Señora de los lobos (humana)
Nombre : Awilix Ferzan
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Todo el bosque estaba cubierto por niebla en su totalidad, la falta de visión supuso un problema para ella. Aun así, siguió avanzando lo mas rápido que sus piernas le permitieron, sin detenerse. Los arboles se cernían sobre ella a pocos metros de distancia, hasta donde su mirada podía alcanzar dentro de la espesa bruma. Los evadió como buenamente pudo, aun chocándose de lado contra algunos de estos. Debía llegar antes de que se marcharan.

"No me volveré a quedar atrás, no esta vez" - menciono para sí misma, con agobio y pesar.

"Corre pequeña, corre antes de que se vayan sin ti. No dejes que te abandonen de nuevo" - le respondió de vuelta una voz grave y femenina.


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Ferzan se encontraba frente a una pequeña hoguera en mitad del bosque, dentro de un pequeño claro por la noche, en el sur del Reino de Zhanthé. Antes de prender siquiera una chispa en la madera inspeccionó los alrededores para comprobar que nadie la seguía, que nada la siguiera. Iba vestida con las mismas ropas con las que llego a la capital en una embarcación. Camisa de tela blanca rasgada hasta el vientre, atada de lado a lado por su entrepecho, pantalones largos de cuero marrón, y a sus espaldas un harapo gris desértico que usaba a modo de capa corta hasta la cintura, el cual cubría toda su espalda y buena parte de su anatomía frontal. La bolsa con sus cosas descansaba a su lado junto a sus armas, espada y daga, ambas de acero.

Como si de un extraño pensamiento se tratara, había despertado de un sueño tan corto y confuso que fue incapaz de entender. Todo había sucedido en cuestión de minutos. No debía quedarse dormida en un sitio como este, necesitaba un lugar más seguro para descansar, mas apartado del suelo. La hoguera tan solo le sirvió para descansar su agotado cuerpo durante un rato, después de un largo día de camino. Por lo menos el fuego la había resguardado de la humedad.

Cerca de su improvisado y diminuto acampado, hallo un árbol cuya rama más gruesa de todas se separaba del suelo unos cinco metros. Antes de montar la hoguera se había asegurado de tener bien cerca un buen lugar para dormir, un lugar que no estuviera lejos de ella al momento en que apagára el fuego, no queria atraer la atención de indeseados huéspedes durante la noche. Detrás del árbol había una pequeña pendiente que le permitía subir a uno de los arboles colindantes que habían justo detrás, desde allí podría saltar de rama en rama hasta llegar al lugar deseado.

Solo esperaba que ningún animal supiese cruzar esta ruta durante su ausencia en el mundo real...


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"Están cerca, logro reconocer sus siluetas desde aquí"

"Búscala, debe estar por aquí. Encuéntrala antes de que se marche con los suyos, deprisa..."

Varios campamentos y tiendas de tela se alzaban delante de ella a través de la niebla, dentro del bosque. Los había encontrado antes de que pudieran irse. Tantas caras reconocibles y otras tantas por reconocer, sus cuerpos ya no eran de carne y hueso, se habían tornado inmateriales, etéreos... Con su cuerpo podía atravesarlos sin más, sus manos no podían tocarlos, era como si no existiese entre ellos, dada la nula atención que estaban prestando en ella.

Pero siguió corriendo. Corrió y corrió hasta que la encontró, dentro de unos de los campamentos. Para su sorpresa era también como el resto, era etérea e inmaterial, como si fuera un fantasma. Aun así la reconoció por sus vestimentas, por su inconfundible melena pelirroja, su rostro... aun a pesar de la niebla lograba reconocerla. La tenía delante suya, oía como hablaba con otra de esas formas incorpóreas, ignorando su presencia. Lo único que quería era volver junto a ella, contarle todo lo que había visto durante estos meses, y lo que recibió a cambio de su preocupación había terminado en... nada, como su misma presencia era para ellos, y para ella, nada.

Tan solo podía ver como la persona que estaba buscando durante tanto tiempo se marchaba del campamento junto a los demás. No se rindió, volvió a correr detrás suya después de quedarse inmóvil unos instantes.

"Tan cerca y a la vez tan lejos..." - volvió a hablar la voz grave - "A que estas esperando? Es que acaso no recuerdas su nombre?

"¡Eir Stegalkin! ¡Soy yo, Ferzan!"

"¡No por ese nombre idiota, hazle saber que aun recuerdas como tú misma la llamabas!"

" Por favor, detente... sigo aquí... ¡JADE!"


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Había despertado abruptamente de su sueño con un repentino movimiento hacia un lado. Se había quedado inmóvil con los ojos aun cerrados, los cuales fue abriendo poco a poco. Recapacito por unos segundos que se encontraba encima de una rama, y aunque tuviera un grosor aceptable debía tener cuidado con no caerse abajo.

Poco a poco fue incorporándose, estaba apoyada en el tronco del árbol con los brazos cruzados. Su daga de acero descansaba en su regazo, la espada estaba envainada en la empuñadura de tela exterior que tenia la bolsa, la cual estaba en su espalda. Se rascó los ojos y trato de espabilarse poco a poco mientras observaba el terreno de los alrededores, hasta el momento en que detrás de ella oyó un rugido animal. Un rugido felino.

Lentamente dirigía su mano hacia la daga, pues podía sentir como aquel animal, curioso y medianamente inquieto se acercaba a ella. Cuando pudo tomar su arma por la empuñadura, sintió la respiración del felino en su propio cuello, como si estuviera tratando de reconocerla. Antes de poder actuar asestándole un fuerte navajazo después de cogerle por la cabeza de espaldas, el animal la había sorprendido con un repentino lametazo en su mejilla. Confusa, Ferzan se giro hacia el animal, cuya figura reconoció con suma rapidez.

... Suku? Eres tú? - se trataba de nada más y nada menos que la misma pantera que la acompañaba con apenas dieciséis años. El animal le había devuelto como respuesta un buen lametazo en la frente, signo de que ella también la había reconocido - Después de tanto tiempo, pequeña. Pensaba que habías muerto - le dijo, secándose la cara después de aquel pequeño saludo. La pantera se había sentado lo mas cerca de ella que pudo, sin moverse de su rama, como si esperara una orden.

Sin duda alguna, Ferzan estaba sorprendida de encontrarla allí mismo como si nada. Se trataba de una gran casualidad?


Última edición por Ferzan el Lun Ago 15, 2016 11:57 am, editado 1 vez
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Durante los últimos meses me había dedicado a recorrer los territorios de Garnalia como tenía por costumbre, ofreciendo mis habilidades a quien las necesitase y pudiese pagarlas. Sin embargo, recientemente había empezado a crecer en mí una desagradable sensación que no sabía ni nombrar. Era una especie de mezcla entre hastío y ansiedad, que se iba haciendo más fuerte día a día sin que yo supiese siquiera qué la causaba.
Mi carácter se había visto afectado; con el tiempo me había vuelto mucho más impaciente, descuidado y arisco. Aceptaba más trabajos de lo normal, ya no sólo por el dinero, sino por poder desahogarme en los breves momentos de emoción que me producía el combate. También había empezado a beber más que de costumbre, para intentar apaciguar mi mente y alejarla de... ¿De qué? ¿Qué era lo que me preocupaba tanto sin saberlo siquiera?  Era ridículo, pero cuanto más pensaba en ello más me frustraba. Nunca me gustó que algo ajeno a mí controlase mi vida.

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No había sido difícil. Algunas preguntas aquí y allá, y un par de días rastreando en el bosque habían bastado para encontrarles. Ocho hombres, asaltantes de caravanas, que se ocultaban en una cueva en lo profundo de la espesura. Eran cuidadosos y sabían hacer bien su trabajo, pero al igual que muchos otros, se habían vuelto confiados con el tiempo. Señales que nadie se había molestado en ocultar en torno a cierta zona, como ramitas rotas, huellas en el barro, o una hoguera demasiado brillante para su bien; acabaron por revelarme su ubicación. A partir de ahí, el sencillo juego de esperar y observar sin ser visto. Después de unos días de haber estudiado sus rutinas me resultó muy fácil elaborar un plan. Parecieron sorprendidos de encontrar a dos de sus hombres muertos después de volver de caza. Y aún más cuando me vieron caer sobre ellos, hachas en ristre.

Eran buenos, desde luego. Sólo había que ver su botín. Lo guardaban todo en una cámara cerrada por tres llaves que acabé encontrando en los cadáveres, y me dispuse a hacer una lista de los bienes que habían "confiscado", para comunicárselo luego a la guardia real. Bueno, no todos, quizás se me olvidase incluír un par de botellas de ese licor que hacía tiempo que no probaba. No hubiesen recuperado el resto de cosas sin mí, de todas formas.

Si, era tan bueno como lo recordaba. Quizá éste en concreto era un poco dulzón  para mi gusto, pero no me iba a quejar en lo que por lo demás había sido una buena noche. Mientras caminaba de noche por el bosque, llevaba una botella en cada mano, una abierta y medio vacía, la otra cerrada y presta a seguir el camino de su compañera. Aunque no se podría describir mi estado como "completamente sobrio", tampoco me había dejado llevar tanto. Por ahora. Qué demonios, me merecía un premio de vez en cuando, matar a ocho bandidos armados en una noche no es algo que cualquiera pueda hacer.

Iba dando un trago de vez en cuando mientras recorría la floresta nocturna, guiado únicamente por la luz de la luna creciente y las estrellas, especialmente brillantes al estar lejos de cualquier población.
Súbitamente, me detuve. En frente de mí, a unos veinte metros, se encontraba el felino más grande que había visto en mi vida. Superaba en tamaño a un lobo adulto, y se movía con una elegancia y gracilidad sin par. Una criatura realmente bella... y milagrosamente, no parecía haberme visto. Mientras pasaba de largo y subía a un árbol, me agaché con sumo cuidado y dejé las botellas en el suelo antes de seguirla. Puede que no estuviese del todo sobrio, pero seguía siendo bastante capaz de moverme sin hacer ruido. Despacio, me oculté detrás de un árbol desde el cual podía ver relativamente bien aquel otro al que había trepado el animal. Me descolgué del hombro mi ballesta, regalada por un comerciante agradecido y bien adinerado. No era el mejor tirador del mundo, pero el pelaje de una criatura tan exótica debía de valer una fortuna, y no perdía nada por intentarlo.

Una gota de sudor corrió por mi frente mientras intentaba cargar la ballesta sin hacer ningún ruido. Me arrodillé y apunté a la rama alta a la cual se había encaramado la criatura. Inspiré, contuve el aliento, y tras unos segundos accioné el disparador. El grueso virote cruzó el aire a toda velocidad...

...para luego clavarse con un ruido seco en el tronco del árbol. Mierda.
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Elfo
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Era noche cerrada cuando llegamos al bosque con el hechizo de teletransporte, la luna brillaba en el cielo e iluminaba con claridad el lugar. Habíamos aparecido en una zona de árboles altos pero dejaban pasar la luz aunque a mi alrededor no había tanta, mi aura de oscuridad me envolvía como siempre.

Una hoja crujió a mi espalda, me dí la vuelta pero ya sabía quién era, Bianca.
Bueno, ya estamos aquí como querías - Miré en rededor - Nos hallamos al sur de Zhanté, más al este está mi conde-ducado, Ripenak.
La miré a los ojos entonces, tenía curiosidad.
Dijiste que eras licántropa, no he visto nunca a un licántropo ¿sabes?
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Señora de los lobos (humana)
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Aparecimos en un frondoso bosque. Era muy tarde y la luna llena iluminaba el bosque, pero la espesa niebla que había dificultaba la visión. Zeref se dio la vuelta y me comentó que más al este estaba su conde-ducado. Entonces me dijo que nunca había visto un licántropo. Yo le sonreí y me transformé. Hacía tiempo que había aprendido a controlar mis cambios. Recordé que cuando era más joven, cada vez que me transformaba sentía un dolor intenso y cuando volvía a mi forma humana tenía dolor de cabeza. Pero atrás habían quedado aquellos años y ahora era completamente capaz de transformarme en lobo cuando quisiera, lo cual me facilitaba muchas cosas.

Ahora observaba a Zeref a través de mis ojos amarillentos. Le mostré todo lo que sabía hacer, la velocidad que podía llegar a alcanzar siendo una loba y los movimientos que podía hacer. Siempre me sentía mucho más libre en aquellos momentos.

A continuación, volví a mi forma humana. Estuve desnuda por unos instantes, pero no me dio vergüenza que él me viese desnuda y ni siquiera tenía frío.

—Seguro que te ha gustado verme desnuda. —bromeé.

Entonces con un hechizo hice aparecer unos ropajes de color negro que solía utilizar cuando me encontraba en sitios como bosques o montañas que eran ligeros y cómodos para luchar. Nunca sabía qué podía encontrarme por aquellos sitios.

Anduvimos unos minutos, pero algo nos llamó la atención e hizo que nos detuviéramos. Se trataba de alguien escondido tras un árbol y que estaba apuntando con una ballesta hacia un árbol. Entonces disparó. Pero al parecer no acertó con su tiro, puesto que estaba apuntando hacia las ramas y el virote ahora estaba en el tronco del árbol. Al parecer era un guerrero y probablemente ya se había dado cuenta de nuestra presencia.

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La pantera se había quedado en el sitio, observando a Ferzan unos leves instantes antes de posar la mirada en un punto concreto en la lejanía. Su vista felina le permitía ver mejor que Ferzan dentro de la oscuridad, siendo capaz de ver algo que ella no pudo ver desde donde se encontraba, no con la misma claridad que Suku.

Antes de recorrer los pocos árboles que se encontraban entre la suave cuesta empinada y el árbol donde justo se hallaba la mujer, en la distancia un humano había captado su atención por un momento. Lo hubiese tratado como alguien hostil de no ser porque su presencia le había sido indiferente, como si la necesidad de estar con su amiga humana le resultase más importante. Ahora se hallaba ahí, junto a ella, después de tanto tiempo, mirando al humano que estaba lejos como alguien neutral, sin gruñirle siquiera.

Al momento que el sonido de un proyectil chocó contra el grueso tronco del árbol, Suku se precipito hacia la rama donde estaba Ferzan, situándose delante de ella lo bastante cerca como para que esta pudiese acariciarle la espalda. Ferzan lo había oído también, justo detrás de ella, lo que le hizo ponerse en alerta después de sobresaltarse ligeramente de su sitio. No había visto nada por los alrededores, sin llegar a mirar detrás del árbol. Si realmente el proyectil había impactado contra el tronco justo detrás, podían haber sucedido tres cosas. O el tirador no dispone de muy buena puntería, o no ha examinado bien el terreno para buscar un mejor ángulo de disparo, o solo trataba de dar caza a la pantera, con lo cual la posición de Ferzan le era desconocida, así como su misma existencia dentro del bosque.

El animal se mostraba algo inquieto tras el suceso, Ferzan le acaricio la espalda intentando tranquilizarla, mostrándole un gesto de silencio acompañado de un clásico "Shhh..." en voz muy baja. Lo cierto es que la presencia de Ferzan, su manera tan tranquila de comportarse, inspiraban en la pantera una sensación de tranquilidad mucho mejor de lo esperado para tratarse de una humana y un animal...

Aunque la propia Ferzan desconocía el "porque" de esto, ahora mismo su objetivo era no desvelar su posición, desviando la atención del cazador o cazadores hacia otro punto. Con un par de palmadas suaves en el costado del animal, la salvaje guiaba con su mano el sendero entre la vegetación que ella misma había recorrido para llegar hasta aquí.

"Espérame allí, pequeña"

Suku se había tomado un pequeño tiempo para saltar abajo, para superar los cinco metros de distancia que la separaban del suelo. Sin dedicarle siquiera una mirada a Ferzan, se dirigió a paso rápido hacia el fondo del claro, situándose detrás de unos árboles a unos diez metros de donde estaba. Si todavía la estaban observando, avanzar hacia los arboles sin correr provocaría que los hostiles seres que querían cazarla prestaran atención hacia donde Suku iba. Eso era justo lo que Ferzan quería, aunque de momento no iba a moverse del sitio.


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"La has visto? Anoche casi consigue abrirme el pecho de un zarpazo, esa pantera no para de seguirme... Que quiere de mi?"

"La pregunta es, que has estado haciendo durante mi ausencia?"

"¡No he hecho nada! Te lo juro Jade, lleva días siguiendo mi rastro, y para una vez que consigo acercarme a ella sin que se vaya..."

"Ferzan, que hayas sido capaz de hacer huir a un lobo solo con tus manos no te da derecho a invadir el espacio vital de un animal por las buenas... Tal vez hayan matado a sus crías y te ha confundido con la persona que las asesino, si es que no has sido tú"

"Nunca he intimidado a una pantera y menos aun la he matado. Tiene que ser otra cosa, pero qué?"

"... No lo sé. Vamos al bosque, el desayuno nos está esperando"

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"Ellas conocían mi relación con Suku desde el principio. Jade en particular es quien más lo sabe. No pueden ser ellas quienes se oculten tras la oscuridad, sean quienes sean" - pensó para sí misma.
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Apreté los dientes y contuve una maldición al ver cómo el virote se clavaba inofensivamente en la corteza del árbol. Por una parte, era de esperar. Hubiese sido prácticamente un milagro que dadas las circunstancias hubiese sido capaz de acertar. Estuve a punto de levantarme y seguir mi camino, dando por perdido al animal cuando, unos segundos después del disparo, lo sentí bajar al suelo y moverse hacia los árboles al fondo del claro.

Dudé por un momento. ¿De verdad merecía la pena ponerme a perseguir a la fiera por el bosque de noche, para muy probablemente acabar con las manos vacías? No sonaba demasiado apetecible. Sobre todo teniendo en cuenta que me había pasado los últimos días ocultándome en la espesura, y que si decidía irme, en cosa de una hora estaría durmiendo a pierna suelta en alguna posada. Con lo cansado que estaba, esa opción me tentaba enormemente...

Pero esto era una oportunidad única. Un desafío. Puede que no consiguiese alcanzar a la bestia, pero, ¿y si lo hacía? ¿Y si el animal decidía darse la vuelta y luchar? Me imaginé la fiereza de semejante depredador, y me imaginé a mí haciéndole frente, y alzándome victorioso sobre él. Quizá fuese una idea estúpida incitada por el alcohol, pero me arrepentiría si dejase escapar esta ocasión.

Me colgué la ballesta de nuevo y desenfundé mis hachas sin hacer ruido. Fui avanzando por la linde del claro hacia el animal, moviéndome entre los árboles para no exponerme, pero al mismo tiempo intentando no perderlo de vista. Por un instante, una hebra de luz lunar que se colaba desde lo alto iluminó uno de los filos, emitiendo un breve destello en el bosque nocturno.
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Aunque amante de la oscuridad sabía apreciar lo que la luz podía hacer, la de la luna iluminaba ténuemente los rasgos del animal que ante mi se hallaba, orgulloso de si mismo y con razón, fuerte pero hermoso. Su tamaño casi triplicaba al de un lobo normal y sus ojos amarillentos brillaban salvajes, sonreí al ver lo fácil que le era usar la fuerza bruta pero con elegancia y ágiles movimientos, fabulosa criatura sin duda. Cuando la bestia dejó de serlo para regresar a Bianca se vistió tras unos instantes desnuda.

- Todo un placer señorita - Una media sonrisa acompañó a la respuesta.
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*Unos minutos más tarde*
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El errado proyectil nos advirtió de la presencia de otros individuos en la zona, no sabía cómo lo hacía pero siempre había compañía en los lugares más desiertos. Tras comentarlo con Bianca entre sonrisas quedamos en comenzar un pequeño plan para divertirnos un rato.

El hechizo "sentir la vida" localizó a tres seres, dos parecían humanos y el tercero un animal, supuse que el más cercano sería el del proyectil errado, el segundo me intrigó su posición en un árbol, tras meditarlo un tanto y teniendo en cuenta la dirección del proyectil supuse que el tirador trataba de dar caza al animal y el segundo se escondía sin revelar su posición, algo que no funcionaba contra un mago. Me convertí en una sombra y adopté la forma de un tigre, no era un tigre corriente claro, era una sombra tridimensional con aspecto de tigre que rezumaba energía oscura a causa de mi aura, los ojos brillaban con iris violeta metálico y sus movimientos eran rápidos y silenciosos, un observador atento podría comprobar que no rozaba el suelo sino flotaba a escasos milímetros de él. Aún así, de noche y entre la vegetación parecería la silueta de un verdadero tigre.

Tras dar un rodeo por detrás del cazador tomé la misma ruta que el animal fugitivo y cuando me supe en radio de visión de este intencionadamente pasé entre unos árboles solidificando la sombra un instante para hacer crujir las hojas a mis patas, el cazador lo advirtió en seguida y miró hacia donde se había producido el sonido, sonreí, la caza había comenzado, pero la presa era el cazador.

Aspecto de la pantera:

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