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Elfo
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Lind i vinuineth {libre}por Ilmarin Arahael, el Lun Mayo 28, 2018 12:44 am
Tras tres años estudiando, más bien divirtiéndome, en la escuela del Lago de la Luna, decidí que ya iba siendo hora de cambiar de aires. La noche eterna es encantadora pero me parece recordar que me gustaban los amaneceres. No estoy seguro; hace tanto que no veo uno que difícilmente recuerdo el color del cielo al alzarse el regalo de la Diosa a iluminar de luz el mundo. Se mezclaba el rosa con el naranja y el amarillo y el azul y el morado, trazando rayo a rayo, pincelada a pincelada, una de las vistas más bellas que he visto en mi larga vida, sin temor a equivocarme. Tiene el salir del sol algo que hace que yo, elfo en la flor de la vida, de apenas doscientas veintiuna primaveras, me estremezca todo.

La luz de las estrellas no tiene el mismo efecto sobre mí. He pasado largas noches contemplando la bóveda celeste desde la tranquilidad de la escuela del lago y he memorizado todas las constelaciones que se ven en esa parte del mundo. Es difícil no hacerlo debido a la omnipresencia que tiene lo estelar por esos lares, donde su luz y la de la luna bañan cada muro, cada brizna de hierba, cada hoja de libro, cada cuerda de lira. Si la escuela del bosque peca de cegar a sus alumnos con sus techumbres de oro y lámparas de luz de día y con las hojas bruñidas de sus árboles, la del lago hace lo mismo por falta de luz, por la penumbra en la que no sabes si ves o no ves.

Claramente estoy exagerando en ambos casos, pero bien es cierto que en las últimas semanas se apoderó de mi una poderosa melancolía y la noche eterna había calado en mi alma y supe que mi estancia en la escuela del Lago de la Luna había llegado a su fin, al menos por ahora, y necesitaba desvanecerme y reaparecer en un lugar ni tan brillante ni tan oscuro. Mi próxima parada fue, por tanto, la torre del valle, y así podría decir que he puesto pie en las tres escuelas de magia básica del bando de la Diosa que siguen en funcionamiento a día de hoy. Por suerte, una de las maestras del lago también lo era de la Torre, así que, tras explicarle mi situación y confesarle mis deseos de ver el sol una vez más antes de que la Diosa reclamara mi alma inmortal (de nuevo, exagero), accedió a llevarme consigo de vuelta a la Torre cuando volviera, porque pasaba unos días aquí y otros días allá.

No tardé mucho en recoger todas mis pertenencias y hacer mi bagaje antes de encontrarme, de pronto, en medio de un bosque verde, ante unas puertas colosales de hierro que juntan las dos mitades de una alta muralla de fría piedra milenaria. No había ninguna señal que indicara el lugar en el que estaba, pero bastaba con alzar la mirada y ver la colosal torre que se alzaba hasta los cielos para saber que, sin duda, había llegado a mi tercera escuela. Le di las gracias efusivamente a la maestra y le dije que, veterano de otras dos instituciones como esta, seguramente sería capaz de valérmelas por mi mismo en este nuevo entorno. Y, la verdad, es que tuve razón: encontré una habitación libre que daba al este con unas vistas increíbles del Valle (aunque no disfruté de ellas hasta más tarde porque habíamos llegado de noche; se prorrogaba la influencia del lago en mi ser) a los cinco minutos de haber puesto pie en la escuela, encontré los laboratorios, la enfermería, la biblioteca, la sala de pruebas y, lo más importante de todo, los baños. Ah, y las almenas, el observatorio... bueno, ya sigo.

Resulta que había perdido toda noción del tiempo en el Lago de la Luna, como suele hacer la gente, y acostumbraba a dormir en lo que resulta ser el día, y mis horas activas eran cuando la luna y toda la hueste de las estrellas brillaba en lo alto. No me molesta del todo; alcanzaba a estar despierto las horas suficientes como para ver la silueta de naranja del sol emergiendo detrás de los picos de las montañas que aislaban el Valle del resto del mundo. Escuchaba los primeros cantos de los pájaros con el alba, veía el rosicler de la aurora, el cielo pintado por la paleta de la alborada, y durante un momento el Valle parecía ser un mundo distante, ajeno, fantástico. No parecía de este mundo. El Bosque Dorado al amanecer se fundía con toda la variedad de colores que el sol le arranca al cielo y parece un mar de oro y rosa. El bosque del Valle, sin embargo, rechazaba mezclarse tan fácilmente con la luz del amanecer. Las hojas verdes de los árboles desentonaban contra la calidez del sol naciente y parecía un mar de sombras contra el polícromo cielo.

Entré, así, en un ritmo que esperaba romper algún día de estos, porque no hay mucha gente que esté despierta por la noche en el Valle, solo los lobos que lo habitan y yo, un elfo que ha pasado tanto tiempo por la noche que parece huir del día. En estas noches sin dormir, conocí íntimamente la Torre que sería mi hogar en la próxima etapa de mi vida, y pasaba horas vagando como alma en pena por sus pasillos vacíos, pasaba horas en su silenciosa biblioteca, disfrutaba de largos baños en el silencio sepulcral de la noche y me paseaba por los jardines de la Torre y me divertía encantando flores para que brillaran por la noche con el color de sus pétalos. Frecuentaba las cocinas de la Torre y sus famosas despensas que generaban comida a partir del puro aire, manjares de cien patrias y países diferentes.

Realmente, me sentía como el Fantasma de la Torre. De vez en cuando bajaba al Valle y paseaba por ahí. No les tenía miedo a los lobos. Además de que no estaban malditos como lo estuvieron en mi infancia, soy un mago casi completo. Con mi voluntad doblego los elementos: tierra, aire y agua. Dudo que un lobo pueda llegar a hacerme daño. Además, con los hechizos para comunicarme con los animales, no hacía falta llegar a tales extremos para tratar con los lobos. No diré que son criaturas nobles porque, como elfo, sé que los reyes del bosque son los unicornios. Hay gente que hasta dice que en el Valle vive uno, pero nadie lo ha visto o reconoce haberlo hecho.

Esta noche me desperté con el atardecer y, tras el desayuno y las abluciones diarias, pasé un rato hablando con los alumnos que aún no se habían ido a dormir. Cuando ya me quedé definitivamente solo por las muchas horas que quedaban hasta el atardecer, continué con mis rondas. Esta vez, acabé en los jardines con mi lira, donde se habían juntado unos cuantos grupos de luciérnagas que llenaban el lugar con sus luces parpadeantes, pequeños luceros que volaban de hoja en hoja como estrellas en la bóveda celeste. Me recuerdan al Lago, pero de una manera buena. En el vestíbulo de la escuela hay suspendidos orbes de luz que representan las diferentes constelaciones el en cielo, y puedes flotar y volar entre ellos sin quemarte o hacerte daño. Me recuerda a algo parecido, pero ahora son las estrellas las que vuelan a mi alrededor.

Así que me puse a cantar, inspirado por el espectáculo de luces, canciones sobre la noche y las estrellas, cantando para mi público de hojas y hierbas y flores y luces, acompañando mi voz con el sonido de la lira. Me vinieron a la mente canciones de mi infancia e himnos de la creación del mundo, ligeras baladas de Tamika y poemas en la lengua de Gadrýl que unía a la melodía del instrumento que de hace tanto me acompaña. Todo esto lo hacía a volumen bajo para evitar despertar a los alumnos que dormían en el primer piso, aunque no creo que nadie se molestara al asomarse por la ventana y ver tal espectáculo.

Acabé por cantar canciones de amor por lo romántico que tenía la situación.

nin imelloth, ni veril en dalath

suin elloth min erig, nin veleth
hen vin eldrim sellath

suin arwad min eryn dewarath
nin veleth hen eldrim ionnath
hemmin min glass nui núath
ar enni velui ti annathsoy el lirio de los valles, la rosa del prado

como el lirio entre las zarzas, así es mi amada
entre las hijas de los elfos.

como el manzano entre los árboles del bosque,
así es mi amado entre los hijos de los elfos,
me senté gustosa bajo su sombra
y saboreé el dulzor de sus frutos.


ti nuin dóllen hairdeith
ar rotha ní na fuirdeith

Nallon, sellai Elenath!
na erais na talvath
ar in aewen venelath
ú-rithai nin velethcon su mano izquierda bajo mi cuello,
con su mano derecha me abraza.

¡Oídme, hijas de las estrellas!
Por los ciervos de los prados
y los pájaros del cielo,
no despertéis a mi amado.

La canción, realmente, es a dos voces. Yo solo tengo una y no hay ningún elfo despierto a esta hora que quisiera acompañarme en mi pequeño concierto, así que me tocaba cantar la parte de la amada y la parte del amado. No es algo que me molestara; cualquier cosa por hacer la noche más corta, el universo más bonito y los instantes más ligeros.


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Re: Lind i vinuineth {libre}por Yil, el Lun Mayo 28, 2018 10:54 pm
Cuando abro los ojos, mi cuerpo no me responde. Me pongo nervioso, mi cuerpo se tensa, pero no se mueve, y es entonces cuando noto un sabor amargo en la boca, como con un toque dulce y amargo como el amor, y la garganta me escuece como si ardiera.
Sé que me han drogado.

Escruto mi alrededor dentro de lo que me permite la parálisis, buscando algo o alguien, pero solo veo la oscuridad nocturna que se cuela por la ventana de mi habitación. Pero de repente, oigo la respiración entrecortada, el sutil sonido de los pasos de un hombre, y cuando vuelvo mi mirada hacia las sombras, contemplo el contorno de su figura, aún más oscura que la terrible noche y mi corazón está a punto de quebrarme el pecho. Soy consciente de que voy a morir.

Kindum asghar, Yil’e? —sus dientes brillan entre la oscuridad, y su rostro me revela la más terrible de las noches. La luz de la luna se filtra a través del cristal de la ventana de mi habitación, golpeando sus facciones, y se me hiela la sangre.

Hago el esfuerzo de moverme, pero mi cuerpo está ya muerto antes de que él me mate. Es él, y mi nombre en sus labios me desagrada, y su sonido en su voz me parece algo ruin y despreciable, tanto, que mi nombre rebota en mi pecho, como un latido fiero y salvaje, como un golpe, el mismo golpe de su cuerpo desnudo sobre el mío como otras tantas veces. Quiero que se vaya, pero no puedo articular palabra alguna. El calor de su piel me transmite el frío de la escarcha, y me siento sucio y frágil encerrado en un hombre duro. Oigo su respiración agitada y el gemido del cuchillo que está desenfundando.

Entonces, acepto mi destino y cierro los ojos.

Una sacudida en mi pecho, siento que caigo, antes de sentir el dolor, noto mi corazón bombeando con fuerza bárbara; sobre mi pecho, sobre mi cuello, sobre mi cabeza.

Y entonces, despierto.

Tengo toda la cama empapada de sudor, y con un poco de miedo, alzo mi brazo para comprobar mi movilidad. Se levanta temblando, como una hoja sacudida por el viento. Me incorporo, y quedándome con las piernas cruzadas, observo el vacío que hay entre mis pies; y con el corazón aun golpeándome el pecho, tengo ganas de gritar y romperlo todo. Pero no lo hago, porque soy consciente de que no serviría de nada.

Me levanto de la cama con un salto torpe como de oso borracho y miro a mi alrededor, pues siento que todo está vivo, todo está mirándome, todo está oculto. Las sombras se sienten hoy muy pesadas, y mi propio nombre se clava en mi pecho, como una piedra incrustada en la tierra.

Sé que a pesar de que solo fue un sueño, no voy a ser capaz de dormir en lo que queda de noche: no quiero pasar más tiempo en este lugar, pues me hace recordarle.

Salgo de mi habitación teniendo cuidado de no hacer mucho ruido para no despertar a los demás alumnos. Hoy la puerta solloza ora al abrirla, solloza ora al cerrarla. La piedra del suelo me muerde los pies, y es justo cuando siento el frío helado de la noche que me doy cuenta de que solo llevo puesto unos pantalones cualesquiera; pero no quiero volver a entrar allí. No durante esa noche, no hasta que las sombras abandonen aquel lugar.

Bajo las escaleras, lentamente, sintiendo un constante golpe en la sien, como un herrero caprichoso azotando los metales con su martillo. Pero cada peldaño que bajo, cada piso que desciendo, mi cuerpo se va acostumbrando al frío y mis ojos a la oscuridad. Nunca había visto la escuela de noche, pero su silencio tan quebradizo me causa respeto, casi ajeno al mundanal ruido al que suele someterse por el día: si quisiera, podría articular una silaba, y rompería todo aquel tejido mudo y sordo que la envuelve, pero no lo hago. No soy tan malvado.

Una vez que llego al vestíbulo, oigo un sonido que hace callar durante unos segundos el traqueteo de mi corazón. Es un sonido puro y fino como un riachuelo, incapaz de quebrar el silencio; sin embargo, lo cambia, atraviesa las paredes. Es un silencio que ya no es un silencio, es otra cosa.

La beldad de lo que escuchan mis oídos me arrastra como un río oscuro, sin ser consciente de lo que hago. Abro la puerta, y me deslizo por ella y salgo hacia los jardines. Noto el silbo del aire deslizándose por mi torso desnudo, colándose por el interior de mis pantalones, y por unos instantes piensos en dar marcha atrás y refugiarme de aquel frío nocturno. Pero mis piernas arrastran por aquel paraje de estrellas, flores negras y tierra desnuda. El sonido crece.

suin arwad min eryn dewarath
nin veleth hen eldrim ionnath
hemmin min glass nui núath
ar enni velui ti annath…


Oigo el sonido de un instrumento que no reconozco, pero me hace sentir desdichado; y oigo una voz en palabras extrañas que me hacen sentir pequeño. Una extraña sensación me aprieta el pecho, y sigo caminando en busca del autor de aquella melodía. La tierra cruje bajo mis pies desnudos, noto las piedrecitas clavándose en mis carnes y el césped retorciéndose bajo mi peso, pero hay una cancioncita que arde en mi corazón y que me impide pensar en mi claridad. Miro las estrellas, el arrullo de las sombras, buscando al causante de aquella canción.

ti nuin dóllen hairdeith
ar rotha ní na fuirdeith


Las mejillas me arden, giro sobre mi mismo. La música parece salir de todas partes y el mundo me tira, pero no sé a donde ir. Ando sin andar, con miedo de nunca encontrar el dueño de aquella voz, sin cuidado de pisar en donde no debo pisar; me tropiezo, pero no me caigo ni me detengo. Agudizo el oído. La melodía me llama desde detrás de un árbol, y noto su dulce sabor en mis labios, en mi lengua, como un beso largo y salvaje que me corta la respiración.

Nallon, sellai Elenath!
na erais na talvath
ar in aewen venelath
ú-rithai nin veleth


He corrido sin hacer ruido, y estoy detrás de alguien que la oscuridad no me permite ver, al lado del árbol que crece en la firme y fría tierra. Su voz ha callado, y el mundo me parece solo una sombra de lo que era, algo incompleto, un boceto. El silencio volvía a ser silencio.

Y lo intenté, pero no pude. No pude callar el llanto.

No hago nada, no oculto mis ojos ni mis lágrimas. Me quedo inmóvil, como un cervatillo asustado, observándolo entre las estrellas y la luz de luciérnagas. Y apenas puedo percibir su contorno, porque una nube oscura oculta la luna.

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Re: Lind i vinuineth {libre}por Ilmarin Arahael, el Mar Mayo 29, 2018 2:39 am

alae! i lam nin veleth!
alae! tol or in aeglarath
halth or in amonath¡La voz de mi amado!
¡Miradle! ¡Viene saltando sobre las montañas,
corriendo por las praderas!

Iba a seguir cantando, si no fuera por el hecho de que me había parecido escuchar algún ruido perturbar la quietud de la noche. Es decir, además de mi propia voz y el sonido de la lira, pero no creo que podamos calificarlos de ruido, ¿no? Al menos, espero que no. Me pregunto si es un aprendiz cuyo sueño había perturbado y quería pedirme de manera muy educada (sin duda) que me callara y que fuera a hacer otras labores de fantasma además de pegar alaridos cuando está la luna en lo alto.

Sin embargo, al agudizar el oído me doy cuenta de que los ruidos no son los de un aprendiz encolerizado ni nada así, y el hecho de haber parado de cantar me permite identificar con mayor facilidad los sonidos que emergen de las sombras. ¿Alguien estaba... llorando? Eso hizo que me extrañara bastante, porque la canción no era ni de cerca una canción triste; más bien, era el reencuentro de dos amantes, la música era alegre y celebraba su reunión. ¿Por qué, entonces, escuchaba sollozos?

Me puse de pie, dejando la lira flotando en el aire, y me giré para ver quién era la persona que lloraba. Justo cuando lo hice, sin embargo, una nube intempestiva cubrió la plata del cielo y la resplandor de sus gemas, por lo que ni mis ojos de elfo alcanzaron a penetrar entre las penumbras que se cernieron sobre mí y mi acompañante, mi público antes desconocido. Una suave brisa bailó entre las hojas de los árboles. Pestañeé y dudé un segundo: ¿quería entrometerme entre aquella persona y los motivos por los que estaba llorando? Me vi sobrecogido de pronto por una especie de vergüenza y quizás culpabilidad. ¿Había provocado yo las lágrimas, sean o no de alegría, de quienquiera que ocultara la noche?

Decidí luego que, si el cielo no quería regalarnos su luz en estas horas de la noche, tendría que movilizar mi ejército de astros terrestres, mis luceros parpadeantes. Inspiré y exhalé, y dejé salir de mí parte de mi esencia mágica, dejando que se mezclara con la brisa juguetona para enviar mi petición a las luciérnagas. Poco después, la nube de farolillos flotó hasta cubrir el espacio que nos separaba, y con la luz que daban alcancé a distinguir unos trazos que emergían de entre las penumbras, dando cuerpo a la voz oculta.

Bañado en la luz amarillenta de las luciérnagas vi a un hombre que estaba deshaciendo su alma lágrima a lágrima, que, pese a ser corpulento y tener la melena de un león, fuego encarnado, me pareció en ese momento la persona más vulnerable de este lado del océano. No supe cómo reaccionar, así que me quedé mirándolo, en silencio, escrutando cada fibra de su ser. Apenas iba vestido, llevaba puestos solo unos pantalones; el resto de sus cuerpos estaba expuesto a los elementos, a las caricias del viento y al mordisco del frío nocturno. Me llevé las manos al cuello y me desabroché el manto verde que pendía de mis hombros. Suave, de la Elendë, era ligero a la vez que cálido.

Me acerqué al hombre en silencio, dudando a cada paso que daba al salvar la distancia entre nosotros, pero él tampoco parecía estar seguro de qué hacer. Me miraba como si estuviera aterrado, como si fuera él un cervatillo y yo un cazador esperando el mejor momento para soltar mi flecha. Su cara estaba surcada por riachuelos cuya causa desconocía, pero coloqué el manto sobre sus hombros antes de atreverme a pronunciar alguna palabra. Cuando me sentí con fuerzas, no supe si debería seguir cantando o, de momento, dejarlo. Quizá lloraba porque le había despertado de unos muy plácidos sueños.

¿Por qué lloras?

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Re: Lind i vinuineth {libre}por Yil, el Mar Mayo 29, 2018 5:43 pm
Siento un movimiento, el crepitar de las hojas lo delatan. Al levantarse, sus botas han hecho crujir la tierra, y sé que está ahí, de pie, escrutando la oscuridad en la que me encuentro; pero los dos apenas somos dos sombras que apenas logran a percibirse en medio de la noche. Lo oigo respirar, y hago el amago de acercarme a él, pero tengo miedo de turbarlo. Después de todo, me encuentro en un estado lamentable: las lágrimas lamen las facciones de mi rostro, estoy parcialmente desnudo y tengo los pies llenos de tierra y de arañazos como una alimaña salvaje. ¿Qué pensaría de mí si me viera?  

Además, algo se ha roto en mí. Desde que ha detenido su canto, noto un terrible vacío en mi pecho que ni el perdón ni un nombre mejor podrían llenar. El sonido del viento se ha convertido en algo hosco y desagradable, como si fuera la primera vez que lo oigo de verdad, como si fuera la primera vez que me atrevo a escucharlo.

Entonces, todas las cosas callan para dejarme escuchar su exhalación. El sonido que proyecta su aliento es cálido y delicado como una caricia en mi pecho desnudo que me protege de la escarcha de la noche, y su aroma a bayas y a frutas del bosque es como un beso que dejo posar sobre mis labios y cierro los ojos unos instantes hasta que esa fragancia afrutada y dulce me abandona. Todas las cosas que habían enmudecido se arrastran ahora siguiendo la estela de aquel soplo, y las luciérnagas que ahora brillan con una inusual intensidad, me envuelven, revelan mi forma y completan el dibujo del lamentable ser que soy. Pero yo soy incapaz de verlo.

Se acerca a mí, la hierba canta bajo el peso de sus pies y poco a poco, su figura va revelándose ante mis ojos; conforme se acerca a la luz de los farolillos alados. La mitad de su cuerpo está oculto bajo una capa verde que sostiene con las dos manos, y la tela se agita ante las tímidas caricias del aire, ciñéndose más a su cuerpo, contorneándolo. Las sombras se deslizan por su rostro, mostrándome un rostro suave y delicado, unos ojos grises y serenos, y un cabello largo y cobrizo. A cado lado de su cabeza, dos alargadas y afiladas orejas crecen como agujas, y mechones de hilo rojo descienden por detrás de ellas. Es bello, tan terriblemente bello, que por unos instantes mi corazón deja de latir.

Es tan bello, tan tristemente bello, que en el eterno reflejo de sus ojos me observo como una criatura hosca y desagradable, como un ser borracho y deforme.

Y, aun así, me rodea con sus brazos y me coloca aquel manto de dulce verde. Sin querer, una de sus manos me toca, se desliza por mi piel y aunque la aparta rápidamente, una parte de mi mente se aferra a aquella sensación y noto como mi hombro desnudo arde. Se inclina hacia mi para abrocharme aquellas vestiduras, y el olor afrutado vuelve y me inunda la nariz, y tengo que luchar para no lanzarme hasta sus labios y beber los dulces jugos de la primavera. Mi corazón tiembla, como un ave herida. La capa que me ha puesto es tan suave como una onda de agua, y cada vez un pliegue de la tela que me toca a causa de la brisa, siento como una caricia suya que me protege del frío, que me aleja de la noche.

Se aleja un par de pasos, y la deliciosa fragancia de sus labios desaparece y me vuelvo a sentir dichoso. La parte más racional de mi piensa: «Te sientes tan vulnerable porque es la primera vez que estás tan cerca de un elfo», pero no estoy seguro de que sea eso.

¿Por qué lloras? —pregunta.

No sé qué decirle, no sé qué pensar. Sus palabras rebotan en mi mente. Tengo un nudo en el estómago y ganas de amarlo, y su cuerpo me atrae con fuerza bárbara, pero me mantengo inmóvil en el sitio. Porque si lo hiciera, si manchara su piel pálida y tersa con mis mugrientas manos de bárbaro, si corrompiera sus labios con los míos, si lo amara con amor humano, sería como romperlo, como apagar una vela que nunca más sería capaz de volver a encender. Ante mis ojos está la criatura más bella y más frágil que he visto nunca, y no sé qué hacer, no sé qué hacer. Si él desapareciera, sería como vivir en un mundo sin amor. En un mundo que no mereciera la pena.

Lloro porque nunca había escuchado algo tan bello —le explico mientras me froto los ojos para limpiar las lágrimas. Noto mi grave voz temblar, mi voz de hombre duro, frágil como un trozo de cristal porque siento vergüenza de mis palabras, todas feas y despreciables. —Solo he oído hablar de la música, esta es la primera vez que la oigo.

Entonces me arrepiento de lo que he dicho. Quiero decirle que, a pesar de ello, que, aunque escuchase todas las canciones del mundo, jamás olvidaría aquella cantada por él, que sería la más bella, que sería como la luna en un mar de estrellas y sueños rotos. Quiero decirle que su canción me ha matado, que su voz me enternece cuando toca sus labios y que sus ojos grises me recuerdan a los de mi madre. Quiero decirle todo aquello, pero no me salen las palabras ni tengo el valor para hacerlo.

¿Y tú? ¿Por qué cantas en mitad de la noche? —pregunto después de un rato. No es lo que quiero decirle realmente, pero es lo único que me sale. Entonces, vuelvo a notar el peso del manto que me protege del frío: es tan suave, tan ligero… a veces olvido que la llevo puesta —Por cierto, gracias por la capa.

Tampoco es lo que quiero decir. Pero no soy capaz de dar más de mí. Las palabras se me atragantan y siento vergüenza de mi acento salvaje que revela que no soy de estas tierras. Llevo mucho tiempo en la escuela, y desde entonces, sentía que estaba haciendo progresos con el idioma. Pero hoy las silabas se me tropiezan, las palabras más complejas que tanto tiempo había tardado en aprender se me olvidan, bailan en mi mente. Todo lo que digo me parece estúpido e infantil, y todo mi cuerpo está en una incómoda tensión que me impide moverme con libertad.



Última edición por Yil el Jue Mayo 31, 2018 2:00 am, editado 1 vez
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Re: Lind i vinuineth {libre}por Ilmarin Arahael, el Miér Mayo 30, 2018 1:13 pm
Lloraba porque nunca había escuchado algo tan bonito y, la verdad, no supe cómo interpretarlo. El hecho de que me lo hubiera encontrado llorando tan desconsoladamente me sugiere que es verdad, pero hay parte de mí que sugiere que la canción, quizás, le haya recordado algo que había mantenido enterrado durante mucho, mucho tiempo, sentimientos que había ignorado durante tanto tiempo y ahora, al oír la música de mi voz y los acordes de mi lira, reclamaban ser oídos y se alzaban a la superficie.

Quizás... nunca antes había oído una canción en su vida, pero la idea me resultaba tan estúpida que tuve que dejar de pensar en ella para no reírme en su cara. No lo digo con maldad, pero simplemente me resulta inconcebible una vida sin música y canción. Quizá quiso decir que, comparado con lo que había escuchado, las demás canciones que había conocido a lo largo de su vida se quedaban muy cortas. De cualquier modo, sus palabras me halagaban y me hacían sonreír, aunque notaba que el hombre, el león que llevaba mi manto, no se encontraba del todo bien. Su voz temblaba y no parecía seguro de sus palabras. Me preguntó, a su vez, por qué cantaba yo por la noche (y me dio las gracias por el manto), y yo alcé la mirada al cielo antes de responder.

Canto para que la luna se vaya rápido y que salga el sol. Ven.

Le tomé de la mano y le llevé hasta donde me había sentado antes, donde flotaba aún mi lira en el aire, y mi hueste de luceros nos siguió y se dispersó, bañando la escena con una luz suave y uniforme. Yo volví a sentarme bajo el mismo árbol de antes, tranquilo, y volví a tomar mi lira. Él también se sentó después de unos segundos de duda. ¿Acaso temía volver a echarse a llorar si comenzara a cantar de nuevo? ¿O se debe esto a un motivo que no alcanzo a entender? Por un instante, se me pasó por la cabeza que podría ser la primera vez que ha visto a un elfo, pero... he sido el primer elfo de muchos humanos y, aunque varios expresaran sorpresa e incredulidad al verme, la mayor parte de la gente no le otorgaba mucha importancia a este hecho. Casi todos querían tocar mis orejas, pero esa interacción era el extremo de mi rareza. Para todos, casi siempre acababa siendo un hombre alto y de orejas puntiagudas que podría perfectamente ser su tataratataratataratataratataratataratataraabuelo.

He pasado años en un lugar en el que siempre es de noche, así que estoy acostumbrado a estar despierto cuando brilla la luna. Sin embargo, creo que soy el único con estos hábitos, así que paso gran parte del tiempo solo. No hay nadie despierto, así que solo me queda vagar por la escuela, leer y cantarle a la luna y las estrellas —Toqué unas cuantas notas con la lira antes de continuar hablando—. ¿Y tú? ¿Qué haces que no duermes, león? ¿Te encuentras bien?


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Re: Lind i vinuineth {libre}por Aaliyah Dunne, el Miér Mayo 30, 2018 7:34 pm
La luna se alzaba ante mí como un diamante brillando en la noche, eran muchas las noches en las que la observaba pero tenía la sensación de estar observando algo que me hipnotizaba, era un refugio para mi alma, una fuente de energía que calmaba mi sed. Las estrellas relucían orgullosas por todo el cielo obligándome a sonreír ante tal belleza. Escuchaba en la lejanía el sonido de los grillos junto con el cantar de un búho, sí, era una gran noche la que hoy se podía contemplar.

Estaba cansada, cada uno de mis pasos era una tortura para mí, llevaba varios días caminando a pie día y noche. El camino parecía eterno, pronto llegaría a mi destino la famosa Escuela de Alta hechicería La Torre, llevaba aproximadamente un siglo muerta y acostumbrarse a caminar, respirar, comer y beber otra vez no era tan fácil. No es por presumir pero aprendía rápido y en estos momentos, eso me daba ventaja. Durante estos días de viaje tuve que hablar idiomas diferentes de mi lengua madre lo que me facilitó mi estancia en Tierras humanas.

Un ruido en la noche me hizo agudizar mis sentidos y volver a la realidad, alguien me seguía y eso no terminaba de agradarme. Con precaución tensé el arco dispuesta a disparar si era necesario, un arbusto se movió apunté en esa dirección, un pájaro salió de él dejando varias plumas en el aire que en cuestión de segundos, cayeron al suelo. Falsa alarma. Sabía que alguien me seguía desde ya hacía un tiempo, quizás era el mago al que tanto odiaba o por otra parte alguien que quería beneficiarse de mí no sé muy bien cómo. No era la primera vez que había escuchado ese mismo ruido además de encontrarme pisadas por donde ya había estado recientemente, no había que ser muy inteligente para saber lo evidente.

Estaba muy cerca, podía ver la gran estructura en mitad de la noche. Se suponía que estaba en el valle de los lobos pero ¿Cómo es que no había visto a ningún lobo? Mejor así, sabía perfectamente que en aquella legendaria escuela se admitía alumnos con licantropía y solo imaginar hablar con alguien que padeciera aquella ''maldición'' como yo lo consideraba, me repugnaba. Las cosas eran claras odiaba a los lobos y más aún a los que pretendían serlo.
Quería entrar por el jardín, así podría despistar a quién me estaba siguiendo y cuando se quisiera dar cuenta ya lo habría descubierto. En los jardines no habría nadie a estas horas, era mi oportunidad.

Una vez en los jardines ya no notaba ninguna presencia a mi espalda lo que me aliviaba pero a la vez frustraba ¿Se habrá dado cuenta? ¿Quizás el también me esté tendiendo una trampa? Sacudí la cabeza dejando sin respuesta todas las preguntas que brotaban en mi cabeza. De repente escuché voces. Mi intuición me había fallado, había alguien.

Durante unos minutos me quedé observando la escena que se producía delante de mí, discretamente me deslicé hasta lo que más tarde consideré escondite. No estaba bien espiar conversaciones ajenas, tenía modales, pero en estos momentos era diferente. Tenía una misión, que por supuesto no iba a cumplir pero por el momento era mejor observar lo que se avecinaba allí, En La Torre.
Un hombre parecía llorar, otro cantar. Desde luego no me esperaba encontrar semejante espectáculo nada más llegar. El hombre que cantaba paró en el momento que se dio cuenta de la presencia del otro, yo los observaba en las sombras, en un arbusto y todavía, pese a mi mal criterio de escondites, no se percataban de la mía.
¿Cómo iba a disimular, el hombre que había cantado momentos atrás, aquella magnífica  pronunciación? ¿Aquel hermoso cantar? ¿Ese sentimiento que fluía de su interior? Era evidente de que sangre élfica recorría sus venas.

- ¿Y tú? ¿Qué haces que no duermes, león? ¿Te encuentras bien?

Esa fue la última frase que escuché cuando salí de mi escondite, me dolía la espalda debido a la mala postura, había estado un buen rato escuchando las cosas había que decirlas... Por eso decidí mostrar un poco de dignidad y mostrar normalidad, no había nada extraño en esa conversación así no habría nada por lo que preocuparme aparentemente.

Dispuesta a marcharme de aquel lugar eché una última mirada a los dos chicos, ¿Cómo no hablar con un elfo? ¿Hablar con alguien que podría venir de las Tierras Élficas? Cogí aire y todavía sin ser descubierta apunté con el arco a un árbol muy cerca de donde se habían sentado el elfo y aquel chico pelirrojo. ¿Estaba segura de hacer aquello? La flecha podía ir a parar a la cabeza de alguno de los dos. Pero en realidad no lo dudaba, siempre utilizaba mi arco para los tiros más difíciles y nunca fallaba. ¿Por qué ahora iba a hacerlo? Decidí confiar en mí y soltar la flecha llamando la atención de los presentes.

-Saludos -Hice una breve reverencia- Sé que es de mala educación interrumpir conversaciones ajenas- miré al Elfo arqueando una ceja- Pero, al ver que hay alguien de mi especie no pude evitar acercarme y más si hay llantos de por medio.

Miré al humano, acto seguido me incliné para coger la flecha que se encontraba en el punto exacto donde disparé, mis sentidos nunca fallan.
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No es un triunfador quién nunca falla,
Sino el que nunca se da por vencido.

Vale la pena luchar,
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Re: Lind i vinuineth {libre}por Yil, el Jue Mayo 31, 2018 2:00 am
Algo que he dicho le hace sonreír, y sus dientes blancos enmarcan el tímido y sutil cuadro de sus labios, y siento como si me hubiera quitado un peso de encima. Después de todo, mis torpes palabras a pesar de que se tropiecen y caigan pueden iluminar su rostro, hacerle un poquito más feliz; y con eso me basta para sentirme un poco más feliz yo. No necesito nada más en el mundo, o al menos eso es lo que pienso hasta que da un par de pasos y me ofrece su mano.

—Canto para que la luna se vaya rápido y que salga el sol. Ven.

Su voz es pura, no conoce la corrupción ni el triste hálito de las cosas rotas. Es fina como el murmullo del río que no suena. Cada letra, cada palabra que besa y muerde parecen el final de una canción, el principio de un verso. Versa sin canción mi dulce poeta, que por eso sé que en las nubes se esconde la luna.

Me ha cogido de la mano, y yo se la aprieto un poco sin darme cuenta, no sé muy bien por qué. Sigo sus pasos que me guían mientras las luces de la tierra nos persiguen. A penas han sido unos pasos, apenas unos suspiros, y tal vez por eso cuando nuestras manos se separan me cuesta hacerlo.

Miro alrededor, antes de que se sentara, e identifico el instrumento —que está flotando en el aire— que no había logrado reconocer antes: es una lira. Solo conozco aquella arpa pequeña por las ilustraciones de los libros, por eso su sonido no me había dicho nada. Pero la suya es diferente a todas las que he visto. Tiene la esencia de las aves, pero parece tan delicada y frágil como el primer amor, a pesar del rígido dorado que la bruñe.

Entonces, como una pluma o una hoja en otoño, planea grácilmente hacía él una vez que se sienta en el suelo, casi apoyado en el tronco del árbol, estirando sus brazos, aguardando su rencuentro, también como el primer amor. La sostiene entre sus manos con cuidado y su mirada se clava en el instrumento con una dulzura invisible: sus ojos brillan sutilmente, y eso le delata.

Sonrío ante la ternura de aquella escena, y con ciertas dudas me siento sin saber muy bien dónde, sin saber cuánta debería ser la distancia que debería separarnos. Así que al final, tras unos momentos llenos de dudas y amargas cuestiones, me siento a una distancia prudencial, unos centímetros a su derecha, con cuidado de no estropear su capa, de no sentarme sobre ella: no quiero mancharla ni ensuciarla de tierra, y tal vez por eso me envuelvo en ella como un abrazo cálido.

En la abertura que crean mis piernas cruzadas, aprovecho ese espacio para arrancar casi de manera inconsciente la hierba, poco a poco, haciendo a veces trenzas con las briznas, anillos que se deshacen en mis dedos; y otras veces solo mi limito a arrancar las hierbas y arrojarlas al suelo, presa de la compulsión y el nervio. Hay algo que me inquieta y no sé qué es. ¿Tal vez me he sentado demasiado cerca? ¿Demasiado lejos? Hay algo raro en el ambiente.

He pasado años en un lugar en el que siempre es de noche, así que estoy acostumbrado a estar despierto cuando brilla la luna. Sin embargo, creo que soy el único con estos hábitos, así que paso gran parte del tiempo solo. No hay nadie despierto, así que solo me queda vagar por la escuela, leer y cantarle a la luna y las estrellas —Toca unas cuantas notas con la lira antes de continuar hablando—. ¿Y tú? ¿Qué haces que no duermes, león? ¿Te encuentras bien?

Entonces su voz me despierta de mi trance, me hace dirigir su mirada a esas dos piedrecitas grises que me observan. Vuelvo a respirar ese dulce aroma afrutado que sale de su boca, y por unos instantes dejo al herbaje de la tierra en paz. Por unos instantes, pienso en lo fácil que sería tumbarme a su lado, apoyar mi cabeza entre sus piernas y observar como las mil ramas del árbol coronan su cabellera. Pienso en lo fácil que sería besarlo, solo tendría que inclinarme hacía él. Pero pienso en la cara que pondría, y oculto tras su dulce manto, inconscientemente me he vuelto a poner a hacer anillos con hebras de hierba mientras observo la oscuridad que nos rodea. Solo anillos.

Cuando habla de su soledad, aunque no es una soledad especialmente triste, me siento de alguna manera identificado con él y siento una ligera y tímida presión en el estómago. Cuando habla de lo que hace por las noches, adorna con un par de notas el final de su frase y su tintineante melodía me recorre la espalda como un escalofrío, como una caricia. Luego pregunta por mí, me llama león y me pongo nervioso. No solo es porque me ha llamado león, llevo en tensión un buen rato.

Siento que algo nos observa. Y es por eso, cuando escucho el crujido de una rama, yo ya estoy de pie, dispuesto a protegerle si hace falta. Cuando me quiero dar cuenta, algo ha pasado casi rozando mi oreja y se ha clavado en el tronco del árbol.

Me volteo rápidamente y veo la flecha incrustada entre los nudos de la corteza oscura. Me giro sobre mí mismo, con las piernas flexionadas y con todo el cuerpo inclinado hacia delante preparado para abalanzarme sobre quien haga falta.

Pero entonces una elfa sale de las sombras con tanta tranquilidad y con tanta naturalidad, que se me olvida que nos han atacado y que hace unos segundos estaba dispuesto de dar mi vida por alguien al que no conozco, y de alguna manera, eso me hace sentir vulnerable.

Saludos. —Hace una reverencia tan elegante que me irrita —. Sé que es de mala educación interrumpir conversaciones ajenas —apunta mientras mira a mi compañero elfo arqueando una ceja, y por unos segundos pienso en abalanzarme sobre ella, aunque haya cesado el “ataque” y estemos a salvo —. Pero, al ver que hay alguien de mi especie no pude evitar acercarme y más si hay llantos de por medio.

De alguna manera, de alguna forma, noto la atmosfera que se había construido durante esa noche se ha roto. La noche es noche y las estrellas no son más que estrellas, y no puedo evitar mostrar una expresión de desagrado, de molestia. Además, ¿a qué clase de persona saluda a alguien disparándole una flecha? Y la música que antes ardía en mi pecho, ahora solo es un tímido eco en mi corazón. Estoy molesto.

Y más molesto estoy cuando la joven me mira con esos ojos verdes almendrados, con ese rostro tan bello y esos labios tan hechos para besar. Más molesto estoy cuando se acerca hacia el árbol y coge la flecha que nos ha disparado y la saca como quien le saca la pulpa a una manzana, casi con prepotencia, como si hubiera sido exactamente el lugar donde quería disparar, el lugar donde quería herir. «Más si hay llantos de por medio…», repito en mi cabeza. ¿Quién se cree que es?

También es de mala educación atacar a dos desconocidos, pero por lo que se ve, no eres una persona muy educada —refunfuño como un niño enfadado, en voz bajita casi como un susurro, mientras miro al suelo y contemplo, gracias a luz de las luciérnagas, todo un cementerio de briznas, hierbajos trenzados y sueños rotos.

Me siento con desdén otra vez al suelo, casi tirándome y la capa se infla durante mi descenso y me vuelvo a tapar con ella con cierta brusquedad cuando noto la dura tierra sobre mi trasero. Entonces, miro a mi poeta y por unos segundos, la mera visión de su rostro le vuelve dar color al mundo, a pesar de que en su rostro se haya ocultado la sonrisa y esté cubierto de facciones duras.

Pero ya no es lo mismo.

¿Quién eres? —pregunto en voz alta, como un débil rugido Mis cejas fruncidas y la fina línea de mis labios tensos acompañan la irritación que esconde mi voz, mientras la miro de hito a hito.

Y cuando me quiero dar cuenta, ni si quiera conozco el nombre de mi poeta, ni él el mío.

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Re: Lind i vinuineth {libre}por Ilmarin Arahael, el Jue Mayo 31, 2018 3:27 am
De pronto desapareció la magia del momento. Las luciérnagas se desperdigaron, influenciadas por mi sobresalto, y la luna ya volvía a asomar su rostro de entre su manto de nubes, acompañada de todas las gemas de su corona oscura. Una flecha surca el aire rauda y veloz y pasa entre el león y yo, para acabar clavándose en el tronco oscuro de un árbol, en su cuerpo rugoso. Aunque no cambié de posición, me preparé para atacar; pensé que la Torre era un lugar seguro pese a lo que decía el señor del Bosque Doado —¿hemos de olvidar que no hace ni dos años se libraron batallas en el mismo Anillo?—, pero no me esperaba que me intentaran disparar. Por suerte, quienquiera que hubiera lanzado el disparo tenía mala puntería o no sabía disparar bajo la oscuridad de la noche, solo la lumbre de mis estrellas ya desaparecidas describiendo la escena.

Alrededor de mi mano derecha se había formado un filo invisible de viento, y con la siniestra sujetaba el arpa cerca de mi pecho. Fuera quien fuera nuestro atacante, no estaba dispuesto a dejarme mandar al Otro Lado sin oponer resistencia. Mi compañero ya se había puesto de pie y parecía preparado para abalanzarse contra quienquiera que fuera que nos hubiera intentado atacar, y estoy seguro de que mostraría colmillos y garras si las tuviera. Un fiero león preparado para la lucha con su manto de bosque y melena de incendio.

Sin embargo, quien salió de la espesura y abandonó su manto de penumbra no fue lo que me esperaba. No sé, me esperaba alguien que resultara más amenazante, más claramente malvado, algún siervo del Dios que proclamara su lealtad al señor de las sombras vistiendo unas túnicas negras o blandiendo un báculo de huesos o riéndose como un maníaco mientras ofrecía sangre al dios de la sangre. A decir verdad, me llevé una verdadera decepción al ver que se trataba de otra elfa que blandía un arco, una elfa de cabellos castaños, bella como cualquier otra hija de la Elendë. En mi vida he visto una elfa que no resultara agradable a la mirada, y lo mismo puedo decir de los hombres de esta estirpe. Bajo esta luz y en este momento no me pareció alguien destacable, y posiblemente no habría reparado en ella si no hubiera sido por el hecho de que, bueno, nos había disparado.

Se nos acercó y habló con suma tranquilidad, como si para ella fuera algo normal disparar en la dirección de alguien para llamarle la atención. No sé ni cuántos años tiene la elfa ni de qué región proviene, pero me he recorrido todos los ducados y las islas de mi patria y en ninguno de estos lugares he conocido a gente con esta curiosa costumbre tan desagradable, por no decir cosas peores. En el caso de que llegara a decirlas, posiblemente lo haría en el idioma que compartíamos ella y yo, y quizás el león no entendiera necesariamente el significado de lo que le dijera pero sí su sentido. El élfico es un idioma bello en todas sus expresiones, hasta los más brutales insultos.

El sobresalto que se había apoderado de mí comenzó a desvanecerse para ser reemplazado por una mezcla peligrosa de ira e indignación. Nos saludó e hizo una reverencia, acto que no correspondí, y dijo (sin disculparse, me gustaría aclarar) que sabía que era de mala educación entrometerse en conversaciones ajenas. Su mirada se cruzó con la mía, dura piedra y frío hielo y filo cortante de espada. No me preocupé en camuflar el desagrado que sentía hacia ella, práctica común en la alta sociedad de los elfos, porque no procedía. Da igual sus motivos, nos había ataco, y no sé si tenía suerte dado que ninguno de nosotros habíamos respondido a su provocación. La noche había comenzado tan bien y tan rápido había ido a peor.

Dijo que no pudo evitar acercarse al ver otro elfo, y más aún tras haber oído llanto. Dirigí durante un instante mi mirada hacia Yil, pero a él no le miraba de mala manera. Nada más escuchar las palabras de la elfa se había vuelto a sentar tras refunfuñar unas palabras que, si bien no alcancé a entender, confiaba en que compartía mis sentimientos de hostilidad hacia la recién llegada. La dejé recoger su maldita flecha sin quitarle el ojo de encima.

Cualquiera diría que odias a tu propia gente por la manera en la que te comportas —Comenté con voz átona, carente de sentimientos, de hermosura, de música. Aún la fulminaba con la mirada, mientras intentaba entender sin éxito el motivo por el cual decidió soltar su saeta hacia nosotros en lugar de acercársenos como una persona normal. El viento aún se arremolinaba alrededor de mi mano derecha pero lo dejé huir de su prisión arcana, dejé que volviera a ser etéreo, dejé de confinarlo en la forma de un filo terrible.

El león le preguntó a la elfa quién era, pero, a decir verdad, eso no era algo que me importara de sobremanera. Dejé de mirarla; la indiferencia es peor que el desdén, solía decirme mi madre, aunque ella pronunciara estas palabras en la lengua de los elfos. Me incorporé con una suave brisa que me elevó unos centímetros por los aires, volviendo a aterrizar una vez me pusiera de pie, y esta vez fui yo el que hiciera de flecha, pues anduve entre la elfa y el león sin dedicarle una mirada ni a ella ni a él. No tenía intención de quedarme a charlar con la loca de las flechas, aunque eso significara que esta noche ya no le cantaría ni a la luna ni a las estrellas ni a la hierba ni al león.

«Quizá coincidamos otra noche sin sueño y sin flechas», proyecté mi voz en la mente del hombre mientras pasaba a su lado con paso severo y constante para deshacerme entre la penumbra, perderme entre las sombras y, con un poco de suerte, olvidarme del episodio de la elfa.

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Re: Lind i vinuineth {libre}por Aaliyah Dunne, el Jue Mayo 31, 2018 3:08 pm
Me sorprendí por la facilidad que tuve al sacar la flecha de aquel tronco, acto seguido la guardé en la aljaba que llevaba a mi espalda junto al arco.
Miré al pelirrojo que se alzaba ante mí, era más fuerte que yo físicamente hablando, de eso no había duda, pero no pude evitar mostrar un aire prepotente frente a su mirada, parecía realmente molesto.

-También es de mala educación atacar a dos desconocidos, pero por lo que se ve, no eres una persona muy educada - Pude entender lo que el pelirrojo dijo refunfuñando y claramente molesto.

En eso se equivocaba, me había criado en un palacio y siendo hija de duques  los modales no me faltaban,  tampoco eran mi fuerte pero mostraba un respeto hacia las personas de mi alrededor, pero las cosas había que decirlas, tirar flechas en mitad de la noche no era lo más educado del mundo. Pese a mi oposición ante aquel comentario no dije nada, seguí observando como se sentaba y se tapaba con cierta brusquedad con una capa que claramente era del elfo por las finas costuras y los magníficos bordados que presentaban otras capas que procedían de la Elendë.

-Cualquiera diría que odias a tu propia gente por la manera en la que te comportas - Clavé mi mirada en el elfo que hasta el momento no había hablado.

Le dirigí una mirada firme, severa, fría. Sus palabras me dolieron, no sé si fue por la manera en la que lo dijo, si era porque era un elfo el que lo decía, o porque estaba atacando mi orgullo. El pelirrojo se notaba que estaba molesto pero, en cambio, el elfo me fulminaba con una mirada que no pude evitar sostener. Durante unos segundos la tensión se podía notar en el ambiente.

- Creo que no me conoces tan bien para saber como me comporto ni las razones que tengo para hacerlo. -La melodía de mi voz se quebraba, era fría como el hielo, dura como una piedra. Y mi mirada se mostraba amenazante. Jamás podría odiar a alguien de mi propia especie y me extraña que alguien de esta misma lo dude.

El elfo dejó de mirarme parecía indiferente ante mi presencia, después pasó sin dirigirme ninguna mirada ni a mí ni al humano. Mientras que se iba no me moví ni un centímetro. Si él prefería actuar como si no existiera yo estaba en mi derecho de hacer lo mismo. Aún estaba impresionada ante el malestar que había provocado en los presentes, a decir verdad nunca había sido mi intención provocarla pero aunque pocas veces en mi vida había dicho lo siento pero esta vez estaba dispuesta a dejar mi orgullo de lado para compensar el malestar que había creado.

-¿Quién eres?- Dijo el humano mientras me miraba

Pero no me di cuenta de su irritación solamente sentía una gran culpabilidad al mirarlo, parecía que de verdad le agrada la compañía del elfo, miré a este último que se perdía en las sombras. Suspiré. Aún podía verle así que aunque no tenía mucho tiempo podía comunicarme con él a distancia, un mensaje que solo podría escuchar él. Llevaba ya mucho tiempo sin hacer ningún hechizo así que no sabía si iba a funcionar.

Me concentré todo lo que pude apartando la culpabilidad que sentía que cada vez se hacía mayor. Miré al elfo y empecé a hablar; ¿Seguro que estás dispuesto a dejar pasar la oportunidad de conocer al humano? El orgullo está bien, pero no hay que malgastarlo inútilmente. Solo porque te hayan lanzado una flecha que si hubiera querido, hubiera aterrizado en tu cabeza.

Cuando terminé el mensaje el elfo ya no se veía por ninguna parte. Me di cuenta de que no había contestado la pregunta del chico que aún seguía sentado. Sé que no habíamos empezado con buen pie pero quería arreglarlo.

-Soy Aaliyah Dunne, duquesa heredera de la Casa del Lirio.- Me senté con elegancia a su lado- A propósito, siento lo del elfo, no era mi intención molestaros ni haceros pensar que no tengo modales, me crie en un palacio la educación va en mi sangre. -La prepotencia no se terminaba de ir pero tampoco era mi intención que se fuera- ¿Y vos?
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Re: Lind i vinuineth {libre}por Yil, el Vie Jun 01, 2018 1:41 pm
El elfo se levanta del suelo tras sus palabras duras y se marcha sin prestarnos atención a ninguno de los dos, ignorándonos. Está enfadado con ella, lo sé; pero no puedo evitar sentirme, de alguna manera, culpable. Además, su voz ha sido como un martillazo y mi corazón le ha temido por unos instantes. Cuando habló sin su música, con la frialdad del oscuro hierro y de la escarcha, algo que no creí que fuera posible, sentí el peligro que hay detrás de las cosas que duermen.

Cuando lo veo partir hacia la oscuridad, siento el deseo de levantarme y caminar por el sendero que dejan sus pies, de seguirle hasta el fin del mundo, pues de alguna manera, la oscuridad que he visto en él solo ha acrecentado su belleza, como un eclipse, como un golpe de mar, como el ocaso; bello y terrible como el ocaso.

Entonces, oigo su voz en mi cabeza, con total claridad: «Quizá coincidamos otra noche sin sueño y sin flechas», pero no sé si realmente es algo que yo he pensado porque es algo que deseo que ocurra, o realmente la magia haya tenido algo que ver. De todas maneras, durante unos segundos se me escapa una sonrisa que intento ocultar porque estoy enfadado con la muy inoportuna arquera.

Cuando me quiero dar cuenta, la susodicha elfa se presenta como Aaliyah Dunne, duquesa-heredera de la Casa del Lirio. Tiene pinta de formar parte de una familia poderosa, pero dada a mi ignorancia respecto a todo el tema de monarquías, familias nobiliarias y demás aspectos de la jerarquía del poder que no logro entender, aquella revelación no me transmite nada, salvo una cierta disconformidad cuando se sienta a mi lado, que respondo apartándome un poco.

Se disculpa o eso parece, aunque parece que no es capaz de evitar mostrar su superioridad respecto al resto de los mortales. Le da mucha importancia a la sangre, observo. Algún día entenderá que su sangre es del mismo rojo que la mía o que la de cualquier animal de granja, y el día en el que ocurra, no le quedará nada.

¿Y vos? —me pregunta.

Tampoco es que tenga mucho en interés en estar con ella, así que me levanto apoyándome con las manos, me sacudo la tierra y la hierba de los pantalones y la miro, sin saber que decirle exactamente antes de irme.

Soy Yil —anuncio mientras me toco el pecho con tres dedos; el pulgar, el índice y el corazón —. ¿Y de qué sirve que lo sientas? ¿acaso buscas mi perdón? —pregunto sorprendido, ni enfadado ni serio; tal vez un poco irónico. Y la miro, miro fijamente a esos ojos verdes a través del sutil rescoldo de los míos —: si hubiera soplado el viento, o no hubieras calculado bien la dirección del tiro, tal vez alguno de nosotros hubiera muerto. ¡Maldita sea! —blasfemo —. Deberías tener más aprecio por la vida, porque mira, no sé si es tú caso, pero el resto de los mortales solo tenemos una, ¿sabes? Y algunos hemos tenido que luchar mucho, sacrificarlo todo. —En este punto de la conversación, soy incapaz de ocultar mi enfado y elevo un poco la voz, y las dos últimas palabras las escupo casi con desprecio.

Dicho esto, comienzo a andar hacia delante, buscando el abrazo de las sombras, el susurro de las sombras de un nombre que no he querido revelar, sin darme cuenta de que todavía llevo la capa del elfo cantor, ligero como una caricia o un sueño, que me protege del frío de la noche y de los murmullos de la luna.



Última edición por Yil el Mar Jun 05, 2018 8:08 pm, editado 1 vez
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Re: Lind i vinuineth {libre}por Aaliyah Dunne, el Dom Jun 03, 2018 5:11 pm
Cuando termino mi pregunta miro al horizonte pensativa, me pregunto si hice bien en venir a La Torre, me sorprende el hecho de que haya gente que pudiera malinterpretar mi osadía como aquel elfo. La verdad me preocupaba que tuvieran una imagen de mí que no era la acertada pero no lo bastante como para dejar de actuar como quería o sentía que debía hacerlo, no como para dejar de ser yo.

Miro al humano, puedo observar que está más lejos que antes, decido pasar por alto este detalle y mis ojos color esmeralda vuelven a perderse en el paisaje. Escucho, atiendo y estoy al tanto de lo que pasa a mi alrededor pero un pensamiento que nace en mi interior me aísla del exterior. No puedo evitarlo, el hecho de pensar en traicionar a toda esa gente me erizaba la piel y me hacía sentir miedo, miedo de lo que un ser vivo puede llegar a hacer cuando está cegado por cosas materiales o superficiales.

Cuando escucho un ruido muy cerca de mí salgo violentamente de mis pensamientos ahogando un grito, por suerte nadie se dio cuenta, aparentemente. Veo que el pelirrojo está de pie, se sacude la tierra y la hierba de su pantalón y me mira, era una mirada sin un mensaje claro, como si no supiera bien que decir, levanté una ceja inquisitiva, seguía sentada pero con una cara que expresaba confusión frente al chico.

Escucho que se presenta con el nombre de ''Yil'' mientras lo observaba aún confusa.

-¿Y de qué sirve que lo sientas? ¿acaso buscas mi perdón? - Dice con cierto sarcasmo en su voz mientras me mira, puedo ver una llama, una llama difícil de percibir a vista pero ahí estaba profunda y grande por el paso del tiempo, tenía la fuerte sensación que no estaba así solo por el elfo. En cuanto a la pregunta en cualquier otro caso hubiera contestado pero en esta situación era mejor no intervenir, me sentía como una niña al ser regañada por una madre que nunca tuve el privilegio de tener. -si hubiera soplado el viento, o no hubieras calculado bien la dirección del tiro, tal vez alguno de nosotros hubiera muerto. ¡Maldita sea! -Parece bastante molesto pero sigo en silencio- Deberías tener más aprecio por la vida, porque mira, no sé si es tú caso, pero el resto de los mortales solo tenemos una, ¿sabes? Y algunos hemos tenido que luchar mucho, sacrificarlo todo.

Sin darme tiempo a responder empieza a caminar hacia la oscuridad de la noche. Me levanto rápidamente, no estaba dispuesta a dejarlo así, ni a la situación, ni a el humano. Corro en su busca, tampoco corrí mucho, estaba cerca. Me puse delante de él obstruyéndole el paso.

-No era mi intención mataros ¿Por quién me tomas? ¡Calculé todo a la perfección! Por eso estás vivo tú y ese elfo. Además tú no sabes lo que es estar muerto y volver a vivir ¡Y todo eso por resucitar alguien que no pudiste salvar! -No pude evitar terminar la frase con un leve sollozo, me limpié la lágrima que corría por mi mejilla casi como si quemara, llorar me hacía débil...- No sé nada de ti, solo sé que estás molesto, pues bien ''Lo siento''- Terminé la frase con cierto sarcasmo- Si de verdad te importa ese elfo, ten en cuenta que yo soy una elfa, puedo ayudarte a saber un poco más de él o hasta ayudarte a encontrarlo- me pasé una mano por mi cabello un poco frustrada porque pensara que no tengo sentimientos y me guiara por aspectos superficiales.

-Dame una oportunidad- Dije casi en un susurro, más bien me lo decía a mi misma que a él.
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No es un triunfador quién nunca falla,
Sino el que nunca se da por vencido.

Vale la pena luchar,
por lo que vale la pena tener.

Recuerda; Lo que imaginas,
Lo creas.

Spoiler:
Soy Aaliyah Dunne, Heredera de la Casa del Lirio y recuperaré lo que es mío.
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Re: Lind i vinuineth {libre}por Yil, el Sáb Jun 09, 2018 6:26 pm
Apenas doy unos pasos y en cuanto me quiero dar cuenta, la elfa corre y se para justo delante de mí, impidiéndome el paso. Estoy a punto de abrir la boca para pedirle que se aparte, pero comienza a hablar atropelladamente, nerviosa, y su rostro parece haberse roto, reflejando una belleza lastimosa y triste.

Explica que no fue su intención matarnos, y estoy a punto de replicar, pero sigue y me corta, y cada vez habla más rápido, cada vez su voz suena más quebrada y su pecho tiembla. Entonces, dice algo extraño.

Además tú no sabes lo que es estar muerto y volver a vivir ¡Y todo eso por resucitar alguien que no pudiste salvar!

No sé exactamente lo que quiere decir con eso, pero sospecho que podría ser una especie de alegoría sobre su vida o una expresión que se me escapa por completo, porque que yo sepa, todo lo que muere no puede volver a la vida. ¿«Y todo eso por resucitar a alguien que no pudiste salvar»? No entiendo qué quiere decir con eso, y sospecho que es porque está muy nerviosa, tanto, que apenas puede hablar correctamente, pues está diciendo cosas de lo más extrañas. Si ha resucitado a alguien, que lo dudo, debería de estar salvado, ¿no? Y llora. No, mentira, no llora: su pecho se sacude, un débil gemido escapa de su boca y una lágrima se desliza por su mejilla que no duda ni en un solo segundo en limpiársela con la mano, como si no aceptara que la vieran llorar.

Tras recuperarse, retrata la realidad con gran precisión: estoy molesto. Se disculpa, aunque noto algo de resquicio y mentira en sus palabras, aunque decido no darle mucha importancia. El hecho de que intente disculparse ya era un avance. Y para mi asombro, a continuación, me ofrece ayuda respecto al elfo, algo frustrada cuya sentencia termina en un terrible susurro, como una especie de oración que se dice así misma: «Dame una oportunidad».

Sigo enfadado con ella, pero algo en ella me conmueve. Tal vez por ella no me he ido, y es que, a pesar de sus palabras extrañas, no deja de ser una niña, una niña que tal vez tenga muchos más años que yo, pero veo en sus ojos la sombra de un nombre que le pesa. Me da igual que no me creáis, soy yo quien sabe de estas cosas.

Cojo aire y doy un paso hacia delante, y la hierba, por extraño que parezca, casi siento como asiente bajo el peso de todo mi cuerpo, y la luna, que revela nuestras facciones con luz pálida y oscura, me hace sentir que estoy haciendo lo correcto. Agarro una de sus manos y la aprieto contra la mía, como si tuviésemos una confianza que no teníamos. Está fría como un mal recuerdo.

Hasta hace varios años, pensaba que no merecía vivir —digo, y de repente, un nudo que nunca he sentido me estrangula el corazón. Ahora que he dicho estas palabras, me doy cuenta por primera vez de lo pesadas que eran en realidad, y casi noto que me tiran al suelo. Pero en vez de caerme, aprieto con más fuerza su mano —. Pero un día me di cuenta de que las cosas no funcionan así, que pensando esa clase de cosas uno no gana nada. Y te cuento esto porque desde que te conozco, no más de diez minutos, parece que estás continuamente intentando demostrarte algo a ti misma: quieres demostrar que eres una buena arquera, pues disparas a dos desconocidos para probar tu buena puntería; quieres demostrar que eres útil, me ofreces tú ayuda sobre el elfo —explico intentando sonar lo más amable que puedo —. ¿Te das cuenta de eso? Y no, no quiero ayuda con el elfo.

Suelto su mano, sin saber muy bien qué decir. Sigo enfadada con ella, no puedo evitarlo; pero su visión tan lamentable me recuerda a un pájaro que se ha caído del nido y que es incapaz de volar. No puedo decirle que no a una criaturilla tan frágil e indefensa ante los peligros de la noche. Los remordimientos me perseguirían como tambores. Suspiro. Hoy no es una noche de reflexiones ni de filosofías baratas. Necesito descansar un poco y pensar.

Mira, Aaliyah, tengo sueño, es muy tarde —le explico al cabo de varios segundos con voz queda, como si no fuera evidente—. Estás perdonada y todo eso, pero… ¿Qué te parece si dejamos esta conversación para otro momento? A no ser que quieras que me duerma en mitad de la charla —bromeo un poco para quitarle algo de hierro al asunto.

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Elfa
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Re: Lind i vinuineth {libre}por Aaliyah Dunne, el Dom Jun 10, 2018 7:22 pm
Veo como coge aire y se acerca hacia mí me coge la mano izquierda, dudo, pero finalmente dejo de lado nuestras diferencias y acepto su muestra de afecto. Mis ojos se posan en los de él, no puedo evitar sentirme indefensa, normalmente yo soy la valiente, la que no teme a nada, la que sigue a pesar de las adversidades y anima al resto. Esta vez era diferente, me sentía débil, odiaba sentirme débil. Esta vez lo vi necesario, no podía seguir aparentando que estaba bien cuando era lo contrario.

—Hasta hace varios años, pensaba que no merecía vivir — Me limitaba a mirar al suelo sin poder evitar soltar una lágrima, me resbalaba fría por mis mejillas pero no la limpié, me vi incapaz. -Pero un día me di cuenta de que las cosas no funcionan así, que pensando esa clase de cosas uno no gana nada. Y te cuento esto porque desde que te conozco, no más de diez minutos, parece que estás continuamente intentando demostrarte algo a ti misma: quieres demostrar que eres una buena arquera, pues disparas a dos desconocidos para probar tu buena puntería; quieres demostrar que eres útil, me ofreces tú ayuda sobre el elfo ¿Te das cuenta de eso? Y no, no quiero ayuda con el elfo.

Lo miré tímidamente, sentía muchas emociones a la vez, frustración, rabia, vergüenza, arrepentimiento.... Yo siempre hacía las cosas como las sentía, me daba igual qué opinaran al respecto pero hace poco aprendí que mis actos tenía consecuencias, al fin y al cabo quería creerme madura para afrontar la muerte de mi padre, la pérdida de mis Tierras, la impotencia de ser controlada por la persona que más odias y sobre todo que te estén consumiendo poco a poco la vida... Para entregársela al ser más egoísta que he conocido. Todo me superaba, me venía en grande.

Hace ya que el humano soltó mi mano y cuando me veo capaz de volver en mí respiro hondo y doy una patada a la nada, estaba muy frustrada.

—Mira, Aaliyah, tengo sueño, es muy tarde. Estás perdonada y todo eso, pero… ¿Qué te parece si dejamos esta conversación para otro momento? A no ser que quieras que me duerma en mitad de la charla — Bromea un poco.

Me sorprendo porque supiera pronunciar bien mi nombre, el idioma élfico era muy elegante y sutil igual que los nombres no cualquiera sabía pronunciarlos. Era muy tarde, yo también pensaba que era mejor descansar... Había sido un día bastante ''intenso''.

-Sería lo mejor, créeme no era mi intención que mi primer día en La Torre fuera así -Dije la frase descargando toda la tensión en una risa nerviosa -Yil, por lo que se ve has pasado mucho y yo no soy quién para juzgar la situación de otro pero debería decirte gracias, no hemos empezado con buen pie ya lo sabes, y aún así intentaste animarme -Me acerqué a él fijando mis ojos color esmeralda en los suyos- Pero eso quiere decir mucho en una persona. Ahora supongo que no debería molestarte más - me encogí de hombros -Una vez más gracias.

Cuando me dirigí hacia las sombras me volví hacia él. Mientras decía;

Que la suerte te acompañe


Sabía que no me iba a entender tal vez por eso le dirigí una sonrisa traviesa mientras lo decía, me envolví en las sombras buscando desaparecer en ellas, entre los susurros de la noche, entre las estrellas que nos observaban en lo más alto del cielo. Pronto llegaría el momento.
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No es un triunfador quién nunca falla,
Sino el que nunca se da por vencido.

Vale la pena luchar,
por lo que vale la pena tener.

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Re: Lind i vinuineth {libre}por Contenido patrocinado,

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