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Humano
Nombre : Gyoss Khartasgo
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Abrí los ojos lentamente, apretando los párpados de vez en cuando para acostumbrarme con la luz del sol que penetraba en la habitación. La confusión me tomó por unos segundos al ser incapaz de reconocer el techo, aunque decidí sentarme al borde de la cama y echar un vistazo a mi alrededor para intentar deducir dónde me encontraba. Era un dormitorio pequeño, la cama pegada a la pared estaba a unos dos metros distancia de la puerta que había en frente, una mesita de noche al lado y una silla al rincón opuesto de la sala. Y con una sola ventana, aparentemente estaba muy bien iluminada. Vi mis ropas tiradas en el suelo, desordenadas, formando un camino desde la entrada hasta el catre.

Podía sentir la sangre martilleando mi sien dolorosamente al punto que necesitaba masajear dicha parte de mi cabeza para reducir el dolor. Un suave gemido a mi espalda me hizo mirar por encima del hombro, encontrándome con la figura dormida de una muchacha. Al parecer no había pasado la noche solo. Aunque el dolor de cabeza y los arañazos que rompían mi piel eran pruebas suficientes de ello. Me quedé unos momentos observando su cuerpo. No tenía un busto “glorioso” y sus piernas eran largas pero delgadas, poca carne, pero sin duda sabía cómo alegrar a un hombre. En cambio, su piel pálida contrastaba con su cabello negro – el día anterior había observado que ese color dominaba en Zhanthé – y un ligero tono rosado cubría sus mejillas. Y no, no era maquillaje. Nariz pequeña y pestañas largas. Era toda una muñeca, sobretodo con esos labios ligeramente hinchados y rojizos. ”Así que no dormí mucho…” Y era cierto, porque el sol no se separaba mucho del horizonte. ”Aun así, la luz casi me ciega.”

¿Cuántas veces me detenía a observar la belleza de los cuerpos que se ofrecían a mí a cambio de dinero? No tenía muchas ocasiones de pasar la noche con alguien fuera de la Cueva, pero siempre que lo hacía, me aseguraba de pagar y dejar el lugar cuanto antes. No podía adivinar el color de los ojos de aquella chica, pero debían de ser hermosos. Y esto demuestra lo borracho que estuve anoche si ni siquiera me acuerdo de cómo acabé escogiéndola a ella. Por un momento se me ocurrió esperar a que despertase y preguntarle sobre su vida, que me contara cosas extrañas que seguramente encontró en su labor, y que hablase sobre su vida anterior y cómo llegó a entregar pedacitos de sí misma para sobrevivir. No me di cuenta de los suspiros que se me escapaban mientras me vestía y tampoco presté atención a las monedas que puse con cuidado sobre la línea que determinaba la columna vertebral de la única persona que ocupaba ya ese colchón.

Salí de la habitación y bajé las escaleras que me llevaban al nivel bajo del edificio: la taberna. A pesar de que era poco pasado de madrugada, varios asientos estaban ocupados y las mesas debían soportar numerosas jarras y platos con comida. Una disimulada sonrisa se plasmó en mi rostro a medida que me acercaba a un grupo de hombres que reconocía ligeramente. Creo que llegué a tomar con ellos e intercambiar historietas – que a saber si eran reales o no – antes de irme con la mujer que dejé hace unos instantes. Se percataron de mi presencia y se voltearon hacia mí con la típica alegría al reencontrarse con un buen camarada. Me senté en el sitio que me hicieron junto a ellos y le di un buen trago al vaso que me dieron. Hidromiel, ¿cómo no? Perfecto para una mañana de jaqueca. Empezamos a reírnos de las tonterías que decíamos cada uno, dándonos de vez en cuando algún golpe amistoso, cuando la puerta del local se abrió. Miré de reojo al sujeto que entraba y fruncí el ceño ligeramente. Acababa de recordar por qué me encontraba ahí. Me apoyé en el hombro del hombre que estaba a mi derecha para ponerme de pie mientras me disculpaba y les decía que me retiraba un rato, aun sonriendo como si nada me estuviese molestando. Aunque a nivel interno, estaba ardiendo.

Hice contacto visual con la persona que entró y con un rápido movimiento de ojos le indiqué una mesa vacía al fondo donde tendría que esperar. Fui al tabernero y le pedí dos copas de cerveza y un plato de gachas. Para mí, obviamente. Puse sobre la madera tres reales y me llevé la comida a la mesa donde se había sentado aquel individuo misterioso. Bueno, supongo que lo era para otros, ya que yo lo conocía y quizás demasiado bien. Me senté, le acerqué una de las jarras y empecé a comer. ”No son las mejores gachas de Garnalia, pero bueno…”

—¿Qué has hecho esta vez? — pregunté antes de meterme otra cucharada en la boca y tragar.  Sólo esperaba no tener esa conversación demasiado tarde y que, por algún motivo, alguien entre por la misma puerta en busca del hombre que tenía delante.— ¿Quién te persigue?
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Humano
Nombre : Ricardo Agripino
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¡ Alto a la inquisición! Por la autoridad de la iglesia de la reforma y los magistrados del reino de Zhanthe quedáis todos bajo arresto, siendo liberados en cuanto se compruebe in situ que no habéis participado de los siguientes cargos- No había entrado un hombre si no varios y fuera habían mas. Todo el local estaba completamente rodeado de inquisidores de las ordenes que no habían acudido a combatir en la batalla contra los ortodoxos. Iban  vestidos con cota de maya sobre la que llevaban un  un veste, aunque este variaba según la orden, algunos llevaban pesados yelmos y otros no, unos iban armados con espada y escudo y otros llevaban una pesada espada larga. El tabernero se acerco a ellos despacio y temeroso-¿Como puedo ayudaros buen señor?- la pregunta del posadero iba dirigida al que parecía ser el líder de todo aquello, un hombre de unos cuarenta años, de rostro curtido y mirada agriada, llevaba un fondo blanco sobre la armadura y una cruz roja.


Los inquisidores:


Los cargos son: Actos impuros, conspiración y confraternizacion con magos oscuros y la profanación de veintitrés aves de corral  - lo estaba leyendo de un pergamino que había desenrollado, no obstante al terminar de citar los cargos lo volvió a enrollar y se lo dio a otro de los presentes para que lo guardara-Os interrogaremos a todos y cuando hayamos terminado nos marcharemos, los culpables o sospechosos nos acompañaran y aquellos que sean inocentes podrán seguir haciendo sus vidas- dio unos cuantos pasos, acercándose a las mesas y mirando fijamente a todos los parroquianos-Si alguno  miente lo sabré, si alguno intenta ocultar información lo sabré- dijo severo-¡Atención!- sonó un grito desde fuera y entonces entre por el umbral de la puerta-Maestre Agripino-dijo casi con odio, llevaba mi armadura y mis ropas de siempre, ademas de la lanza de San Longino, el arma reliquia de mi orden que usaba siempre que quería reafirmar mi autoridad-Capitán - y el veterano pareció estirarse un poco ante mi saludo y con razón. Era tremendamente irresponsable reunir a tantos hombres en un lugar como aquel solo porque le carcomía la envidia, el aburrimiento y la vergüenza-Señor este local...- comenzó a decir el hombre-Es suficiente capitán, los hombres que has traído volverán a sus puestos- apretó los dientes tanto como los puños-Señor, con todo respeto, el maestre de mi orden- pero no le deje acabar y termine la frase por el-No esta aquí, estoy yo. Tu y los demás vais a volver a vuestros puestos y si tu maestre tiene alguna queja le dices que lo discuta conmigo¿Lo has entendido? Bien, ahora ¡En marcha!- le dije y sin mucho mas que hacer empezó a retirarse junto a sus hombres, con lo que solo quedé yo con dos de mis hermanos y de la orden de San Longino.


Me acerque al posadero y le ofrecí una sonrisa tranquilizadora, ya que había sido totalmente ignorado por el idiota del capitán-No pasa nada, seguid con vuestro servicio- después les hable a mis hermanos en voz baja-No hay demasiada gente, cada uno puede cubrir una parte y en poco tiempo habremos acabado, no les obliguéis a contestar si no quieren, no hay motivo ni sospecha para hacer un interrogatorio - cosa que era cierta, no había motivo para sospechar de aquel local ni de aquella gente y yo sabia bien que no había que actuar como los ortodoxos de la iglesia central-No os preocupéis, solo queremos información por si ocurriese algo serio. Estoy seguro de que sabéis que la ciudad no esta pasando por su mejor momento, ninguno estáis detenidos y no tenéis por que contestar si no deseáis hacerlo- tras echar una mirada me acerque a una de las meses y me senté,invitando a los que habían allí a una ronda gratis, ya que necesitaba quitarle tensión al asunto
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Humano
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Seguía frotándome la sien con dos dedos mientras escuchaba las palabras de mi acompañante. Mantenía el ceño fruncido, el cual se relajaba un poco con cada trago que daba y volvía a arrugarse entre sorbo y sorbo. Golpeé la mesa con la mano, dejando encima una tira de pergamino.


Gyoss,
Te envío este mensaje porque necesito tu ayuda cuanto antes. Creo que me han encontrado y me están buscando, ya no hay muchos sitios donde pueda esconderme y pronto no quedará ninguno. Por favor, ven a verme en la ciudad de Zhanthé, búscame entre las dos flores blancas.

Niphe.



Conocí a Niphe en una de mis escapadas de la Cueva. A diferencia de mi, él era un mago oscuro que realmente dedicaba su vida a honrar al Dios, aunque no solía molestarme mucho con eso. Habíamos peleado juntos en unos callejones contra un grupo de matones, nos ganaban en número, pero tanto él como yo sabíamos movernos lo suficientemente rápido como para esquivar sus ataques y dar un golpe definitivo. Podría decir que fue uno de los pocos “amigos” que tenía, pero…

Era la primera vez que viajaba hasta Oriente y me sacaban de quicio las “coordenadas” que siempre daba ese hombre. ¡DOS MALDITAS FLORES! ¡COMO SI NO HUBIESE MILES DE ELLAS POR EL MUNDO! Ah, pero al final encontré esa taberna que tenía dos flores blancas pintadas a los lados de la puerta.
—¿Y me estás diciendo que crees haber dado con la forma de infiltrar a las Sombras en el palacio de Zhanthé? — aparentemente se estaba formando un grupo de magos oscuros que trabajan independientemente (o eso creo) para aprovecharse de los conflictos religiosos que comenzaron recientemente. ”Por mi vida, ¿qué demonios le pasa al mundo últimamente? ¿Y por qué quieren tomar la Republica?” La situación me superaba, además que tenía la sensación de que me habían metido en algo que ni siquiera me interesa.

—Eres un servidor del Dios, debes entender y apoyar nuestra causa. Necesitamos tu ayuda, Gyoss. — Niphe, con cierta desesperación agarró mi mano y la apretó, descargando un poco de su tensión. Rompí el contacto físico y negué con la cabeza. En primer lugar, su plan era todo un fracaso. En segundo lugar, no le veía el sentido. Y por último, no quería meterme demasiado en el problema, sobretodo porque realmente me importaba un comino su Dios. O la Diosa. O lo que sea. —Te ayudaré a escapar, solo a ti y solo por esta vez. En serio, te persiguen hasta los reformados… Eres un dolor en el trasero, ¿lo sabías? — y justo cuando me disponía a vaciar mi jarra, la puerta se abrió. Justo como había temido. Varios hombres armados y con aire autoritario irrumpieron en el lugar. Cerré el puño con fuerza, doblando el pergamino y escondiéndolo. ”Los perros marginados de la Diosa.” Intenté mantener una actitud indiferente, como si no tuviera motivos para sentirme amenazado.

En ese momento me alegré más que nunca de no llevar puesta la túnica de aprendiz de la Fortaleza. Podría pasar como un simple ciudadano aunque me preocupaba que reconocieran a la persona que estaba al otro lado de la mesa. Y estaba más que claro que buscaban a hombres como él, esas acusaciones estaban perfectamente relacionadas con Niphe y ambos lo sabíamos. Seguí de reojo los movimientos del nuevo individuo que entró a la taberna, al parecer era un rango superior al hombre que venía preparado para interrogarnos a todos. El último quedó a cargo de la situación e intentó mezclarse con los clientes. ”El primero altera el ambiente y luego llegas tú para calmar la situación, haciéndote pasar por el «amigo» del mundo. Muy astuto, sin duda.” Miré a Niphe pidiéndole que me esperase mientras me acercaba al supuesto “Maestre Agripino”, sentándome a su lado.

—Saludos, buen hombre. Lamento molestarlo pero la curiosidad me pica. ¿Qué está ocurriendo? ¿A quién buscan? — pregunté, haciendo contacto visual con él por encima de la jarra que acercaba a mis labios. —Verá, llevo tiempo viajando y no paro lo suficiente en un lugar para estar al día con las novedades, incluso el canto de un juglar pasa como el viento cerca de mis oídos.
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Humano
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Uno de los hombres en la taberna se acerco a hablar conmigo, básicamente preguntaba sobre lo que estaba pasando y nuestros objetivos en aquel lugar. Si no llevase mi uniforme y mis armas nadie podría tomarme por religioso, porque mi rostro era corriente, mis ojos eran pequeños y mi mirada era limpia y por eso siempre intentaba mostrarme tranquilo, sin ningún tipo de tensión reflejada en mi figura. Mi papel era el de aportar seguridad a los inocentes y provocar culpa y nerviosismo a aquellos que pretendían hacer el mal-Oh, no os preocupéis. Hace poco capturamos a varios hombres y a un mago negro, yo mismo me ocupe del interrogatorio y contaron que había un plan en marcha para infiltrarse en el palacio - lo estaba diciendo como el que comenta el tiempo que va a hacer al día siguiente en su aldea materna y mientras  cada uno de mis hermanos, incluido yo mismo, observábamos las reacciones los individuos a los cuales les íbamos a preguntar


Esa información ha dado como resultado que hace unos minutos se encontrase el rastro de otro de esos magos, al cual se ha visto entrando aquí- entonces observe, mirando mas allá del hombre que tenia delante unos cuantos movimientos bruscos en la mesa de la que  venia. Yo fingí que no había visto nada e hice como si continuase mi conversación con aquel hombre-Nuestra Iglesia prefiere no matar a no ser que sea necesario, incluso si la persona es no inocente. La magia es como una espada, no es buena ni mala si no que solo obedece los designios de quien la empuña y los que la usan para hacer daño a otros deben ser tratados igual que los que intentan acuchillar a otro para sacarle las entrañas- solté todo ese discurso sin perder la sonrisa ni alterar el gesto e incluí un pequeño silencio porque sabia bien que el mago me estaba oyendo-Normalmente condenaría a muerte a todo aquel que usase la magia para el mal, ya he dicho, pero también existe la posibilidad de entregar al mago en cuestión a los túnicas rojas, de modo que sean los propios magos quienes ejerzan justicia entre si,una mas...Benevolente. Eso solo podría pasar si el mago en cuestión se entrega por voluntad propia, si intenta huir no tendrá ningún tipo de piedad- Mis hermanos ya habían terminado sus pesquisas y como no hicieron ademan de detener a nadie ni de avisarme supe que, por descarte, el mago tenia que encontrarse entre los hombres a los cuales me estaba dirigiendo
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Escuché el resumen a todo lo que había ocurrido últimamente con suma atención, haciendo un gesto con la mano hacia los hombres que conocí la noche anterior; en cuanto la jarra de uno de ellos llegó a mí, le di un par de sorbos. Una sonrisa irónica acabó con la falta de expresión en mi rostro.

—Pobres negros. Juran servir a su Dios hasta la muerte pero no son capaces ni de llevar sus planes y secretos a la tumba. Aunque, si es así, no me gustaría ni imaginarme qué interrogatorios lleváis a cabo. Claro que algunos dicen que usáis a vuestros magos para corromper la mente de las víctimas… — miré mi reflejo en la bebida, haciendo una breve pausa. —Mientras que otros aseguran que se les amputan dedos y orejas después de romper la espalda de uno a base de latigazos. A saber. — me encogí de hombros y me quedé pensando unos segundos antes de alzar las manos en defensa. —Oh, no me malinterprete usted a mí. No soy de cuestionar las acciones de los defensores de la Diosa, yo mismo haría las cosas más horribles del mundo si Ella misma me lo pidiera. Le entregué mi alma con diez años, cuando una pareja de buenos corazones me recogieron de las calles de Puerto Agnolia. No tuve nada y ellos me lo dieron todo, o más bien la Diosa hizo que nuestros caminos se cruzaran. — incliné ligeramente la cabeza hacia un lado, pensando en cambio a mi verdadero pasado y dejándome llevar por la melancolía. ”Qué buenos tiempos aquellos…”
Seguí la mirada del maestre, dándome cuenta de que sospechaba del solitario que estaba a unas mesas distancia. Sonreí con calma y me giré hacia él.

—¡Alyss, ven aquí! — llamé a mi amigo para que se acercara, esperando a que entendiera la situación sin tener que darle yo explicaciones que nos decapitarían a ambos. En cuanto llegó junto a mí le hice sentar a mi lado. Por un lado tenía ganas de maldecir su cutre capa oscura, todos los servidores del Dios tenían esa tonta costumbre de vestir ropas negras que les delataban de leguas. —Maestre Agripino, si me permite llamarle así, este hombre es Alyss, mi hermano mayor. Espero no le moleste que le introduzca en la conversación, pero hace años que no nos vemos, desde que yo abandoné mi hogar con afán de ver mundo. ¡Y por obra de la Diosa, hoy nos encontramos aquí! Me gustaría pasar el tiempo que pueda con él ya que pronto volveremos a separarnos. — se me escapó una risa y seguí bebiendo. Informé al supuesto Alyss de las novedades que me contó su desgraciadamente cazador, como si él no estuviera al tanto de ello. Entonces se me ocurrió algo.

—Señor, si me permite, ¿cómo descubristeis que aquel supuesto mago ha llegado aquí? ¿O como podríais reconocerle? Me gustaría poder serle de ayuda, si cree que es posible. — le pregunté al religioso antes de indicarle al tabernero que nos trajera una botella de ron.
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Sonreí, una sonrisa jovial, una sonrisa tranquilizadora-vaya vaya, no, buen amigo, creo que te has dejado llevar por las habladurías porque lo único que hice fue ser mas listo que ellos. Un mago estudia mucho y acumula saber pero eso no quiere decir que cultiven su intelecto de la misma forma- e hice un gesto con mi mano izquierda mientras apoyaba el mango de la lanza en el frió suelo del establecimiento-Si le quitas la magia a un mago¿Que te queda? Solo un hombre corriente como los demás, que al no poder disponer de sus poderes entrara en pánico


Escuche pacientemente cada una de sus palabras y aunque fingí interés en realidad me interesaban mas los demás, e incluso había introducido a un tercer hombre en la conversación-excusatio non petita accusatio manifesta- me dije, porque aquello no era normal, incluso en la iglesia de la reforma ser acusado de colaborar con magos negros era un cargo terrible y la mayoría de personas se mostraba temerosa incluso aunque no tuviese nada que ver, de modo que cuando yo iniciaba mi teatro de sonrisas y buenos modales  quedaban dos tipos de personas: Los  que intentaban esconderse en el silencio y el perfil bajo y los que acuden para intentar distraer la atención. El hombre que tenia delante no era un mago negro, de eso estaba seguro, pero seguramente intentase proteger a alguno.El teatro no duraría mucho mas.


Os contare mi pequeño secreto pero no lo vayáis diciendo por ahí- dije acercándome a ellos mientras susurraba con extremo cuidado-¿Veis la lanza que porto? Bien pues es la legendaria lanza de San Longino, una reliquia bendecida que anula la magia, de modo que nadie dentro de este edificio podrá hacer magia mientras yo este aquí- hice un gesto con la otra mano y mis hermanos se colocaron despacio en las salidas, uno en la puerta y los demás en las escaleras-Pero eso no es todo porque esta lanza también puede delatar a un mago si este tiene contacto directo con ella...- guarde silencio y luego me dispuse a levantar la voz para que todos me oyeran-Bien, creo que es hora de que nos marchemos, poneos todo en fila por favor, os tocare con esta lanza y así sabre quien es el mago.
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