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Elfo
Nombre : Bast (Lucien van Fenix)
Escuela : La Torre, Guardiadragones del Mar
Bando : Neutral
Condición vital : Vivo, Kin-Shannay (Kai: Lucy Bradley)
Rango de mago : Mago consagrado, especialista en magia del fuego
Rango de guerrero : Guerrero aprendiz (Espadas, dos manos)
Clase social : Desconocida
Mensajes : 416
Fecha de inscripción : 10/04/2012
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Conspiraciones unipersonalespor Bast, el Vie Ago 17, 2018 11:38 pm
Abrí la puerta de la pequeña cabaña de leñador en lo profundo del bosque. Las Islas del Amanecer combinaban la fama de ser un tranquilo lugar casi paradisíaco y, a la vez, de tener los bosques mas temibles del mundo. No se especificaba en las leyendas el porque esta foresta era peligrosas: tan solo era conocimiento popular que, en las Islas del amanecer, no te adentrabas al bosque.

Por todo ello resultaba el lugar perfecto para esconderse. Poco sabía si los mitos de las islas eran ciertos: apenas salía de mi laboratorio y este tenía todas las salvaguardas posibles para que no fuese detectado, de forma que podría haber sido vecino de la peor de las monstruosidades sin que ninguno de los dos lo supiésemos.

Si la cabaña ya se veía pequeña desde fuera por dentro era diminuta, con apenas sitio para las comodidades mas esenciales para la vida. Para añadir confusión al espacio abarrotado el suelo estaba lleno de leña, utensilios pobres de cocina, hachas de leñadores y demás objetos, pero si sabías donde mirar podías encontrar mucho mas.

Quizás un laboratorio de mago bajo una trampilla era demasiado previsible, pero poca gente iba a la zona para empezar y ese orginalmente era solo uno de los laboratorios de reserva de Lucien. Ese escondite había sido mi prisión durante años y sin embargo ahora me veía obligado a volver. Por mucho que había disfrutado volviendo al mundo exterior y interactuando por fin con otras personas me había dado cuenta de que no podía sencillamente vagabundear el mundo como nómada, observando sin influir. La última vez que me había decidido a ayudar a decidir en el rumbo del mundo no había ido bien, pero ahora era mas sabio y no iba a dejar que errores pasados me frenasen ahora.

Sin embargo, para ello necesitaba poder. No poder mágico o marcial, si no político, por mucho que no me gustase, poder político.

Con este propósito iba a adoptar la identidad de una de las anteriores victimas de Lucien: Caranor de las Islas del Amanecer. Debido a su (mi) desaparición no poseería tierras, pero tenía derecho de sangre a un ducado en las Islas de Amanecer por la que en estos momentos se peleaban diversos sucesores. La ventaja de Caranor era que también tenia derechos de sangre a una porción de Gadryl que en ese momento gobernavan los Condes del Rosal. Eso significava que para la joven heredera yo por ahora era una amenaza, pero si se casaba conmigo no solo aseguraba su posición si no que tendría la oportunidad de ser también duquesa en las Islas del Amanecer. Por la otra banda el matrimonio con la futura condesa me daría una seria ventaja sobre el resto de competidores por el ducado.

Dejé un tomo que había adquirido durante los viajes que describía diferentes operaciones médicas, incluyendo una para cambiar tu aspecto. Yo podía usar magia de sangre, una ventaja que el libro no predecía, pero incluso así tenía poca confianza en mis habilidades: durante los últimos años había estado tan solo haciendo experimentos por método de prueba y error, pero esta vez, no había error que pudiese permitirme. El problema de la altura era facil de solucionar con incisiones en las piernas y separando los huesos, obligándolos a crecer mas al regenerarse, pero la cara era un tema distinto.

Me miré al espejo. No tenía particularmente cariño a mi cara, pero sería raro pensar que a partir de ahora me despertaria cada dia con una diferente. Tras unos minutos de silencio mientras me miraba el reflejó finalmente conseguí agrupe el valor que necesitaba: murmuré un hechizo de anestesia y alargué la mano hacia el bisturí...
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