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Humano
Nombre : Bohslov
Escuela : Santa Academia
Bando : La diosa(El Dios del centro)
Condición vital : Vivo
Rango de guerrero : Aprendiz de espadas(a una mano)
Clase social : Burguesia
Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 25/06/2016
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Preparativos para un viaje (I): Estudios Arcanos



Silencio. Era la mejor descripción para aquel lugar. Ese sitio era silencio, pues ni éste se atrevía a posar uno de sus insonoros pies sobre aquel laberinto de piedra, madera, cuero y papel. No había un silencio natural, era artificial, no se debía a la simple ausencia de sonidos. Allí dentro, cada paso, cada bocanada de aire y suspiro quedaban enmudecidos, como si algo impidiera que llegara más allá de unos pocos centímetros de donde surgían.

Era la inmensa Biblioteca de la Santa Academia, una tumba para millares de volúmenes antiguos llenos de secretos y conocimientos olvidados. Sus suelos y paredes de piedra aislaban el lugar del exterior. No había humedad, ni una pizca de brisa, no se sentía frío o calor y, por supuesto, no existía el ruido. Había grandes salas de techos altos, cuyas paredes estaban forradas de libros, pero también había pequeños pasillos, estrechos y de techos bajos, llenos de cajones y artefactos de dudosa utilidad. Era la biblioteca más variopinta de Garnalia, eso sin duda. Y todo estaba al servicio de Dios. Algunos de esos pasillos acababan bruscamente después de un giro, otros desembocaban en puertas cerradas o en salas más grandes, o salas pequeñas llena de mesas y sillas.

En una de esas salas, sentado en una silla de madera frente a una mesa llena de pergaminos y libros, había un hombre. Decir que era un hombre no sería del todo correcto, pues era demasiado joven. No superaría la veintena y su rostro lo delataba. Aunque no mostraba su rostro. Sólo su piel bronceada y sus ojos oscuros era lo que se veía tras su máscara. Algunos mechones de un despeinado flequillo castaño oscuro se escapaban por la parte superior de la capucha. Su vestimenta era bastante discordante con el entorno tranquilo, pacífico y de estudio. Llevaba dos espadas cortas al cincho y cuchillos escondidos por entre la ropa. Junto con la capucha, la máscara y la armadura ligera, cualquiera diría que era un asesino. Mas no era así. Él era un inquisidor.

Era aquello lo que había llevado a Bohslov hasta allí. No el simple hecho de ser inquisidor, pues sus motivos para serlo eran más profundos y complejos. Estaba en la biblioteca porque quería estudiar magia, no para realizarla, sino para defenderse de ella. Lo cierto es que el joven inquisidor no era un hombre de letras, no era aficionado a la lectura, pero la veía necesaria. La teoría era el primer paso para empezar con la práctica, y estudiar magia era el primer paso de sus preparativos. ¿Para qué se estaba preparando? Para un viaje, por supuesto. Y sería un viaje que no sabía hasta dónde le podía llevar, ni contra quién se tendría que enfrentar, aunque esperaba no llegar a eso tan pronto. Sin embargo, allí estaba, pues más vale prevenir que curar, o en el peor de los casos, enterrar el cuerpo de un joven que apenas ha empezado a dar sus primeros pasos por el verdadero y cruel mundo. Para Bohslov el mundo era eso: un vasto páramo de crueldad. Él mismo había notado en sus carnes la frialdad de la gente y el desprecio de los hombres. Por todo ello, había decidido entrar a la Santa Academia. Pensaba que el mundo se estaba pudriendo y que Dios sería el único que podría guiarlo por entre la podredumbre sin que ésta lo infectara con sus malos vicios.

El primer paso para su viaje era aquel: la lectura, aprender cuanto pudiese de magia, aunque la odiase, aunque ella fuera lo que le había llevado a querer exterminarla del mundo. El segundo paso sería aprender a usar la espada. No era un negado, ya había manejado en más de una ocasión sus espadas y cuchillos, estos últimos con bastante gracia; no obstante, siempre había alguien más fuerte, y era mejor estar preparado. Por eso, entrenar la espada sería lo siguiente, justo antes de comenzar los preparativos más económicos. Después, podría plantearse viajar. ¿A dónde? A Guardiadragones del Mar.

Aquella fortaleza había sido la escuela de sus padres. Su madre, como cazadora, su padre como demonólogo. Sería allí donde comenzaría su búsqueda de la verdad y la justicia. Tendría que averiguar quiénes eran realmente sus padres, qué sabían y quiénes los conocían. El siguiente paso era incierto, pero aquel era un buen comienzo y, al igual que sin caminar no se llega a ningún camino cuando se está perdido, Bohslov no llegaría a la verdad si no emprendía su propio rumbo.

El joven burgués estudiaba runas, hechizos, efectos, invocaciones... Y mil formas de evitarlos, contrarrestarlos, atenuarlos, etc. Algunas formas requerían de la Piedra de Dios, algo que Bohslov no tenía, por supuesto, pero a lo que aspiraba. Mas no era el momento. Tendría que apañárselas con sus espadas, sus cuchillos y su labia.

Pasaron horas, el sol se ponía y Bohslov debía regresar a su posada para dormir, pues aún no se había sometido a la burocracia para tener su propia habitación en la Santa Academia. Por la mañana volvía y seguía por donde lo había dejado. Llegado el medio día, comía a escondidas y seguía sus estudios, siempre cansado, siempre decidido a finalizar su tarea. Y así pasaron los días hasta que se sintió preparado para el siguiente paso.
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