegándole, pero la palabra había quedado grabada a fuego en su mente.

Un susurro que parecía venir de todos lados y a la vez de ninguna parte hizo contraste con la potente voz que acababa de escuchar, una tímida luz bañó sus párpados. Abrió los ojos con cierta cautela, aún temía el regreso de aquella luz cegadora de hacía apenas unos instantes, pero algo le decía que no la volvería a ver. Encontró un rostro joven y apuesto observándolo casi con curiosidad, la luz se reflejaba en sus ojos de un color rojo sangre, lo reconoció. Por un momento había olvidado todo, y entonces le vinieron todos los recuerdos de golpe, su vida entera pasó por delante hasta saber dónde estaba y con quién. Abrió la boca para decir algo y la notó seca, no sabía qué decir, tragó saliva antes de incorporarse. Se sentía un intruso en su propio cuerpo, mucho más consciente ahora de la mutación de este. Cuando al morir lo habían resucitado en aquél joven cuerpo élfico, apretó los puños marcando lo fuertes músculos de su antebrazo, si, aquél sacrificio había valido la pena. Rió, una fuerte carcajada salió de lo más hondo de su vientre, notaba el aire pasar por su garganta antes de salir con claridad al mundo, no era del todo humana.

Una vez satisfecho se volvió en dirección a la copa que tenía justo detrás. Con convicción tomó la esfera y tras esta, unido, un alargado palo, aún no sabía para qué servía pero sentía su poder, aquél báculo sería suyo o no sería.

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