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Habitación de Danah (Sexto piso)por Danah, el Jue Mar 29, 2018 5:46 pm
Danah abrió la puerta que llevaba hasta su habitación lentamente con un crujido que señalaba que la habitación no se había ocupado hasta su llegada. Cerró la puerta a su paso dejando dentro solamente a Leon, aunque él, tenía una habitación propia le gustaba estar con Danah la mayor parte del tiempo, su pelo castaño claro terminaba en un flequillo que le llegaba hasta mitad de su cara. A menudo el chico vestía con ropas ajustadas de colores discretos y chaquetas de cuero con pantalones con grandes bolsillos en los que metía diversas plantas que a menudo le servían para hacer recetas que normalmente servían para curar heridas, pero podía hacer otros brebajes con distintas funciones como, para aguantar la respiración durante varias horas o envenenar a una persona. Pero todo eso requería un tiempo, por eso llevaba siempre un cinturón donde guardaba varios cuchillos y algunas de sus pócimas, en varias ocasiones Danah pensó que a su amigo se le daría bien la biología pero era un pensamiento que aunque en más de una ocasión se le venía a la mente, nunca lo dijo en voz alta.

Danah dejo o mejor dicho tiró la bolsa en la que llevaba sus pertenencias en la cama de sábanas de colores blancos y tonos café. Se quitó la capucha y dejó ver su fino y delicado rostro que cualquiera que la viera nunca diría que había vivido en un bosque luchando por su existencia toda su vida; o al menos lo que recordaba de ella.
-¿Vas a quedarte aquí todo el día? -Leon alzó la cabeza sin dejar de mirarla en cambio Danah observaba el bosque que se podía divisar perfectamente por la gran ventana.
-Sabes que no, tengo pensado dormirme pronto para así tener más tiempo para investigar los alrededores mañana.
Leon se acercó pero no tanto como para poder tocarla
-Está bien te veré mañana. Descansa.
Danah no dijo nada, era tal su complicidad con su amigo que este sabía perfectamente con una mirada lo que estaba pensando.

Después de que Leon se fuera, Danah cogió un libro que se encontraba en el escritorio de madera aunque no cogió la túnica blanca que indicaba su grado de aprendiz. Se recogió el pelo en una larga trenza que le llegaba por encima de la cintura y lo abrió. En él habían múltiples hechizos aunque todos muy básicos.
Cuando salieron las primeras estrellas Danah decidió que tenía que dormir para despertar en un nuevo día lleno de propósitos.

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Después de varios minutos, Zane cerró el Libro de Fuego y lo tiró sobre su escritorio, haciendo que en la mesa se produjese un sonoro tap. Se llevó las manos a la cabeza y comenzó a acariciarse la parte de la sien mientras suspiraba.

Llevaba varias horas estudiando, repasando los sortilegios del libro, aunque sin llevarlos a la práctica. No sabía explicar muy bien el porqué, pero aquel era su método de trabajo: antes de ponerse a lanzar hechizos a diestro y siniestro, prefería aprendérselos todos de golpe, en un día.

Por eso, una vez que los dijo de uno en uno y por orden para comprobar que se los sabía, decidió que se merecía una recompensa. Rauda, veloz y con cierta sonrisa infantil, partió hacia las cocinas, cerrando la puerta al salir de su habitación.

Cuando llegó a su destino, vio que había una persona aparte de ella: era una mujer joven, de aspecto frágil y delicado, como si en cualquier momento pudiera romperse, como si llevara mucho tiempo enferma. O al menos eso pensó Zane al ver aquel cuerpo delgado, esas muñecas huesudas o aquellos grandes ojos verdes, apagados, hundidos en sus ojeras, acentuados por aquellos pómulos marcados.

La pelirroja se acercó a ella, que todavía no había advertido de su presencia. Debía estar muy absorta en su trabajo de pelar y trocear patatas en la encimera. Sus labios apenas eran una línea fina debajo de su nariz tras aquella expresión de concentración.

Zane nunca la había visto en La Torre, pero no parecía una alumna: llevaba una camisa negra debajo de un delantal de cocina blanco, y una falda negra que llegaba hasta sus pies, casi rozando el suelo. Aún así, creyó que lo más adecuado era saludar y presentarse.

Buenas tardes. —Lo dijo con suavidad, casi con un susurro, casi como una nana; como si tuviese miedo de que un sonido demasiado alto pudiera quebrarla o asustarla.

La chica dejó rápidamente el cuchillo sobre encimera y se pasó las manos sobre el delantal, mientras se giraba hacia Zane. Se colocó el pañuelo que cubría su cabeza para que quedara perfectamente recto, aunque se divisaba algún pelo negro en el borde de su frente.

Hola. —Tenía la voz aguda y algo arañada. Intentó imitar el tono de voz de Zane, pero su voz sonaba algo estridente no por naturaleza, sino porque parecía que no estaba acostumbrada a hablar. —No te había escuchado llegar, lo siento. —Se disculpó bajando la mirada al suelo, distraída. Aprovechó aquel momento para ver si tenía bien atado el mandil por detrás.

Silencio.

«No está bien», pensó Zane con cierta pena. Así que extendió su brazo hacia ella: mas que locura, era como si hace uno tiempo su alma hubiera abandonado su cuerpo. Ahora solo quedaban los resquicios y la sombra de lo que una vez fue, quedando solo una criatura asustadiza y frágil.

Me llamo Zane, encantada de conocerte. —Sonrió.

La chica levantó la mirada hacia Zane, después a su brazo, y después la volvió a dirigir hacia ella. Su mirada no reflejaba nada, pero sonrió, sin mostrar los dientes. Unas arrugas que no deberían de estar allí se marcaron alrededor la comisura de sus labios.

Me llamo Claudia, encantada —respondió, dándole la mano rápidamente. Después la apartó y añadió —: soy la nueva cocinera.

Zane la miró sorprendida.

¿La nueva? ¿Qué pasó con la otra?

La cocinera frunció el ceño durante unos segundos. Después volvió a sonreír, aunque se percibía cierta tensión en su rostro.

Al parecer no soy la única nueva —anunció de pronto con cierta alegría después de unos segundos. —: hoy han venido dos alumnos nuevos, un niño y una niña. —Explicó como si no hubiera escuchado la segunda pregunta. Las palabras «niño» y «niña» sonaron demasiado dulces.

Zane no supo si no había escuchado su pregunta o la había ignorado, pero fuera como fuere, no tenía muchas ganas de saberlo. No se sentía muy cómoda.

Ah, pues entonces creo que iré a ver la nueva —contestó Zane de pronto—. Estoy un poco cansada de tanto hombre —explicó al cabo de unos segundos pensando en Rurik y en Godric. No lo dijo enserio, estaba encantada con ellos dos; pero… echaba en falta una amiga, alguien de su mismo sexo. Alguien a la que poder tutelar como habían hecho con ella años atrás.

Claudia sonrió. Por un momento, a Zane le pareció ver un brillo en sus ojos.

Ah, yo iba a prepararme una taza de leche caliente con miel, pero supongo ahora que serán dos. —Se disculpó Zane. Dicho esto, fue a dirigirse a la despensa, pero fue interceptada por la cocinera.

Ya lo preparo yo, cielo —dijo elevando la voz sin darse cuenta. Tenía una expresión ciertamente maniática.

La estudiante no dijo nada, se limitó a asentir con la cabeza algo perpleja. Aunque cuando la cocinera comenzó a preparar los batidos, supervisó todo el proceso de elaboración sin apartar la vista de ella, controlando todo lo que hacía y dejaba de hacer. No se fiaba de ella.

Aquí tienes.

Gracias. —Cogió las dos tazas de cerámica con cuidado para no derramar el contenido: leche, miel y unas ralladuras de caña de azúcar. No había envenenado las bebidas, pero no quería pasar más tiempo allí.

Hizo el amago de irse, pero la cocinera habló de pronto, haciendo que Zane se detuviera:

Es personal, lo sabes, ¿no? —dijo refiriéndose a la pregunta que no llegó a responder anteriormente. Su voz sonaba nerviosa, temblaba. Pero, sobre todo, sonaba dolida.

Zane se sintió un poco mal consigo misma, pero no podía evitar desconfiar de ella a pesar de que sentía lástima: era un personaje demasiado misterioso, y triste. La razón le decía una cosa, y su corazón otra; no sabía a quién de los dos escuchar. Por eso, lo mejor que podía hacer era tener cuidado con ella. Y claro que le dolía desconfiar de ella: sus ojos lánguidos y su mirada perdida reflejaban los ecos de un pasado atroz, la sombra de un trauma. Dos pozos profundos que no te acercas para no caerte.

Sí, lo sé. —Y se fue.

***

De alguna manera, encontró la habitación de la nueva: en aquella escuela no había secretos, y los pocos que había, ardían como llamas; podías sentirlos si te acercabas lo suficiente, y podían llegar a quemarte si lo hacías en exceso.

Llamó a la puerta golpeando con una de sus botas la puerta de madera hasta tres veces, pues sus manos estaban ocupadas sosteniendo las dos bebidas. Se habían enfriado un poco durante el trayecto, pero aún estaban cálidas.

¿Hola? ¿Hay alguien?—preguntó acercándose a la puerta, alzando la voz, lo suficiente para que se la escuchara desde el otro lado.

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Re: Habitación de Danah (Sexto piso)por Danah, el Vie Mar 30, 2018 4:57 pm
Hace ya unas pocas horas que Danah llegó a ''La Torre''. Sabía perfectamente que tendría que descansar para despertar mañana con un nuevo día lleno de nuevos retos e ilusiones. Le parecía algo extraordinario estar en la famosa escuela de hechicería, y más aún que la hubieran aceptado debido a su largo historial de... ¿Fechorías? Le costaba admitirlo pero así había sido su pasado en un principio...

Danah miraba al horizonte con la mirada perdida, ausente y vacía, recordando todos y cada uno de los delitos que le había conducido a tener que esconderse bajo la capucha de su capa que tantas veces la había escondido del mundo, una barrera invisible que separaba su mente y la realidad.
Cuando volvió en sí, se acercó al ventanal que dejaba entrar la cálida luz del atardecer. Su respiración creaba vaho en el mismo, tendría que hacer bastante frío fuera.

Danah sumida en sus pensamientos, algo muy habitual en ella, escuchó a alguien llamar a su puerta y seguidamente escuchó una voz detrás de esta, un escalofrío recorrió su espalda y dejando pasar los malos pensamientos dejó de observar por aquella ventana que siempre acababa hipnotizándola.
No dudó y se apresuró en dejar su arco en la silla de madera blanca junto al escritorio, acto seguido se paró en seco pensando quien sería. ¿Habría hecho algo mal? No, acababa de llegar... ¿O sí? ¿O quizás Leon se habría metido en un buen lío...? Como hace siempre... Aunque la diferencia era que esta vez no estaba ella para presenciarlo o realizarlo junto a él.

Después de quedarse unos segundos sin saber que hacer... Danah se decidió a abrir la puerta cautelosa, haciendo que esta se abriera con un largo chirrido. Para su sorpresa se encontró a una chica aparentemente joven, más joven que ella... Pero su gran sonrisa transmitía simpatía y un rizo rojizo se deslizó hasta ponerse en mitad de su frente, delante de su ojo. La chica soplo para quitárselo de encima, con éxito.
Danah observó que traía dos bebidas y dio por hecho que una sería para ella aunque no quería ser grosera o demasiado osada, simplemente se limitó a sonreírle y le indicó que pasara con la mano.

Se alegraba que no estuviera tan sola al fin y al cabo pero también le impresionó la rapidez con la que se había transmitido su llegada. ¿Cuántos más ya lo sabrían? Finalmente apartó esos pensamientos de su cabeza; pensaba demasiado. A veces creía que debía dejarse llevar porque sino se acabaría volviendo loca.

Se dio cuenta de que la chica ya había pasado dentro aunque no se atrevía a tomar asiento o a soltar las bebidas, Danah lo vio normal ya que sería una falta de modales llegar, entrar y acomodarse en la habitación de una persona a la que ni siquiera c0noces. Pensando esto Danah por fin se decidó ha hablar.

-¡Hola! Soy Danah, encantada de conocerte. Acabo de llegar y estoy un poco perdida...- Vio que la chica aún seguía de pie- Tranquila, puedes sentarte, siéntete como en tu casa. -Vio que la chica se disponía a depositar las bebidas en el escritorio- A propósito, ¿Cómo te llamas?









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La puerta se abrió al cabo de unos segundos, lentamente, gimiendo en el proceso. Ante la lentitud de aquel movimiento, la puerta fue revelando, casi como si amaneciera, la figura de la joven más bella que Zane jamás había visto. Su hermosura era como un rayo de luz que iluminaba su dormitorio a la par que lo oscurecía, como una especie de eclipse. En sus cabellos residía la beldad de los campos dorados de trigo, de sus espigas de cobre siendo acariciadas por los etéreos dedos del aire, provocando a medida que su melena descendía, ésta tomara curvas y se rizara como el oleaje azul de sus ojos, estilizando de alguna manera si figura ante tales contornos. Su piel de alabastro hacía que el color de sus ojos fuera aún más intenso, acompañados por un rubor natural en sus mejillas y gesto solemne; poseía unas cejas finas y arqueadas del mismo color que su cabello que acentuaban su elegancia. Y era joven, tal vez incluso más joven que la pelirroja, aunque no por mucho.

Fuera como fuere, Zane se había quedado algo embobada mirándola, y cuando entró a la habitación, no podía dejar de mirarla. Entonces, la recién llegada sonrió, mostrando todos sus dientes y Zane creyó durante unos instantes que su corazón dejaría de latir. Aquella joven era terriblemente bella, peligrosamente hermosa. Tanto, que desvió su mirada hacia sus orejas solo para comprobar que no era una elfa. «Debe de tener sangre feérica corriendo por sus venas, si no, no me lo explico» teorizó la joven en su cabeza, sorprendida. Nunca una chica la había hecho sentir de aquella manera.

Entonces la joven habló. Su voz era dulce, melodiosa. Fluía como un hilillo de agua. Se presentó bajo el nombre de Danah —nombre que se le hizo familiar a Zane —, y reconoció estar algo perdida. No pudo evitar sonreír ni sentir cierta nostalgia al escuchar aquellas palabras: años atrás, ella había dicho algo similar a una persona que había significado mucho para ella.

Zane aprovechó el silencio y fue a dejar las bebidas en el escritorio de la joven, pues no sabía muy bien qué hacer con ellas. Pero justo antes de que las tazas tocaran la superficie de madera, Danah preguntó por su nombre. Tap.

La estudiante de cuarto grado se giró hacía la rubia, apoyándose con las dos manos en el escritorio.

Yo me llamo Zane —se presentó con una sonrisa. Dicho aquello, tomó impulsó y se dirigió hacia la joven, estirando el brazo para que estrecharan las manos. —Y no te preocupes, la verdad es que al principio todo resulta bastante confuso, enserio —admitió al cabo de unos segundas, recordando su primer año en La Torre. Después, añadió con sobreactuado orgullo —: ¡Pero para eso estamos nosotros, los veteranos! Para enseñar a los nuevos y hacer que no se metan en demasiados líos. —La guiñó un ojo descaradamente.

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Re: Habitación de Danah (Sexto piso)por Danah, el Dom Abr 01, 2018 5:02 pm
Observé a la chica con bastante atención, su cabello parecía ser de fuego ante tal tono de rojo y sus rizos caían naturales alrededor de su rostro. Embobada disimulé mi sorpresa ante la pelirroja y actúe con normalidad mientras se presentaba como ''Zane'' no sé si fue la manera que lo dijo, el propio nombre o la portadora de este lo que me pareció simplemente precioso.

Vi como estiró el brazo con una gran sonrisa, aquella chica tenía una vitalidad que muchos envidiarían además de una gran simpatía, en fin, alejé esos pensamientos de mi mente y le estreche la mano elegantemente y con cierta delicadeza (estaba acostumbrada a hacer las cosas así, tanto tiempo siendo la ''Dama de la noche'' pasaba factura) incliné la cabeza con cierto aire interrogativo que disimulé con una amable sonrisa.

Y no te preocupes, la verdad es que al principio todo resulta bastante confuso, enserio ¡Pero para eso estamos nosotros, los veteranos! Para enseñar a los nuevos y hacer que no se metan en demasiados líos. -añadió Zane guiñándole un ojo al terminar.

Ante aquel gesto de simpatía no pude evitar sonreír. Con esa chica todo era risas y era lo que más me hacía falta en esos momentos lo que me alegraba

-Me alegra saberlo -esbocé una sonrisa- Espero que todos en La Torre sean como tú, igual de simpáticos. -Hice una breve pausa antes de mirarle claramente a los ojos con cierto brillo en los míos- ¿Llevas mucho tiempo aquí? -Escuché un ruido afuera que me hizo estremecer, faltaba poco para la noche y ya se empezaban a escuchar aullidos de... Lobos.

Un segundo ruido me hizo sobresaltar agarrando la mano de Zane instintivamente, al notar su piel no la aparté, estaba demasiado alterada para darme cuenta de nada. A los pocos segundos aparté la mano ligeramente.

-Lo... Lo siento... Es una larga historia y... es complicado.

El tercer aullido no me asustó porque aún me asustaba más la reacción que había podido tener la chica ante aquel gesto...
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La respuesta de la pelirroja provocó que la rubia, más joven y más inocente que ella, sonriera, como si se hubiera quitado un peso de encima, como si pudiera relajarse por primera vez tras una vida entera en tensión. El mundo no es un lugar fácil, eso todos los sabemos; pero siempre hay pequeños gestos, un guiño, una mirada cómplice o las palabras de un amigo que nos hacen recuperar la esperanza, que nos hacen pensar que no todo está perdido, aunque la escarcha arañe los cristales y las hojas de cobre abandonen el yugo de los dedos de los árboles.

Danah, a todo lo que había dicho Zane, aseguró que se alegraba de saberlo, manifestando otra sonrisa más débil que la anterior, pues con el descaro de Zane, no había podido evitar reprimir unos segundos atrás. A continuación, explicó que esperaba que todos los demás fueran tan de simpáticos como ella, algo que respondió Zane agitando la mano y con una tímida sonrisa para intentar quitarle hierro al asunto: no estaba acostumbrada a que la dijeran esa clase de cosas, y por lo general, no sabía muy bien como reaccionar ante ellas. Luego, tras una breve pausa, le preguntó qué cuánto tiempo llevaba aquí, pero antes de que Zane pudiera responder, un lobo aulló en el Valle, escuchándose por toda la escuela.

Zane se sobresaltó un poco al escuchar aquel gemido animal, pero Danah, tal vez porque era su primera vez escuchando el canto de los lobos, reaccionó con más gravedad. Su rostro se resquebrajó y buscó con su mano la mano de la pelirroja, apretándola con fuerza, soltándola tras unos segundos como si le diera vergüenza aferrarse de alguna manera a alguien. La estudiante se sorprendió un poco de tal gesto, algo exagerado, pero apretó la mano de la recién llegada con todo el afecto que pudo dar con tal de protegerla de los aullidos de la noche, notando en sus dedos las manos de una campesina, algo que distaba mucho de ser, en parte por su elegancia y por su porte. «Sus manos conocen el trabajo duro», pensó Zane mientras se separaban.

Fuera como fuere, la chiquilla se disculpó, y atribuyó su comportamiento a una larga historia, y que era complicado. Danah no pudo evitar sentir lástima de ella y preguntarse qué clase de vida ha debido de tener para estar así, para tenerle tanto miedo a los lobos. No preguntaría nada, no le parecía adecuado: todos nos merecemos un poco de privacidad, ¿no?

Un lobo volvió a aullar, pero esta vez, la rubia pareció controlarse, turbada de lo que podría pensar la otra. Pero Zane, que después de participar en una revuelta antiseñorial, las convenciones sociales le importaban más bien poco, y fue ella quien se acercó a la recién llegada y agarró las dos manos de la joven.

No le tengas miedos a los lobos, Danah. No pueden acercarse a la escuela, hay magia antigua y muy poderosa de por medio —explicó con una tierna sonrisa. Aprovechó para tragar saliva y seguir con su discurso —. Además, hace hace muchos años los lobos estaban malditos, y esos sí que eran un problema; ahora no son más que unas criaturillas adorables que si tienen hambre, pues a lo mejor te arrancan un brazo o una pierna —bromeó para quitarle hierro al asunto —. Aunque no creo que nunca te pase nada —continuó, algo más seria —, después de todo, los lobos solo atacan de noche. Simplemente procura regresar pronto si es que sales al Valle.

Una vez soltado toda esa palabrería, soltó sus manos y se dirigió al escritorio y cogió uno de los vasos y apuntó con él hacía su amiga, ofreciéndoselo. ¿Qué? Para Zane, ella ya era su amiga.

Ten, bebe antes de que se enfríe —dijo guiñándole un ojo —. Si te portas bien, responderé a todas tus preguntas sobre la escuela.
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Re: Habitación de Danah (Sexto piso)por Danah, el Miér Jun 27, 2018 5:34 pm
Aparté la mirada de la pelirroja con cierta vergüenza, yo nunca actuaba de esa manera no sé si fue por sorpresa, miedo o que sé yo, pero si la Tierra tragara personas yo habría sido la primera que se traga.

Para mi sorpresa Zane no parecía molesta, ni tampoco furiosa lo que me produjo una fuerte sensación de bienestar. Me agarró las manos y mirándome a los ojos me dijo;

—No le tengas miedos a los lobos, Danah. No pueden acercarse a la escuela, hay magia antigua y muy poderosa de por medio -me dirigió una tierna sonrisa que me hizo estar más tranquila.-  Además, hace hace muchos años los lobos estaban malditos, y esos sí que eran un problema; ahora no son más que unas criaturillas adorables que si tienen hambre, pues a lo mejor te arrancan un brazo o una pierna — No pude evitar soltar una carcajada ante aquel comentario- Aunque no creo que nunca te pase nada, después de todo, los lobos solo atacan de noche. Simplemente procura regresar pronto si es que sales al Valle.

Soltó mis manos, observé como se dirigió hacia el escritorio para después volver sujetando dos bebidas, tendió el brazo con una de ellas en mi dirección, ofreciéndomela.
-Ten, bebe antes de que se enfríe -dijo guiñándome un ojo- Si te portas bien, responderé a todas tus preguntas sobre la escuela.

La cogí con delicadeza y le sonreí con dulzura, desde luego esa chica era un auténtico cielo. No pude evitar sentirme agradecida, bebí un sorbo.
La miré a los ojos sonriente.

-Gracias, Zane -Hice una breve pausa- ¿Por qué no me hablas de ti? Me encantaría conocerte mejor, además no cabe duda que eres una persona maravillosa.

Había algo en ella que me llamaba la atención, ya habíamos bastante de mí además estaría encantada de escucharla, era maga consagrada por lo que poca no habría tenido que ser su experiencia en La Torre.
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La recién llegada no podía evitar sonreír ante los tratos de la pelirroja, una vez más. Dio un tímido sorbo a su bebida y levantó la mirada, dirigiéndola a los ojos de la estudiante, que, aunque comenzara a apuntar maneras como Maga consagrada, aún no era más que una simple alumna de la escuela. Zane observó un brillo especial en sus ojos, como si después de mucho tiempo en la oscuridad, por fin la joven había logrado encontrar algo de luz, de esperanza.

Gracias, Zane —dijo, y tras una corta pausa, preguntó —: ¿Por qué no me hablas de ti? Me encantaría conocerte mejor, además no cabe duda de que eres una persona maravillosa.

La recién agradecida Zane no pudo evitar sonrojarse ante los halagos de la joven al considerarla, textualmente, «una persona maravillosa». Realmente no se sentía así, tan buena como ella consideraba: simplemente había tenido suerte y las circunstancias de aquella visita sacaban a relucir todas las virtudes de la estudiante, nada más. Y respecto la cuestión que había planteado la rubia… Aquel era un tema verdaderamente complicado.

Así que se dirigió a la cama y se sentó. El colchón se hundió y la madera crujió sutilmente bajo su peso. Entrelazó sus manos a la altura de las rodillas y observó a Danah con una expresión un tanto seria. Tal vez, ya que ella estaba habituada a sonreír y a reír de manera exagerada, la circunspección en su rostro en aquellos momentos destacaba como un incendio en un bosque tras la sombra de la noche. Pero no había fuego ni oscuridad en su mirada, si no un triste eco lejano en su memoria: un recuerdo roto.

Me halaga que pienses eso de mí, pero… —Comenzó a decir, un poco insegura de sí misma —, realmente no soy una persona tan maravillosa. A veces soy un poco dura conmigo misma, lo sé; si no, tal vez no hubiera dicho eso. Pero… —No fue capaz de continuar, pues no sabía qué decir.

Comenzó a juguetear con sus pulgares, pero esta vez, miraba al suelo. No podía evitarlo: pensaba demasiado, y cuando tenía que hablar de ella misma, no podía evitar pensar en sus padres. Y tal vez todo el estrés de sus proyectos secretos, todo el trabajo diario que suponía el aprendizaje de los hechizos del libro del Fuego, estaban comenzando a superarla. Pero al final, logró serenarse: no era una persona especialmente sensible.

Levantó la mirada y sonrió a Danah. Parecía haber envejecido un par de años, pero solo era la noche, que jugaba con las sombras de sus facciones, magnificándolas y estirándolas como un puñado de barro. Pero aún así, su sonrisa parecía un farolillo en medio de la neblina.

Bah, para que nos vamos a engañar. Soy perfecta —bromeó, recuperando su jovialidad natural, posiblemente para disimular un poco su momentillo de debilidad —. Pues a ver, soy una estudiante de cuarto grado, me considero terriblemente buena con la magia de agua, me encanta leer; aunque considero que no lo hago tanto como debería y… no sé qué más decir. Ah, ya sé —Infló su pecho y su sonrisa se llenó de orgullo —. Una vez conocí a una sirena y aunque no seamos íntimas, podríamos decir que somos coleguillas. Tal vez algún día te la presente. Mola, ¿verdad?
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