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Nombre : James Stronghold
Escuela : Guardiadragones del Mar
Bando : Neutral
Condición vital : Vivo
Rango de guerrero : Guerrero aprendiz (espadas, dos manos)
Clase social : Nobleza
Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 26/04/2015
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Ficha de James Strongholdpor James Stronghold, el Dom Abr 26, 2015 1:30 am



James Stronghold

~ Datos personales ~



~ Nombre y apellidos: James Stronghold
~ Edad: 40 años
~ Sexo: Masculino
~ Condición vital: Vivo
~ Bando: Neutral.
~ Raza: Humano
~ Profesión: Guerrero, aprendiz de espadas a dos manos.
~ Escuela: Guardiadragones del Mar
~ Clase social: Nobleza





~ Descripción física ~


James es un humano de espaldas anchas, mide alrededor de 1,80m y viste siempre una armadura ligera comprendida entre el cuero duro una cota de malla, añade a su vestimenta siempre una capucha acorde al color de su armadura, generalmente de tono rojo oscuro, viste siempre unas botas de cuero duro preparadas para terrenos espinosos y suele llevar consigo una mochila de viaje. Detrás, entre su mochila y la espalda, en una funda, porta una claymore.

Se puede apreciar su edad si se le mira a la cara directamente y largo pelo blanco brota de su capucha, sus facciones son duras y alguna cicatriz adorna su piel.


~ Descripción psicológica ~


Hace mucho que James dejó de sentir algo que no fuera total indiferencia. No muestra sus sentimientos y podría parecer que ni los tiene apenas, las vivencias de su pasado le han trastornado por completo, sólo ansía una cosa en su vida y es obtener con su voluntad el designio de poder para ejecutar lo que él considera el equilibrio.

Su tono de voz es neutro habitualmente e incluso en situaciones peligrosas mantiene la calma y la sangre fría. Su actitud parece carente del miedo a morir, pero sus actos revelan lo contrario, su mente está habituada al campo de batalla.


La primera norma de una escuela de hechicería es no rebelarse contra su maestro.





Historia:


Un jinete enfundado en su armadura de cuero duro y una capucha, desmontaba cerca de las afueras de la ciudad de Ereaten. Miró a una mujer que hacía guardia en la entrada hacia un ruinoso sótano entre las devastadas ruinas que protegía.

-Está ahí, entre la peste de éste lugar… puedes sentirlo.-dijo ella, indicándole el camino.

Aquel sitio apartado le sonaba, aunque hubieran pasado veinte años, bajaba las escaleras de aquel ruinoso escondrijo meditando. Se reunió con el único informante que le quedaba de confianza de la organización, ya entrado en años, el cual, como último favor, le susurró las siguientes palabras:

-Existen cosas en éste mundo que incluso tú, deberías temer, amigo mío.

El jinete se encogió de hombros, físicamente aparentaba una edad cercana a los cuarenta años, su armadura rasgada parecía consumida de una guerra, su espada oxidada, amenazaba con contar historias que harían temblar a cualquier ser humano. Pero no era eso lo que él buscaba.

-Antes… eras fuerte. Pero ahora eres débil, y estás solo.

El informante le tendió un papiro enrollado al jinete y asintió levemente. Entonces el guerrero terminó por irse, subiendo de nuevo las escaleras acompañado por aquel hombre. A la salida del sol, el jinete partió despidiéndose de él y la mujer después de haber compartido unas horas a la cálida luz del fuego hasta el amanecer.

Aquel hombre no era mago. No tenía propiedades mágicas aparentes. No parecía ser joven. Su armadura y armamento lustraban un brillo apagado años atrás. Sin embargo, aquella mujer había notado algo en él durante las horas que compartieron comida todos juntos aquella noche.

No pudo evitar, sino interrogar a su padre, el informador, en cuanto el jinete desapareció de su vista al partir. Su padre suspiró levemente y echó los restos de comida en la fogata.

-Lo que estoy a punto de contarte, no quiero que salga jamás de nosotros.
–suspiró y continuó. -Porque si lo hicieras, no te creerían y probablemente te acusarían de herejía.

...

"Hace veinte años, ese jinete y yo, formábamos parte de una organización de guerreros que cazaba a usuarios de la magia. Quizá éramos inmaduros por pensar que podíamos jugar con los designios que sólo le atañen a los dioses, o quizá demasiado estúpidos para entender que hay ciertas cosas que nosotros, la gente simple y que no sabe usar magia, jamás podremos conseguir.

Sabes que existen magos… querida, pero no sólo magos. Magos oscuros, magos que dicen ser buenos, demonios, bestias elementales… atrocidades que sólo los dioses saben por qué las permiten vagar por éste mundo. Durante esos años, nos dedicamos a matarles y cazarles, a un alto precio, perdíamos diez veces la cantidad de hombres en matar a uno de esos magos y jamás llegamos a poder vencer a uno de esos demonios convocados.

El jinete… era diferente. Él y yo eramos los únicos que manteníamos la calma, pronto todos los de nuestra generación acabaron yéndose o pereciendo y aunque el reino nos mantuviera económicamente… reclutar guerreros y tropas fue cada vez más difícil, porque si no morían por el efecto de algún hechizo, morían en la horca al no saber guardar los secretos de éste mundo tan podrido.

Yo planeaba todos los detalles tácticos, mis habilidades de combate siempre han sido pésimas, pero él… él estaba bendecido. Fue el primero en matar a uno de esos magos, el primero en obtener información sobre ellos, diferenciar los aprendices de los magos realmente poderosos. Decía que los magos que matábamos no eran más que estúpidos enclenques que se arriesgaban demasiado lejos de sus fortalezas mágicas. Novatos perdidos.

Nuestros planes pasaban por infiltrarnos en ciudades y cazarlos por sorpresa, y pronto descubrimos que él tenía razón, en cuanto nos acercábamos un poco a esos magos, todo de repente cambiaba y perdíamos todo rastro. Fruto sin duda de sus artimañas y controles mentales.

Entonces un día conocimos a un mago que se jactaba de dominar la magia para convocar demonios. Cuanta más información recabábamos de él más nos extrañaba su comportamiento, vivía confinado en una cueva lejos del reino. Sería un exiliado lejos de los suyos o probablemente repudiado. Cuando llegamos a esa cueva con cuarenta hombres, el mago nos amenazó y yo detuve a todos los hombres. No merecía la pena morir allí y podríamos obtener información de ese mago muy valiosa. Al jinete no le gustó nada aquella situación, pretendía que todos muriéramos con tal de derramar una sola gota de la sangre de aquel mago, pero incluso un guerrero tan ilustre como él, sabía que la oportunidad era única.

Ese mago entonces nos ofreció un trato, toda la información que sabía a cambio de un macabro entretenimiento. Nos dijo que era un paria traidor entre los suyos y que de todos modos no duraría demasiado en aquellas tierras sin que le encontrasen. Quería un último divertimento antes de partir a lo que él consideraba el más allá, dijo que convocaría a tres demonios ofreciendo su energía vital y que uno de aquellos humanos debería hablar con ellos y ofrecer sus servicios para siempre, haciendo un trato con ellos.

¿La misión? Matar a la mayor cantidad de magos posible. Da igual cuantos. Da igual el modo, aquel mago renegado quería venganza, y necesitaba un ejecutor. O eso pensábamos…

El jinete dio un paso al frente sacando su espada a dos manos, aceptando el desafío. El resto de hombres se volvieron al reino. Aquella noche, el jinete, el mago y yo nos quedamos en esa cueva mientras él conjuraba una serie de hechizos que no sé por qué no vomité en ese momento del asco y repulsión. Entonces, tal y como había prometido, su carne se desintegró y en diferentes lugares de la cueva parecía haber rastros de magia… magia muy peligrosa. Su risa aún me persigue en sueños… ¿cómo puede reír alguien al morir, aunque su carne ya no esté pegada a sus huesos…?

El jinete me acompañó a la primera sección de su guarida, donde nos esperaba una criatura del tamaño de un perro mediano, un bípedo y rojo ser con cuernos, un demonio, un diablillo… no sabría expresar el odio que sentí en ese momento.

Mi amigo se acercó a él, entrechocando sus guantes de cuero mientras dejaba la espada a un lado, como subestimando conscientemente al ser que se encontraba delante de él.

El demonio abrió sus asquerosas fauces, y simplemente… le dijo:

-“Puedo concederte cualquier deseo.”

Entonces… él se mantuvo férreo. ¿Era eso lo que quería el mago? ¿Nos creía tan estúpidos de forjar un pacto con un demonio? Nuestra sociedad si algo sabía era que un hombre jamás debía inmiscuirse en la magia. ¿Y aquel hombre creía que nos engañaría con esos trucos baratos? No… se equivocaba… o eso creíamos.

Él, entonces, respondió:

“¿Puedes restaurar el equilibrio?”

No pude evitar sonreír entonces. Ese dato… esa pregunta… Era infinitamente importante para nosotros, y un ser como ese jamás la entendería. El equilibrio era nuestra utopía personal.

El jinete pisó a aquel ser sin que éste pudiera oponer mucha resistencia, derramando su fétida sangre por la habitación de rocas y ladrillos… El hedor putrefacto aún se mantenía cuando sus restos se deshicieron en polvo.

La siguiente zona de aquel entramado, era más sinuosa y nos llevó a otra localización donde se encontraba otra criatura, cuadrúpeda, llena de espinas y nuevamente roja como la sangre. Nos acercamos a ella con cautela, y mi amigo estaba seguro de lo que tenía que hacer.

El demonio no ofreció resistencia, sabiendo que la espada de Damocles caería sobre él, así que volvió a hablar con un tono que aun chirría mis oídos:

-“Quizá podríamos llegar a hacer un trato…”

El jinete se mantuvo de nuevo férreo:

-“No te gustarán mis condiciones.” –bramó mientras desenfundaba su arma.

Entonces de un severo espadazo partió en dos a aquel ser, y entonces sí que vomité, era demasiado para mi. ¿A qué estábamos jugando? ¿Qué quería ese mago de nosotros? Él quería llegar al fondo del asunto y yo me sentía en la obligación de ayudarle, así que tragué el resto de mis tripas y le seguí como pude.

En la última sala de aquella cueva… nos esperaba un demonio de forma humanoide, tan alto como el jinete, y éste se puso totalmente en posición de combate, aunque nuevamente el demonio no parecía tener interés en combatir. ¿Acaso la muerte que les dábamos no era eterna para ellos…? ¿O no significaba nada?

Apenas recuerdo sus palabras hija mía… su voz era tan terrible que apenas podría recapitularlas… pero lo que dijo, se ancló en nuestros corazones para siempre.

-“James… ¿Has venido a jugar a ser el ejecutor?”

No podía creer que aquella bestia, que me tenía aterrado pegado a la pared cercana, supiera el nombre de aquel jinete que se mantuvo durante sus años de servicio luchando por el reino, era una verdad algo obvia pero que hizo que mis ojos se abriesen de estupor al conocerla. Y a James la sensación le tuvo que resultar parecida porque se sorprendió de que lo supiera.

No pude ver cómo ejecutaba al demonio, porque salí de allí aterrado, buscando durante varios minutos la salida, llegué a la sala donde el mago había convocado a los demonios y rebusqué rápidamente en su túnica hasta sacar aquel pergamino. Pronto encontré la salida, y con ella, aire fresco. Me arrojé en una dulce hierba que pronto corrompí con el resto del contenido de mi estómago.

Esperé… casi diez minutos más, pero estaba demasiado acongojado para volver a entrar a aquella cueva, pero al final salió y me ayudó a levantarme para volver al reino. No pude evitar abrazarle y sentía que él estaba agradecido aunque hubiera sido un pelele. Era hora de coger nuestros caballos y volver.

Hija… a James… a su espíritu… le cayeron tres maldiciones.

Durante nuestro regreso, encontramos a los 40 hombres despedazados, como si una bestia les hubiese atacado a todos, fueron emboscados… o quizá… Nunca lo pensamos, pero volvimos asustados al reino espoleando rápidamente a los caballos.

Supe que cuando él volvió con su mujer y su hija… las encontraron igualmente despedazadas en su casa de la misma forma. Nadie vio absolutamente nada. Los inquisidores y guardias estuvieron esperpénticos ocultando esa información ante el populacho durante días. Era terrible, y aún teníamos que responder ante la organización.

Aquello era imperdonable, aun con su dolor, aguantó que los miembros del consejo de la organización le despojaran de su rango, sus tierras y le desterraran por haber perdido a 40 valiosos hombres y haber traído la desgracia al reino. Aquello jamás se sabría, pero por los servicios prestados, le perdonaban la vida. En cuanto a mí, fui reasignado al ejército como táctico. Me guardé el pergamino del mago y James me hizo prometerle que me mantendría al margen y se lo ocultaría al reino. Y le di mi palabra.

James Stronghold desapareció, y durante 20 largos años nunca más he vuelto a verle."

El informante revolvió un poco el fuego, mientras su hija aun le miraba atónita.

-Me llegó entonces una carta a casa hace unos días, en la que él me relataba que si tenía aún el pergamino, me encontrase con él en el único lugar que conocíamos… –su hija entonces miró aterrada las ruinas. –Exacto… éste lugar es donde comenzó todo. Le he dado el pergamino con la información que contiene… ahora sólo los dioses saben lo que pretende... Pero ese maldito mago... ha ganado. Le ha convertido exactamente en lo que quería.

Durante esos 20 años, James pasó por varias etapas. La primera, la caída en la bebida y el vicio hasta gastarse el poco dinero que le quedaba. La segunda, una profunda depresión que le llevó al borde de cometer el suicidio. La tercera y última… tomar el camino de la venganza. Durante el resto de esas dos décadas hasta obtener el pergamino cultivó lo más difícil que cualquier hombre podría hacer jamás. Ni su cuerpo, ni su mente. Su voluntad.

La voluntad de ejercer algo más que justa venganza. Algo más grande que dar muerte a unos pocos…

Restaurar el equilibrio.

La información del pergamino le llevó durante unas semanas de viaje hacia la fortaleza de Guardiadragones del Mar. Volvería a empezar, tenía tiempo, tenía dotes y tenía voluntad para convertirse quizás en algo que aborrecía con tal de acabar con todos.

Sólo el tiempo dirá, y ahora mismo, con su armadura deslustrada y su espada oxidada, avanzaba hacia la entrada principal de la fortaleza.

Todo comienza ahora.

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Re: Ficha de James Strongholdpor Lady Admin, el Dom Abr 26, 2015 11:05 am
Ficha aceptada, James Stronghold.
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