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Laberinto de árboles (priv. Rurik)por Nimaerir, el Mar Mar 20, 2018 12:35 am
La pequeña dragona despertó, abrió mucho los ojos y miró a su alrededor con precaución, esperando que el paisaje que la rodeaba contuviera la silueta de su madre. Pero lo único que había era el cantar de los pájaros matutinos y la brisa que mecía las altas copas. Sus ojos se humedecieron y apoyó la cabeza en el suelo. No entendía por qué la habían dejado allí sola, y menos aún el por qué. En un momento estaba volando a lomos de su padre, en dirección a algún lugar maravilloso y desconocido, y al otro habían desaparecido dejándola completamente abandonada. ¿Qué iba a hacer ahora? Había pasado un día entero en soledad, y había sido de lo más desagradable. Había vagado por aquellos bosques buscando alguna señal de sus padres sin éxito. Cuando el hambre le había atenazado el estómago, intentó buscar algo que llevarse a la boca, y por el miedo que le daba comer bayas desconocidas recordando los consejos de su padre de que algunas podían ser venenosas, se había limitado a mordisquear la corteza musgosa de un árbol y algunas flores blancas que eran muy parecidas a las margaritas y sabían a limón. No le había servido de mucho, pero al menos le habían distraído el estómago durante un par de horas. Por la noche también lo había pasado bastante mal. Incapaz de encontrar un refugio, se tumbó en un claro al resguardo de las estrellas, y en la oscuridad total lloró en silencio hasta quedarse dormida. Pero sin duda alguna lo peor fue la sed. Fue incapaz de encontrar una fuente de agua. Incluso en esos momentos tenía la boca pastosa y se notaba más pesada que de costumbre.

No sabía qué iba a ser de ella en esos momentos, y desde luego, la idea de que iba a morir no pasó por su ingenua cabecita. Demasiado cansada para andar, reptó hasta ponerse a la sombra de unas rocas que había en la linde del claro y así protegerse del sol del medio. Entre el miedo, el hambre y la sed, no se le ocurrió otra cosa que lanzar pequeños y agudos rugidos al aire, llamando a su madre y esperando a que sucediera algo con ella.
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Re: Laberinto de árboles (priv. Rurik)por Rurik Helgason, el Miér Mar 21, 2018 12:22 am
Pasé los días siguientes al ritual con Godric recuperándome. La lucha con el demonio (sin hablar del ritual anterior) me drenó más de lo que quiero admitir y sabía que la mejor manera de recuperar los poderes arcanos era no utilizándolos, viviendo una vida lo más mundana posible durante unos cuantos días. Tenía lo que se podría denominar agujetas arcanas, y era mejor descansar unos cuantos días en lugar de forzarme a continuar practicando. Fueron unos días llenos de reflexión y descanso y largos paseos por el bosque a lomos de mi caballo, que no sé si le puse nombre.

Le hablaba en mi idioma natal y no estoy seguro de que llegar a entender todas mis palabras, pero un hechizo de comunicación con los animales eliminaba todas las trabas que ponen las diferencias de lenguaje. Este era uno de esos días de recuperación, ya hacia el final de mi convalecencia, en los que paseaba entre los árboles de la Torre. Aún nevaba de vez en cuando y la nieve rechazaba derretirse aunque ya quedara muy poco para la llegada de la primavera: veía nuevos brotes entre las nieves y en los árboles y algunos ya iban recuperando sus hojas pese a la persistencia de la estación gélida.

En la mayor parte de los paseos no encontré nada interesante. De vez en cuando veía lobos pero, a fin de cuentas, estoy en el Valle de los Lobos. Al menos, esta vez no están malditos como lo estaban hace cientos de años, según cuentan las leyendas, debido a la llamada Maldición del Maestro. Por suerte, a nuestra Señora de la Torre no la habían traicionado, hasta donde yo sé, o al menos no una traición tan grave como para hacer que la escuela y el valle vuelvan a estar malditos. Pero en fin, me distraigo; esta vez sí que encontré algo interesante.

De lejos parecía una piedra cubierta totalmente en musgo; al acercarme me dí cuenta de lo equivocado que podía estar. ¡Casi no podía contener mi emoción! Desmonté del caballo y me acerqué con cautela. Es decir, sabía que había al menos un dragón que vivía en el Valle pero nunca llegué a encontrármelo, así que no sé si simplemente me están tomando el pelo. Se trataba de un dragón de tamaño minúsculo, y si no fuera por las alas pensaría que se trataba de una lagartija sobredesarrollada. Pero esas escamas, las alas, la figura... sin duda, no puede ser otra cosa que no sea un dragón. El primer indicio que tuve de que no era un pedrusco cubierto de musgo fue los rugidos agudos que emanaba, y según iba acercándome más y más veía más claras sus facciones.

¿Se trataba del dragón del Valle? Osea, era verde... pero era muchísimo más minúsculo de lo que contaban. ¡Esta cosa no podría derribar árboles de un zarpazo y merendárselo! Claramente aún era un dragón juvenil... ¿será la cría del dragón del Valle? Osea, he oído que no tiene muy mal humor, pero todo el mundo sabe lo protectores que son los dragones con las pocas crías que tienen. Acercarme podría llegar a ser peligroso, pero no creo que esos rugidos fueran precisamente de alegría. Quizá esté herida, o en problemas. Me acerqué lentamente, intentando comunicarme con la mente del dragón para indicarle que no tenía ninguna intención de hacerle daño. Casi no cabía en mí de la alegría y de la emoción, pero cuanto más me acercaba más notaba que el dragón estaba hambriento y sediento.

Me concentré durante un instante y junté mis manos, y de ellas comenzó a manar agua clara y fría, como si tuviera un manantial allí en medio. Se las acerqué al dragón, intentando no parecer muy amenazante, con una pequeña sonrisa, por si quería beber.

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Re: Laberinto de árboles (priv. Rurik)por Nimaerir, el Jue Mar 22, 2018 12:26 am
De vez en cuando cesaba sus llamados al aire y se quedaba a la escucha por si percibía algún sonido familiar. En uno de esos silencios, escuchó el trote de un gran animal, y durante un momento tuvo miedo de lo que pudiera ser. ¿Qué haría si se le acercaba una bestia inmunda? Por supuesto, intentaría defenderse, pero dudaba mucho que pudiera salir ganando...

Cuando se atrevió a mirar no se encontró con ningún fiero animal lleno de dientes y con numerosas garras, si no todo lo contrario. Reconoció al bípedo como uno de los muchos humanos que había visto en los viajes que había realizado con sus padres, sobrevolando aldeas y caminos, pero nunca había visto a uno tan de cerca. La curiosidad venció al cansancio y se irguió un poco para observar mejor al desconocido. Podía preguntarle muchas cosas, de hecho tenía en la mente un montón de cuestiones que no paraban de bullir, pero la precaución le hizo mantener el hocico callado por esa vez.

Retrocedió un poco cuando se colocó junto a ella. Desde luego, aquel humano era más grande de lo que le había parecido en un primer momento, y eso le causó una cierta impresión. Por un momento pensó que era un poco idiota por quedarse ahí parado con una sonrisa de oreja a oreja sin hacer nada, pero cuando se dio cuenta de lo que tenía, literalmente, entre manos, sus pupilas se dilataron y avanzó con avidez. Antes de probar si quiera el agua que tan desesperadamente había buscado, miró al humano a los ojos, confusa por lo que estaba haciendo. Sus padres le habían contado alguna que otra cosa de la magia, y a Nimaerir siempre le había sonado como algo maravilloso pero digno de temer. Por eso dudó un poco antes de tomar una decisión, pero su instinto más básico se sobrepuso, y comenzó a beber con ansias del agua que brotaba de las manos de aquella persona.

Cuando estuvo saciada, se apartó de nuevo y lo contempló detenidamente. Sí, definitivamente aquel humano le caía bien. Pero le caería mejor si tuviera algo con lo que llenarse el estómago entre todas esas telas que llevaba encima. Con un atrevimiento motivado por el hambre, empezó a rodear al hombre, apoyando sus patas en él para llegar más lejos, mordisqueando de vez en cuando su calzado y olisqueándolo en busca de algo comestible mientras de su garganta emanaba un leve gruñido de interés.
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Como era de esperar, la cría de dragón retrocedió un poco nada más verme aparecer. Aunque en el futuro fuera una bestia gigantesca capaz de derribar árboles a zarpazos, incendiar aldeas enteras de un suspiro y surcar los cielos de todo el mundo sin apenas cansarse... por su fisiología, me parece que ahora no es más que una lagartija de descomunal tamaño, un perro con escamas enteramente entrañable. Es decir, estoy seguro de que si me pega un mordisco o un zarpazo me hará bastante daño, pero... no sé, en cierto modo me recuerda a un gatito. Se puso a beber del agua que manaba de mis manos como si no hubiera mañana.

¡Vaya! Sí que tenías sed, ¿eh, wyrmlingcría de dragón?

Dejé que bebiera y, cuando sació su sed, deshice el hechizo. Mis manos estaban secas pese a que hace nada estuvieran tejiendo un orbe de agua. El dragón se puso a mirarme fijamente con sus ojitos azules y poco después comenzó a olfatear el aire. Me rodeó, comenzó a mordisquearme las botas y alzándose en sus patas traseras, usando las delanteras para apoyarse en mi. Podía notar lo afiladas y puntiagudas que eran sus garras a través de la túnica y tengo suerte de que la criaturilla no estuviera interesada en clavármelas. No me hacía falta utilizar un hechizo para comprender a los animales para saber que el dragón tenía hambre, pero, ¿qué comía?

Es decir, el color de su escamado parece indicar que está adaptado para vivir en los bosques, pero la forma de las escamas y la curiosa textura que parecen tener, similar a plumas o al musgo, pero luego recuerdo que la gran mayoría de dragones habitan en una región apartada que de verde no tiene mucho. Pero en fin, hora de volver a la realidad. El dragoncito está mordisqueándome de nuevo las botas.

¡Eh! No, no te me comas las botas... —le medio reñí, divertido, y puse los brazos en jarras—. A ver... ¿tú qué comes?

Solté un suspiro, pero decidí que el dragón no iba a ponerse a hablarme. ¿Cuándo aprenden los dragones a hablar? Supongo que toca pasar a la acción. Miré los alrededores y, por suerte, vi un manzano que ya comenzaba a recuperar sus hojas tras el invierno. Me acerqué al árbol y puse ambas manos sobre su tronco, me concentré (todo lo que pude con un dragón hambriento buscando comida en mis bolsillos y mordisqueándome las botas) y dirigí mi energía hacia el árbol. En cuestión de segundos, al árbol le salieron hojas, florecitas y, finalmente, suculentas manzanas rojas. Como el árbol tenía ramas bajas, tomé unas cuantas, que le ofrecí.

A ver si te gustan... —La verdad, estaba hablando más para mí que para el dragón, porque no estoy ni seguro de que me estuviera entiendo. Sin embargo, espero que las manzanas sean parte de su dieta, o tendré que irme a cazar conejitos o saquear la cocina de la Torre.

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Re: Laberinto de árboles (priv. Rurik)por Nimaerir, el Mar Abr 03, 2018 9:39 am
¿Y tú qué comes? ¿Qué pregunta era esa? Se sentó de golpe en la hierba medio decepcionada. ¿Con eso quería decir que él no tenía nada encima? Se rascó distraídamente las escamas de la cabeza, y cuando se quiso dar cuenta, el humano se había alejado de ella. En seguida se puso en pie y lo siguió al trote con algo de angustia en su interior. Ahora que había encontrado a alguien que le prestaba atención en tanto tiempo, lo último que quería era perderlo de vista y quedarse sola otra vez. ¡Cualquier cosa menos eso! Por ese motivo, estuvo casi todo el tiempo pegada a las piernas de aquella persona, y en el momento en el que notó una quietud demasiado repentina, alzó sus ojos azules para observar con detenimiento lo que hacía y se molestó un poco. ¿Desde cuándo un árbol tenía más importancia que ella? Agitando la cola en el aire, dio vueltas a su alrededor mientras lo miraba concentrada, ignorando los procesos que estaban teniendo lugar en el árbol, intentando captar su atención.

Antes si quiera de que pudiera soltar un gruñido a modo de protesta, el humano le puso unas manzanas delante del hocico. El gesto tan repentino la sorprendió un poco, pero el hambre le hizo actuar más rápido y no tardó en devorar una de esas manzanas. Le pareció una de las cosas más deliciosas que había comido en mucho tiempo, y no tardó en hacerla desaparecer sin si quiera dejar el corazón de la manzana. Tomó una segunda entre sus garras, pero no le llegó a dar un mordisco. Como tentempié había estado bien, pero no le había saciado como su estómago le urgía. Miró a su alrededor, como buscando alguna otra cosa que llevarse a la boca. Observó al caballo que había al fondo con cierto temor; realmente era una bestia enorme en comaración con ella, y no quería ni pensar en el daño que se haría si se acercaba a esas largas patas que parecían desprender poder con solo mirarlas. Su vista se fijó luego en unas pequeñas aves castañas que sobrevolaron el claro en esos momentos con potentes trinos, e inconscientemente se relamió. Volvió a mirar al humano como si estuviera inspeccionándolo al detalle y tragó saliva para aclararse la garganta:

-¿Otra cosa...?-preguntó tirando la manzana que había cogido al suelo.

Su voz, con una sonoridad algo infantil, le sonó extraña y distante tras pasarse tantas horas sin pronunciar palabra. Se sentó en el suelo con las patas delanteras en alto, esperando una reacción por parte del humano que tenía delante. Las manzanas estaban bien, pero su metabolismo, aunque omnívoro, le pedía algo más consistente que unas meras piezas de fruta.
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El dragón se comió la manzana casi de un bocado. Bueno, no, pero sí es verdad que la comió muy rápido y no dejó rastros de la fruta. Tomó una segunda manzana pero no llegó a comérsela, sino que se puso a mirar a su alrededor, y observó durante bastante tiempo a mi caballo, que estaba pastando apaciblemente. No sé ni si se había dado cuenta de que había un lagarto del tamaño de un perro rondándome, si era tranquilo por naturaleza o si sabía que era un mago y podría evitar que pasara nada malo.

¡Eh! Ni pienses en comerte mi caballo... —le advertí, pero el tono de mi voz era, de nuevo, más divertido que severo.

Luego miró hacia arriba y volvió a clavar sus ojos de pupilas rasgadas en mí. Lo que hizo a continuación me sorprendió, he de reconocerlo, ¡porque me habló! ¡Con palabras y todo! Su vocecita era algo infantil, si es que se puede clasificar así una voz de dragón, y me preguntaba si no tenía otra cosa. tiró la manzana, pero a mí no podía importarme menos el gesto. ¡Había encontrado un dragón y sabía hablar! Podría ponerme a saltar y gritar de la alegría, pero me contuve para no asustar a la lagartija. Sin embargo, permití que se mostrara una sonrisa en mi rostro.

¡Sabes hablar! —Bueno, esto último se me escapó. Me recompuse rápido—. Imagino que querrás algo de carne, ¿no? Bueno, no te preocupes, no es problema...

A fin de cuentas, hay muchos animales en el Valle. Es imposible salir de la Torre y no encontrarse un ciervo o un lobo, tropezarse con una liebre, ver treinta bandadas de pájaros... En fin, que un dragoncete no pasaría hambre; al menos, uno adulto no. Ahora que me fijo, y si mis conocimientos de dragones eran ciertos, este dragón en concreto era demasiado joven como para valerse por si mismo. Igual me equivoco, pero su manera de actuar me decía que no estaba muy lejos.

Así que me fijé en el bosque, mirando entre los troncos y las ramas y el follaje. No pasó mucho tiempo, pese a que el dragón pensara lo contrario, hasta que detecté algo moviéndose entre la maleza. Me concentré en ese punto y no sentí ningún ser humano u otra criatura que tuviera remilgos en matar. Allá en el norte iba de caza de vez en cuando y, aunque no se me diera muy bien, casi siempre conseguía traer algo de vuelta. Alcé de pronto la mano y una ráfaga de aire sopló en esa dirección. Tras un segundo o dos, bajé el brazo, miré al dragón y le dije:

Ven.

Así que fuimos en la dirección a la que lancé la ráfaga de aire y no tardamos en llegar hasta el cadáver de un ciervo. Aún estaba caliente y no tenía ninguna herida aparente. Retrocedí un paso para dejarle espacio al dragoncete.

Bueno, aquí tienes. Buen provecho.

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Re: Laberinto de árboles (priv. Rurik)por Nimaerir, el Miér Abr 11, 2018 12:18 am
Con la exclamación que soltó se asustó un poco, y echó la cabeza hacia atrás, como si estuviera huyendo del sonido. Cuando se recompuso, se sentó de nuevo clavando sus ojos en él. En vez de contestarle directamente, se limitó a observar con detenimiento sus movimientos. Como no parecía decidido a hacer gran cosa de momento y tampoco parecía estar haciéndole demasiado caso, se estiró cuan larga era y empezó a dar vueltas alrededor del claro sin ningún destino en concreto. Se atrevió a acercarse a la enorme bestia cuadrúpeda, olisqueando con precaución, pero el caballo se limitó a devolverle la mirada, y ella tampoco se molestó en tentar tanto a la suerte como para andar rondando alrededor de semejantes patas.

Volvió la cabeza del caballo al humano en el momento en el que escuchó su voz nuevamente, que le ofrecía una invitación a seguirlo. Al principio dudó, aunque avanzó algunos pasos, pues temía que si dejaba aquel claro jamás volvería a ser encontrada por sus padres; pero también estaba el hecho de que aquella persona le estaba dando todo lo que necesitaba; además de que le parecía que no tenía ninguna señal de poseer malas intenciones. El momento de indecisión no le duró mucho, pues se le sobrepuso la horrible idea de estar sola de nuevo, y con ese pensamiento, echó a correr tras él.

No pasó mucho tiempo en el que se internaron un poco en el bosque hasta que llegaron junto al cuerpo inerte de un ciervo. Al principio la pequeña dragona desconfió de la "aparición"; no olía a sangre, como sucedía con las presas que le solía llevar su madre, por lo que no conseguía entender del todo cómo podía haber muerto sin recibir herida alguna. Pero su estómago vacío dominó su mente racional, y no tardó en verse frente al enorme cuerpo del venado dándose uno de los mayores festines de su vida.

Solo paró cuando su estómago estuvo completamente lleno. Se acercó al humano relamiéndose el hocico mientras estiraba gustosamente las alas hacia arriba. Restregó su lomo contra una de las piernas del muchacho con un largo bostezo, como si fuera un gato reclamándolo como de su propiedad, con una mirada pensativa. Ahora que tenía sus necesidades cubiertas, la idea de que sus padres estuvieran lejos de ella le volvía a oprimir el pecho. Se sentó en la hierba y apoyó todo su peso contra el otro. Lo que tenía claro, desde luego, era que no se iba a separar de la única persona que le había ayudado a salir de un apuro, además de que inconscientemente había asumido, por lógica, que ya que le había alimentado, le daría un lugar decente en el que guarecerse; o al menos algo mejor que un claro solitario.
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Al principio, el dragoncito parecía reacio a acercarse al ciervo. Es decir, imagino que sus padres, cuando le traían comida, lo hacían a base de conseguirla con garras y llamas, no utilizando energías arcanas para matar el ciervo sin causarle ninguna herida aparente. Sin embargo, pronto decidió que tenía demasiada hambre como para desconfiar y se puso a darse un festín. Mientras lo hacía, yo me senté contra un árbol cercano y observé ese espectáculo de la naturaleza. Es decir, no voy a decir que es bonito ver cómo una cría de dragón devora las entrañas de un ciervo, pero... es bonito a su macabra manera, ¿no?

Por lo mucho que comió, imagino que llevaba días, o incluso semanas, sin probar bocado, y comencé a barajar las posibilidades. Las crías de dragón necesitan que sus padres les lleven comida durante los primeros años de su vida, y el estado en el que me la encontré puede indicar que sus padres o habían muerto o habían desaparecido. No sabía qué podía ser peor, a decir verdad. Si alguna de esas dos cosas había ocurrido, no podía abandonar al dragón, ¿no? No podría perdonármelo, pero tampoco estaba seguro de qué podía hacer. ¿Criarla yo? ¿Buscar el dragón del Valle? ¿Llevarla a los Volcanes...?

El peso de la cría de dragón contra una de mis piernas me sacó de mis ensoñaciones y vi que se había dado un buen festín con el ciervo. Bostezaba, se relamía y estaba toda manchada de sangre. Sonreí con suavidad e incluso algo de ternura (toda la ternura que se puede sentir hacia un lagarto alado ensangrentado) y de mi mano volvió a manar agua.

Ven, te voy a limpiar... —Aunque no le hiciera mucha gracia al animalejo, no iba a dejar que anduviera por ahí con esas pintas—. Oye... ¿dónde están tus padres?

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