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Humana
Nombre : Lumière Noire
Escuela : La Torre, Escuela del Lago de la Luna
Bando : La Diosa
Condición vital : Viva
Cargo especial : Maestra de Magia Básica (La Torre, Lago de la Luna), Miembro del Concilio
Rango de mago : Archimaga, Experta en Magia de Agua
Rango de guerrero : Guerrera experta (Espadas y mazas, una mano), Guerrera aprendiz (Mazas y martillos, dos manos), Aprendiza de Hielo
Clase social : Plebeya
Mensajes : 314
Fecha de inscripción : 05/05/2011
Edad : 24
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A decir verdad, ser archimaga no había cambiado mucho en mi vida. Seguía siendo la misma maestra de siempre que pasaba la mitad de la semana en la Torre y la otra mitad en el Lago (sabe la Diosa que necesitan ayuda con tanto alumno si han tenido que cerrar la escuela a nuevos estudiantes), y ni llevaba las túnicas doradas de los archimagos porque me parecían demasiado llamativas y que llevarlas era algo de mal gusto (fuera de las situaciones oficiales, como reuniones del Concilio, donde destacaría por no llevarlas). Es el tipo de cosas que hace la gente que necesita aferrarse a su rango y el poder que le concede para estar segura de sí misma.

Así que en la Torre me encargaba de mis tareas habituales vistiendo las túnicas marrones de los maestros, y en el Lago llevaba las túnicas de azul de noche que se suelen llevar ahí. Lo típico: guiar a los alumnos, salvarles cuando invocan demonios aun sin tener el rango necesario para estudiar esos hechizos, detener incendios, calmar los animales sobresaltados por algún desastre mágico... Al menos estos últimos años han sido muy tranquilos y no ha habido incursiones de parte de bandos enemigos, sean del Dios o del Dios del centro o ajenos a los dioses. Me dejé caer en una rutina agradable, disfrutando de las distracciones que ofrecían los estudiantes que se equivocaban al lanzar un hechizo o las clases magistrales que organizaba de vez en cuando para los alumnos con más problemas.

Una parte que no puedo decir que me entusiasme mucho del magisterio es la parte más burocrática. No quiero decir que haya mucho de eso en una escuela de magia, porque un alumno nuevo solo necesita llegar, tomar una habitación y poco más. Por otra parte, la biblioteca de la Torre es especial. Entre que los libros echan a volar y muerden a los alumnos que hacen demasiado ruido, que las estanterías se mueven por si solas por la noche y que la biblioteca parece un laberinto, es uno de los mayores quebraderos de cabeza también por el hecho de que se permite a los alumnos sacar libros y algunos de ellos los tienen fuera durante un periodo de tiempo demasiado grande. Narshel nunca fue una señora muy severa así que la mayoría de alumnos se quedan con advertencias, pero para saber a quién hay que advertir hay que mirar los registros, buscar los libros (con métodos mundanos o mágicos), comprobar su estado...

En fin, no es mi trabajo favorito. Por suerte, los libros estaban embrujados y la mayor parte volvían aleteando por si solos, deslizándose por el aire cuando les llamaba y se iban tranquilos a su rincón de la estantería, por lo que las veces que tenía que manifestarme físicamente en medio del Desierto Eterno para informar a un alumno que tenía que devolver el libro a su lugar eran pocas, pero ocurría.

Estaba sentada en el despacho donde se lleva a cabo todo ese papeleo. A mi izquierda tenía una bola de cristal que servía de óculo, en frente tenía un viejo libro de cuentas de dimensiones titánicas, una pluma y un tintero, y a la derecha tenía unos cuantos libros puesto uno encima del otro que esperaban su turno para la revisión. Es un trabajo aburrido pero, al menos, los maestros (todos detestamos llevar la biblioteca) nos turnamos para desempeñarlo, y no es un trabajo que canse mucho físicamente. No es mucho consuelo, pero podría ser peor, ¿no? Me imagino que el que tuviera que hacer frente a la biblioteca después del ataque de Arthenos no se lo pasó muy bien, con todo eso de las llamas y el nigromante.

De pronto, se me plantó un libro encima del registro. No me sorprendí demasiado pero sí me sobresalté un poco, tan absorta estaba en mi tarea de mirar a través de la bola de cristal, rezando por no encontrarme con el libro en las profundidades del mar Celathia. Como ya he dicho, los libros de la biblioteca parecen tener vida propia, y los más viejetes de todos se vuelven un poco seniles, o los libros que se vieron peor afectados por el incendio. Se cierran de improvisto y muerden a quien los está consultando, echan a volar sin provocación... pero no suele ser un problema para la mayor parte de los magos.

Este, en concreto, volvió a abrirse tras haber pronunciado un conjuro para tranquilizar a los animales (sorprendentemente, este hechizo considera a los libros como tal), y dejó ver que entre varias de sus páginas había folios externos. Los miré con curiosidad, viendo unos diagramas y párrafos de teoría sobre, en palabras llanas, cómo encantar armas y armadura. Por el aspecto que tienen y la organización, parecen ser una mezcla de apuntes e hipótesis propias. Estoy segura de que la persona que había sido interrumpida por el libro aparecería más temprano que tarde, pero he de reconocer que me picó la curiosidad. Tengo experiencia con las armas encantadas y conozco varios herreros enanos que me han hablado hasta la saciedad de cómo infundir energías arcanas en medios físicos como metales, así que tengo que decir que es un tema que, si bien no me apasiona del todo, me interesa.

Así que le dije al libro que volviera al lugar del que había huido y yo le seguí, preguntándome quién habría escrito estas páginas. Creo que se alegraría de tenerlas de vuelta.

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